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La Feria con (o sin) niños

Tengo la casa adornada con trajes de flamenca colgados en cada armario, mantoncillos ya planchados sobre los respaldos de las sillas del salón, flores, peinetas y pendientes ordenados por juegos de color y tachados los días que faltan para pisar el albero el Sábado del Pescaíto. ¡Ah! Y tengo tres niños que todavía no sé que vamos a hacer con ellos.

Es lo que tiene traer hijos al mundo, que NO tienen horario de 8 a 15, ni días de vacaciones. Son para ti para siempreY hay ocasiones en los que se convierte en un verdadero… ¿dilema? ¿problema?… como cuando llega la Feria de Abril (cámbiese lo subrayado por cualquier otra fiesta o celebración que al lector le apasionara con locura antes de ser padre/madre). Os aseguro que, estos días, el tema “Qué haces con los niños en Feria?” es trending topic en mis conversaciones con adultos.

El Pitu Padre y yo nos preocupamos por encontrar el sano equilibrio entre inculcar a nuestros Pitus el gusto por nuestras fiestas y tradiciones… y tener un ratito de diversión para nosotros y nuestros amigos sin preocuparnos de estar con mil ojos para que el niño no se pierda en el Real, ni volvernos locos en las atracciones de la Calle del Infierno.

Así que algún día los llevaremos a dar un paseíto a la Feria para que se hinchen a base de algodón de azúcar, se monten en los cacharritos y tiren a la tómbola antes de que caigan rendidos y dormidos entre dos sillas de la caseta. Procuraremos hacerlo con otros sufridores padres y amigos acompañados de sus proles porque las penas experiencias compartidas son más llevaderas.

Otros días confiaremos en la bondad de los Pitu Abuelos para que se hagan cargo de sus nietos (ojalá sean muy bondadosos y se queden con los niños muchos días 😉 ) mientras que el Pitu Padre y yo nos escapamos a la Feria como cuando éramos novios. ¡¡Que hay ocasiones en las que sienta muy bien echarlos un poquito de menos para al día siguiente quererlos aún más!!


¿Y vosotros? ¿Cómo lleváis la logística de la Feria o vuestras fiestas locales? ¿Mejor con o sin niños? Anímate y cuéntanoslo!!!

 

 

¿Inglés o patinaje? Toca elegir extraescolares

Me encuentro ante el difícil sudoku de cuadrar las actividades extraescolares de mis Pitus. Son varios los factores a tener en cuenta: que se adapten a sus gustos, que descubran nuevas motivaciones, que aprendan, que disfruten, que entren dentro del presupuesto y que cuadren con el horario laboral del Pitupadre y mío. ¡Ahí es poco! Añadidle que se compaginen entre los dos Pitus mayores.

El Pitu Mayor quiere patinar. El pasado año le pidió a los Reyes Magos unos patines en línea y no pierde ocasión para colocarse su casco y protectores y lanzarse a la carrera sobre ruedas. Tenemos la ‘suerte’ de que este año han incluido patinaje entre las actividades que ofrece el colegio en las extraescolares.

Si bien, su padre y yo habíamos decidido que este curso que comienza Educación Primaria sería una buena ocasión para reforzar el inglés en academia fuera del horario lectivo.

Además, juega al fútbol sala en el equipo del barrio con todos sus amigos dos días a la semana ¡y le encanta! Está como loco por empezar los entrenamientos y a nosotros nos gusta que practique un deporte de equipo y haga ejercicio físico. Pero estas tres actividades son incompatibles por horarios, disponibilidad e ¡incapacidad de sus padres para teletransportarse!

Ahora nos queda el Pitu Mediano -4 años-. Por un lado, no queremos atiborrarle a actividades a tan temprana edad, creemos que debe jugar, divertirse… ¡descansar! ¡Con lo sano que es dormir la siesta! Por otro lado, cada uno es él y sus circunstancias y el segundo avanza peldaños a pasos de gigante. Si su hermano juega al fútbol, él quiere fútbol; si va a una academia, “¿mamá, yo por qué no? Y qué os voy a contar de la obsesión que tenemos los padres por darle a todos los hijos las mismas oportunidades.

Pero he aquí el segundo problema: cada actividad tiene un horario distinto -e incluso diferentes días de celebración- según las edades. Por lo que corro el riesgo de llegar al campo de fútbol a las cuatro de la tarde y encadenar entrenamientos hasta las siete de la tarde. O ir a inglés los martes y jueves con el Pitu Mayor y los lunes y miércoles con el Pitu Mediano.

¿Vais encajando el tetris? Porque si a todo esto le sumamos mis turnos de mañana y tarde o los viajes del Pitu Padre a mí no me sale la cuadratura del círculo por ningún lado.

Siempre he criticado esos niños saturados de actividades todos los días de la semana. Baile, baloncesto, natación, fútbol, inglés, música… Con sesión doble incluso en un mismo día -acabar una actividad y empezar la siguiente- . Veía a esos padres agobiados corriendo del colegio al gimnasio y del comedor a la academia y creía que me escaparía de todo eso. Pero la maternidad me ha demostrado que acabaría tragándome todas esas palabras que empezaban por “con mis hijos yo nunca…”.

Así que al final hemos decidido que para la planificación del curso escolar vamos a poner en práctica un poquito de eso que tanto nos falta a los padres agobiados de hoy en día: sentido común. Vamos a intentar combinar diversión con aprendizaje, ejercicio físico con desarrollo intelectual, apoyo a la formación académica con el placer de ser niños: tener tiempo para darle patadas a una lata. Y todo eso, sin que sus padres pierdan la cabeza y un buen pellizco de la cartera.

Por cierto, no quiero ni imaginarme cómo será esto cuándo entre en juego el Pitu Pequeño

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¿Y vosotros? ¿Cómo lleváis la elección de las actividades extraescolares?

¡Cuentánoslo!

 

 

El tercero NO se cría solo

El tercero se cría solo es la frase más recurrente que he escuchado desde que me quedé embarazada del Pitu Pequeño. Hombre, solo solo no, ¡que mis ojeras y mis horas de sueño me está costando!

No son gratis los pañales, ni las leches de fórmula, ni la ropa con la que se viste, que aunque tenga mucho heredado de los hermanos, las prendas también se gastan (siempre que tengas la suerte que te nazcan en la misma temporada, que si no es como empezar de cero). También gusta que los nuevos retoños estrenen conjuntos, peleles y hasta ropa interior (y eso que nosotros tenemos la suerte de contar con nuestra tienda on line www.pitupitu.es). Y nada de eso viene solo.

Los terceros no se bañan solos. Como sus hermanos mayores cuando fueron bebés, necesitan su agua templada, su masaje relajante y su crema hidratante, y eso también lleva un tiempo.

También tienen por costumbre comer, cuando son bebés cada tres horas, e incluso algunos de ellos muy glotones exigen su biberón o su teta cada menos tiempo.

Ya sabemos lo que viene después de comer, y no, tampoco los pañales se cambian solos. Ni aparecen en la cómoda como por arte de magia, hay que comprarlos. Al igual que las vacunas, las medicinas cuando se ponen enfermos y las cremas para el culete.

SÍ es cierto que los terceros hijos se crían de otra manera. ¡Si hubiera sabido con el primero todo lo que sé ahora, qué distinta habría sido la película!

El tercero lo estoy disfrutando mucho más, y eso que el tiempo que tengo para dedicarle solo a él es infinitamente más reducido. No sé si será la experiencia o el saber que será el último bebé pero es cierto que le estoy concediendo todos los caprichos del mundo: lo cojo siempre que quiero, lo duermo en brazos cuando me apetece, me lo como a achuchones…

Con el tercero sabes distinguir los llantos: el de hambre, el de sueño y el de “mamá cógeme un poquito en brazos que tengo ganas de fiesta“.

Con el tercero no te despiertas de madrugada preocupada por si respira la primera vez que el niño duerme cinco horas seguidas; aprovechas ese regalo del cielo y sigues durmiendo como si no hubiera un mañana.

Sabes reconocer la fiebre y no huyes despavorida al pediatra. Chute de apiretal y a observar cómo evoluciona.

Con mi Pequeño Pitu no tengo prisas por que crezca, ni por recuperar mi vida de antes de tener hijos. Sabes que crecen y que tu vida cotidiana vuelve.

La ansiedad y los miedos no desaparecen, pero tengo las armas para afrontarlas. No puedes dominar las hormonas, pero sabes detectarlas, respirar hondo y contar hasta diez.

Un tercer hijo no se cría solo, se cría diferente. Con más calma y estableciendo prioridades. Distingues entre lo urgente y lo importante. Disfrutas más cada momento.

(Imagen tomada de la web de fotografía de familia www.helenedouchet.com)

Celos

Al principio creímos que nos habíamos librado de ellos. Todo eran besos y abrazos con el hermano recién nacido. Estábamos de vacaciones, papá y mamá en casa las 24 horas del día y continuamente venían a vernos los abuelos, titos y amigos.

Fueron pasando los días y el hermano seguía en casa. Comenzó el colegio, volvió papá al trabajo y ahí seguía ese bebé que solo pedía teta y dormía como un bendito.

Entonces comenzaron a aparecer señales: un berrinche sin motivo, un abrazo que se convertía en pellizco, un “dame tú la comida que yo no sé”…

Nos explotaron de golpe, ahí estaban: los CELOS.

El Pitu mediano es quien peor lo está pasando De la noche a la mañana todo se convirtió en un desafío constante entre él y yo: Levántate / NO. Vístete / NO. Tómate el desayuno / NO. Vamos al cole / NO. Volvemos del cole / NO. Come / NO…

Con tal panorama, yo pasaba por todas las fases de la psicología infantil: desde la dulzura y la empatía, el refuerzo positivo y la sonrisa “a mi niño guapo”, hasta la amenaza del castigo, el “mira que cuento uno, dos…” y el perder los nervios definitivamente. Junto a la falta de sueño y el cóctel de hormonas, el resultado era para echarse a llorar  😥 .

Lo que más me fastidia es que este comportamiento lo demuestra únicamente conmigo. A su hermano pequeño lo quiere con locura, de hecho es el más cariñoso con él, le canta, le pone el chupete cuando se le cae, ayuda cuando toca la hora del baño… Pero toda su frustración y sus celos los paga con su madre, osea yo. Los días que el padre le lleva al cole o almuerza en casa el comportamiento es completamente distinto.

Y mira que entiendo a mi pobre niño. Ha pasado de ser el pequeño Pitu de su madre a no saber muy bien qué. El trono se lo han arrebatado, cuando nos interesa es grande para ciertas cosas pero pequeño para otras, tiene a un hermano mayor que le eclipsa, le chincha y le lleva al huerto como quiere… y la culpa de todo la tiene ese pepón gordote que sin saber hablar ni andar ni ná de ná está todo el día pegado a su mamá revolucionando todo su mundo. ¡¿Es para ponerse celoso o no?!

Así que en esas estamos, pasando esta etapa como quien pasa un sarampión: sabemos que tiene sus días, a ratos es desesperante, pero sobre todo que no hay solución milagrosa. Hay que pasarlo.

Entre tanto, continuamente le recuerdo lo mucho que le quiero, “más que a nadie en el mundo mundial“. Intento sacar huecos y hacer cosas solo con él, que se sienta especial y preferido por su madre. Y mantengo límites: no se aceptan pataletas y berrinches, no se grita, no se toca al hermano con las manos sucias, hay que dejar dormir al hermano y se respeta cuando el bebé está comiendo.

Puedo decir sin exagerar que está resultando más difícil guardar los equilibrios entre los hermanos -sobre todo con el mediano- que sacar adelante al pequeño -que solo come y duerme-. ¡¡Pero nadie dijo que la trimaternidad fuera fácil!!

Os seguiré contando  😀

Aniversario entre pañales

Hoy hace diez años que nos casamos el Pitu padre y yo. Siempre planeamos que para celebrar esta fecha tan especial nos regalaríamos un viaje a un destino exótico o como poco a una capital europea… Nada más lejos de la realidad.

Con un pequeño Pitu que no ha cumplido aún los dos meses me conformo con salir a cenar si los abuelos se quedan de canguro con la tropa. No serán más de dos o tres horas, el tiempo que nos queda entre toma y toma del pequeño tragón, pero será suficiente para charlar, mirarnos a los ojos y que no nos interrumpa ningún niño pidiendo ir al baño a hacer caca.

Hoy probablemente no será un día distinto a los demás: nos cruzaremos un “buenos días” entre desayunos, uniformes y prisas por llegar a tiempo al cole. Nos mandaremos un whatsapp a media mañana para recordar el pediatra del mediano o el partido de fútbol del mayor. Si tenemos la suerte de almorzar juntos será entre frases de “lávate las manos“, “mastica, niño, mastica” y amenazas de que no se pondrá la tele en todo el fin de semana “como no os comáis todos los garbanzos“.

¡Y dice Samantha que tener hijos hace perder calidad de vida! Y la paciencia, y horas de sueño, y que como consuelo solo te quede la tableta de chocolate.

Si me llegan a decir esto hace una década ¡yo salgo huyendo de la iglesia! O a lo mejor no, porque aunque con ojeras y un cansancio infinito, creo que no cambio uno solo de estos momentos por una sonrisa y un beso de cada uno de mis tres hijos.

¡Feliz Aniversario amor! Diez años más se me quedan cortos… ¡¡a por las bodas de plata!! Que esas sí que las vamos a celebrar como se merecen…

 

Foto de Jeff Belmonte

El embarazo cuando hay hermanos mayores en casa

Por las mañanas, antes de que suene el despertador, el Pitu Mayor se mete en mi cama. Me pide que le abrace y le ponga mi barriga en su espalda para sentir a su nuevo hermano. Si no da ninguna patada, me acaricia la tripa y le habla al ombligo.

Cuando suena el despertador aparece el Pitu Mediano y se echa sobre la barriga. “¿Cuántas patadas te ha dado esta noche Manuel?, me pregunta. “Muchas, mi vida, ¡este niño va a estar castigado nada más que salga!”, le contesto, y él se va tan contento.

Éste es solo el comienzo de nuestro día a día marcado por la llegada del nuevo hermanito. Si cada embarazo es distinto, cuando además hay niños mayores (de 3 y 5 años en nuestro caso) la experiencia se convierte en toda una aventura.

Hemos pasado distintas etapas: desde la negación (“no quiero un hermano ni para jugar al fútbol“), pasando por la aceptación progresiva (“Este pantalón que ya me está chico se lo vamos a dar a Manuel“) hasta la duda constante (“¿Y cómo come? ¿Y cuándo sale? ¿Y el bebé tiene mocos dentro de la barriga?”).

Yo soy muy supersticiosa y no me gusta montar muebles ni vestir carro hasta que el alumbramiento está muy cerca, pero esta vez llevamos un mes con la minicuna instalada en el cuarto porque el Mayor quería ser él quien le construyera el moisés a su hermano. Sus profesoras están al tanto de mis visitas a la ginecóloga y de los meses que vamos sumando. Incluso hubo familiares y amigos que se enteraron de la buena nueva por ellos antes que por el padre o por mí.

Están nerviosos, expectantes, preocupados por cuándo será el momento en que nazca el bebé. Sobre todo el Mayor. Como la fecha posible de parto está muy cercana a la Navidad, toda su obsesión es si podrá cantar los villancicos de la fiesta del cole, si lo llevaré al Belén Viviente donde se disfraza de Rey Gaspar y si podrá jugar el torneo de su equipo de fútbol sala. ¡Y con quién vamos a cenar en Nochebuena y celebrar el Día de Navidad! Eso quiero saber yo también… ¡dónde me voy a comer los mantecados este año!

Saben que cuando mamá y papá se vayan al hospital ellos tendrán preparada su maleta para irse a casa de los abuelos y los titos ¡y celebran el momento porque seguro que les dan de cenar pizza!

Pero más allá de la logística de los primeros días, me da miedo cómo será el choque de realidad. El Mayor sabe lo que es tener un hermano y tener que compartir juguetes, espacio y padres, pero al pobre mío lo van a destronar por segunda vez en menos de cinco años.

El Mediano no tiene muy claro qué es eso de los bebés. Él piensa que será similar a su prima de un año con la que puede jugar un rato  y a la hora se va a casa. ¡Ay cuándo lo vea todo el día enganchado a la teta de su madre!

Entre tanto, pasamos los días felices entre besos a la barriga, comprando chupetes para el nuevo hermano y ayudando a mamá que ya no puede ni quitarse las botas sola. Ya veremos cuando el nuevo miembro de la familia esté entre nosotros…

Una cosa tengo clara: si habrá voces que el nuevo Pitu reconozca cuando nazca ¡serán las de sus dos hermanos!

Foto tomada de la web www.thedatingdivas.com

Foto tomada de la web www.thedatingdivas.com

Mi tercer embarazo

Este nunca ha sido un blog convencional. Por eso, ahora que estoy embarazada de mi tercer hijo, no me leeréis escribiendo de náuseas o piernas hinchadas. Este es un blog personal en el que cuento mis experiencias, cómo me siento, lo que me ocurre día a día. Por eso hoy no os voy a hablar de lo asqueroso que está el líquido naranja de la prueba del azúcar o de aquello tan bucólico de las mariposas en la barriga.

Os contaré cómo estoy llevando mi embarazo, mi tercer embarazo, que en nada se parece al primero y solo de pasada al segundo:

En primer lugar, sabía que estaba embarazada mucho antes de hacerme el predictor. Nunca he tenido sentido intuitivo para estas cosas pero la experiencia está empezando a ser un grado.

SegundoHe tirado el peso a la basura. En mis anteriores embarazos cogí once kilos después una dieta rica en frutas y verduras, no picar entre horas y eliminar grasas. Tras el parto, con la lactancia y el estrés perdí todo lo puesto y mucho más. Así que este verano me he puesto mona de helados en la playa. A ver qué me dice la matrona la semana que viene en la próxima visita…

comida

Tercero: Me siento observada. Sobre todo cuando voy sola con mi bombo y mis dos niños camino del cole o cargada de bolsas del supermercado. He notado que hay gente que me mira y cuchichea: “¡Oooooyyyyhhhh pobrecita! ¡Qué valor! ¡Con tres!”. Cuando se enteran que además viene otro niño, directamente se echan las manos a la cabeza. “Ay qué pena que te quedas sin la niña”, comentan sin poder comprender que no haya más motivos para tener un tercer hijo que poner vestidos y colocar moñas.

Cuatro: Voy a retrasar el síndrome nido hasta que el niño tenga 5 meses. Queda menos de mes y medio para la fecha posible de parto y aún guardo en el fondo del trastero la minicuna, el carrito, la bañera, la ropa de primera postura… Creo que es hora de ir poniendo remedio a este cuarto punto.

sindrome nido

Cinco: ¡Me encanta presumir de barriga! Una que es muy fashion siempre ha buscado esas prendas que disimularan la barriga o la redujera a la mínima expresión. Esta vez no. Me parece que el cuerpo de una mujer embarazada es precioso y hay que lucirlo en su plenitud. Además, estoy segura que va a ser mi última barriga, ¡dejadme que presuma de ella!

Seis: He pedido la baja por embarazo a los siete meses. En los dos primeros estuve trabajando hasta la semana 36 y 35 respectivamente. Ahora que lo veo con distancia me parece ¡una auténtica barbaridad! Y cuando acudí al médico para solicitar el permiso lo hice más por la cantidad de citas médicas que se acumulan en el último mes y te impiden desempeñar tu trabajo que por estar tranquila y descansada para lo que viene. En esta ocasión (a las 30 semanas) ha sido distinto. No tengo nada que demostrar y sí necesidad de cuidar de mi bebé y mi salud. No somos imprescindibles, no tenemos que ser superwoman.

Siete: Me encuentro físicamente mejor, o puede que haya aprendido a relativizar. Que conste que tengo la suerte de disfrutar de unos embarazos muy buenos sin náuseas ni fatigas ni grandes complicaciones. Pero las molestias que en el primero me suponían un mundo (reflujos, insomnio, circulación, dolores de espalda…) ahora me parecen pecata minuta. ¿Será que soy consciente de lo que viene después?

Ocho. Este pobre hijo mío no sabe lo que es escuchar música de Mozart en el vientre de su madre pero a cambio tiene los ecos de las voces de sus hermanos que le hablan, le cuentan cómo van a jugar al fútbol cuando salga y le dan su beso de buenas noches a diario. Muero de amor cuando veo cómo disfrutan de la ilusión de la espera de su hermanito.

hermanos

Nueve. El entorno. En ocasiones me pregunto si los que me rodean se acuerdan de que estoy embarazada. En el primero era la protagonista absoluta, todos querían ver cómo crecía la barriga, saber cómo me encontraba, llamaban a diario… En este tercero hay veces que hasta la Pitu Abuela, tras interesarse por el cole de los dos nietos, contarme su menú de la semana y quince minutos de conversación al teléfono, cae en la cuenta y pregunta: “¿y tú hija, cómo estás?”.

Diez. Hay una cosa que no cambia: las ganas que tengo de ver a mi bebé. Y a diferencia de las dudas que me asaltaban cuando estaba embarazada del segundo, sé con certeza que al tercero lo voy a querer igual o más que a los mayores.

 amor

Rabietas

El Pitu Pequeño hay días que cortocircuita. Es un niño bueno, cariñoso, que comparte… pero a veces se le cruza el cable y entonces llegó el acabose.

Pasaron los terribles dos años y los berrinches, pataletas y golpes de personalidad se fueron con ellos. Pero a los tres aún queda alguna rabieta, esporádica, eso sí, pero de las que tardan en olvidarse.

Ayer fue uno de esos días en los que se levantó llorando y se acostó llorando. Lloró porque no se quería levantar, lloró porque no quería ir al cole; cuando salió del cole lloró porque no quería volver a casa; lloró porque no quería dormir la siesta y cuando se quedó frito del berrinche lloró porque no se quería despertar. Lloró porque no quería ducharse y después porque no quería salir de la ducha. Cuando le acosté no quiso beso de buenas noches e inmediatamente después armó la mundial porque su madre se había ido sin darle un beso… Lloró y lloró en modo bucle.

Entre una y otra rabieta –aunque no tengo muy claro si no fue la misma de 24 horas de duración- empleé todos los recursos pedagógicos a mi alcance: fui comprensiva, cariñosa, le abracé, empaticé, intenté negociar con él, me mostré dura, inflexible, dije hasta aquí llegamos, lo castigué… y todas ellas fueron igual de ineficaces.

¿¿¿Alguien sabe dónde está el botón de off???

Esos días de rabieta me superan, no me cuesta reconocerlo. ¿Cómo es posible que un mico de tres años te contagie tal estado de ansiedad?

Cuando era más pequeño lo achacaba a los dientes, la barriguita…. Después le eché la culpa a los terribles dos años. Ahora podría argumentar que es el cambio de la guarde al cole o la llegada del nuevo hermanito.

O puede que simplemente tenga un mal día.

 

 

Asturias con niños

“Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia”

Francis Bacon

 

Los que nos seguís en redes sociales sabéis que hemos pasado unos días de vacaciones en Asturias. La experiencia ha sido una etapa más en esta aventura de nuestra vida con niños. Era la primera vez que el pitu pequeño –creo que en algún momento deberé empezar a llamarle el mediano— se enfrentaba a tantos kilómetros, el mayor está entrando en la fase “me aburro” y yo no sabía cómo iba a responder mi maltrecha espalda de embarazada a tantas horas de coche.

Así que la primera etapa del viaje fue la de la preparación, mentalizarnos de nuestras nuevas circunstancias y adaptarnos a ellas. Ya os he contado alguna vez que el Pitu Padre y yo éramos dos empecinados viajeros antes de que llegaran los pitus y siempre hemos querido transmitirle esta pasión a nuestros hijos.

Lo primero fue elegir destino: un lugar interesante y cómodo para niños, y para ello Asturias es ideal, aunque cualquier punto del Norte de España hubiera valido igual. Nos decantamos por una casa rural con mucho espacio y amplias zonas verdes para que los niños jugaran sin molestar a nadie. Si algún día necesitáis alojamiento en Ribadesella no dudéis en preguntar en La Jarabiega (100% recomendable).

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Nuestra primera excursión no fue a una sidrería ni a un mercado de quesos sino al Museo del Jurásico. Para el Pitu Mayor fue sin duda lo mejor del viaje, y yo no sé si sufriré un poco de síndrome de Estocolmo pero he de reconocer que me gustó bastante. El éxito tal vez estuvo en que nos sumamos a una visita guiada para niños en la que el guía explicó de manera súper interesante cómo eran y vivían los dinosaurios y desmontó mitos como que el tiranosaurio rex era el más fiero de su especie.

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El MUJA tiene además un jardín con esculturas gigantes de dinos que merecen por sí solas el paseo y es una manera muy entretenida de pasar la mañana si se presenta lluviosa, cosa bastante habitual en Asturias, por cierto.

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Una recomendación: a dos kilómetros del museo hay una playa excepcional, La Griega, en la que pudimos jugar a los exploradores en busca de huellas de dinosaurios ¡que las hay! ¡El caso era inventar para darle emoción y entretenimiento a los enanos!

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Otra excursión muy recomendable para niños -si estáis dispuestos a recorrer algunos kilómetros hasta la vecina Cantabria- es el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. No es un zoo al uso sino una espacio naturalizado sobre una antigua mina en la que más de 150 especies de animales campan en régimen de semilibertad. No veréis ni una jaula y para recorrerlo tenéis a vuestra disposición más de 20 kilómetros de carretera para los que se hace imprescindible el coche.

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Partiré de la confesión de que no me gustan nada los animales y aún así me pasé siete horas contemplando elefantes, jirafas, leones, tigres, gorilas, cebras, dromedarios, leones marinos, osos… y así hasta 150. ¡Creo que no nos faltó ninguno por ver! Aunque lo que sí mereció la pena fue observar la cara de entusiasmo de ellos.

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El resto de los días estuvo marcado por excursiones revestidas de aventuras por descubrir. La visita a Cangas se convirtió en una oportunidad de escalada entre las rocas del viejo puente, Arriondas nos permitió cruzar un puente colgante y Covadonga emular al rey Pelayo.

Nos hemos sorprendido de que a veces, cuánto más le ofreces a los niños y amplías sus horizontes, mejor te responden. No esperábamos hacer tantos kilómetros ni visitar tantos pueblos, pero a medida que pasaban los días ellos demandaban más y más. ¿Una de caballeros en un pueblo medieval? ¡Pues vámonos a Llanes!

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Mención especial merece la comida. No solo de nuggets y croquetas se alimentan los niños y para ello qué mejor que ofrecerles la oportunidad de probar nuevos sabores en un paraíso gastronómico como Asturias. ¡Y tanto que nos siguieron el juego! Entraban a los bares pidiendo fabada y cachopo, aunque no nos libramos de una hamburguesa en el McDonald de Salamanca para premiarles por lo bien que se habían portado en las cuatro primeras horas del viaje de vuelta.

Viajar con niños no solo es posible, sino muy recomendable. Eso sí, si cambias tus gustos y prioridades y adaptas el trayecto y las actividades a ellos. Pero merece la pena intentarlo, ofrecerles nuevas experiencias, ampliar sus miras. Porque en el viaje hay mucho de aprendizaje y motivación… Porque la vida con niños no supone renunciar a tanto…

 

 

¡Es ‘otro’ niño!

¡¡Es un ‘otro’ NIÑO!!

La ecografía ha dicho que esperamos otro varón, el tercero. Y estamos felices de ello. Siempre dije que quería otro hijo y que me gustaría que fuera niño, aunque nadie me tomara en serio. De hecho hay quien casi casi me ha dado el pésame por quedarme sin la niña.

No sé si es por práctica –¡lo que voy a aprovechar la ropa!–, por rutina –estoy acostumbrada a sus juegos: dinosaurios, balones, coches…–, porque sé que los tres van a estar muy acompañados o porque es algo que escapa al control humano –¡que venga lo que Dios quiera!– pero siempre me ha gustado la idea de tener hijos varones.

Hay dos razones por las que me hubiera gustado tener una niña: por saber cómo es educar en otro género –si es que existen diferencias– y ¡por esos pasillos de ropa, lazos y todo tipo de complementos que jamás encontraré en las colecciones de niños!

Con tres hijos no quiero ni imaginarme cómo olerá ese cuarto dentro de quince años en una combinación fatal de pies, sudor y hormonas adolescentes. Lo de tener solo nueras (jejejeje) tampoco me resulta muy alentador (aunque quién sabe…). Pero soy de las que cree que los niños adoran a sus mamás y ¡seguiré siendo la reina de mi casa!

Ahora en serio: niño o niña me da igual. Lo importante es que venga bien. ¡Cómo entiendo llegado este momento esa frase que repiten sin cesar madres y abuelas! Cuando tienes un hijo has hecho más de una visita a las urgencias de un hospital, eres consciente de las enfermedades y problemas que se pueden presentar y lo único que pides a Dios es que tu bebé esté sano y crezca fuerte. Los lazos para las muñecas.