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No quiero que llegue el Fin de Curso

No quiero que llegue el verano, que acabe el curso, que se rompa este equilibrio que se coge con alfileres en el que transcurre nuestro día a día. ¿Os sorprende? Pues poneros en mi piel y lo que supone tener a tres niños de entre 1 y 7 años a full-time sin el colchón que supone el colegio, el aula matinal, el comedor, las actividades… mientras sus padres mantienen el mismo ritmo de actividad laboral que el resto del año. ¡Decidme que me comprendéis!

Y mira que aquí aflora el sentimiento de malamadre porque entiendo que los pobres míos están agotados, cansados tras el esfuerzo de todo un año de colegio. Que sé que el calor no ayuda y los nervios por las vacaciones están a flor de piel.

Pero, sinceramente, para mí ahora empieza el verdadero problema: ¿¿cómo colocar a tres niños si mis vacaciones y las del Pitu Padre no llegan hasta la mitad de agosto?? Y lo que es más, ¿¿cómo colocarlos procurando que sea divertido para ellos, que no los condene a seguir sufriendo madrugones y que no nos dejemos la mitad del sueldo en ello?? Porque a mí me encanta el verano, que conste, pero cuando estoy en la playa de vacaciones.

Pues en casa hemos apostado por combinar un poco de todo. Lo primero campus de verano, eso sí, con aula matinal y vespertina para que cubra los turnos laborales de los mayores. Esta es una opción estupenda para ellos porque además es súper divertida: hacen deporte, tienen piscina y coinciden con muchos compañeros de clase y amigos del barrio.

También contaremos con los siempre socorridos Pitu Abuelos ¡qué sería de nuestras vacaciones sin ellos! Y también tiraremos de permisos de vacaciones alternos –unos días el padre, otro día la que suscribe– de modo que la familia al completo coincidiremos de vacaciones al menos un par de semanas.

No me quejo con el panorama que se nos presenta, solo lo afronto. Pero que la conciliación familiar, laboral y escolar necesita un replanteamiento a todos los niveles es algo más que evidente en este país.

P. D. Esta semana nos hacíamos eco de la noticia de que España registra el número de nacimientos más bajo desde 1996. ¿Nos extraña?

 

La Feria con (o sin) niños

Tengo la casa adornada con trajes de flamenca colgados en cada armario, mantoncillos ya planchados sobre los respaldos de las sillas del salón, flores, peinetas y pendientes ordenados por juegos de color y tachados los días que faltan para pisar el albero el Sábado del Pescaíto. ¡Ah! Y tengo tres niños que todavía no sé que vamos a hacer con ellos.

Es lo que tiene traer hijos al mundo, que NO tienen horario de 8 a 15, ni días de vacaciones. Son para ti para siempreY hay ocasiones en los que se convierte en un verdadero… ¿dilema? ¿problema?… como cuando llega la Feria de Abril (cámbiese lo subrayado por cualquier otra fiesta o celebración que al lector le apasionara con locura antes de ser padre/madre). Os aseguro que, estos días, el tema “Qué haces con los niños en Feria?” es trending topic en mis conversaciones con adultos.

El Pitu Padre y yo nos preocupamos por encontrar el sano equilibrio entre inculcar a nuestros Pitus el gusto por nuestras fiestas y tradiciones… y tener un ratito de diversión para nosotros y nuestros amigos sin preocuparnos de estar con mil ojos para que el niño no se pierda en el Real, ni volvernos locos en las atracciones de la Calle del Infierno.

Así que algún día los llevaremos a dar un paseíto a la Feria para que se hinchen a base de algodón de azúcar, se monten en los cacharritos y tiren a la tómbola antes de que caigan rendidos y dormidos entre dos sillas de la caseta. Procuraremos hacerlo con otros sufridores padres y amigos acompañados de sus proles porque las penas experiencias compartidas son más llevaderas.

Otros días confiaremos en la bondad de los Pitu Abuelos para que se hagan cargo de sus nietos (ojalá sean muy bondadosos y se queden con los niños muchos días 😉 ) mientras que el Pitu Padre y yo nos escapamos a la Feria como cuando éramos novios. ¡¡Que hay ocasiones en las que sienta muy bien echarlos un poquito de menos para al día siguiente quererlos aún más!!


¿Y vosotros? ¿Cómo lleváis la logística de la Feria o vuestras fiestas locales? ¿Mejor con o sin niños? Anímate y cuéntanoslo!!!

 

 

Panini, las estampas de fútbol y los padres

El pasado fin de semana fui con mis dos hijos mayores a la Plaza del Cabildo, en Sevilla, a cambiar las estampas repetidas de su colección de fútbol de la Liga. Esta es una plaza encantadora en la que puedes encontrar monedas y billetes antiguos, cromos de muñecas, piezas de coleccionista y algunas antigüedades. Yo solía ir de pequeña con mi abuelo a comprar y cambiar sellos filatélicos, y ahora me gusta volver con mis Pitus a este peculiar cambalache en el que los niños se prestan tacos de estampas, repasan mentalmente cuál tienen y cuál le falta y negocian el valor de las cartas a cambiar, que no es lo mismo un Guante de Oro que un Súper Crack.

La mañana en el Cabildo, además de para pasar un rato agradable, da para mucho. Lo primero, que venzan la timidez inicial y se presenten a otros niños e inicien conversaciones. Segundo: para aprender a valorar un poco las cosas, que todo no se puede comprar; hay años que han acabado las colecciones con un montón enorme de estampas repetidas que no valían para nada. Si quieren completar la colección tendrán que poner algo de su parte y no solo dar sablazos a los titos y abuelos, sino buscar las cartas que les faltan intercambiando con otros niños.

Y por último, como experimento sociológico de cómo nos comportamos los padres. Porque si para la mayoría el ambiente era de fiesta y diversión por alcanzar la carta del jugador admirado o completar el equipo de cada uno, también me crucé con progenitores cargados de listas y álbumes que repasaban una y otra vez (ellos, no los niños) y padres vigilantes que no dejaban que sus hijos pasasen las estampas a otros niños por si se les caían al suelo… Me quedé a cuadros con una madre que le racaneaba a mis Pitus que su ‘Ídolo’ valía más que el ‘Nuevo Fichaje’ que los míos pretendían cambiarle… Entre tanto, sus niños eran meros espectadores -sin cartas en las manos- que acababan aburridos mientras sus padres se dedicaban a completar las estampas que les faltaban.

¿No será mejor propiciar que sean ellos los que ejerciten la memoria y recuerden qué estampas de jugadores ya atesoran?

¿No es más importante darles las herramientas para que no les timen (¡ojo, que hablamos de niños de seis años!) que impedir a toda costa que le levanten una carta de Griezmann?

¿Se nos ha olvidado que esto era un juego?

Me quedo con la cara de felicidad de mis dos Pitus que volvieron a casa con un taco de estampas nuevas y, lo mejor, conseguidas por ellos mismos. Repetiremos.

 

La vida social de mis niños

Hay días en los que me pregunto dónde quedó mi tiempo libre –ya sabéis, ir de compras, salir a cenar con amigos y otras parejas, tardes de cine y teatros…– para acabar organizando los fines de semana en función de los cumpleaños infantiles a los que invitan a mis hijos.

Os prometo que yo antes tenía una vida social muy variada y divertida: no había un bar de tapas en Sevilla que el Pitu Padre y yo no hubiéramos catado ni un garito de taburetes altos que se nos resistiera.

Pero, sin saber cómo, me encuentro organizando mis tardes y fines de semana en función de la agenda social de mis niños. No bastaba con que haya cambiado las películas de autor por los últimos estrenos de Pixar, las tabernas de barra minúscula por los bares con terraza y un parque cerca, y hasta los tacones por las Converse (mucho más cómodas para correr detrás de los pitus en el parque). Ahora también he cambiado el orden de prioridades de mis hobbys que han sido alterados sustituidos por los cumpleaños infantiles a los que invitan a mis hijos.

Hay semanas en las que hemos llegado a asistir hasta a tres fiestas de cumpleaños entre compañeros de clase, familiares e hijos de mis amigos. Me conozco todos los parques de bolas, McDonalds y clubs sociales especializados en celebraciones a dos kilómetros a la redonda y bien podría hacer una guía de los menús de pizzas y nuggets de los locales de celebraciones de la ciudad.

Todo ello sin abordar la cuestión económica, porque no hay cumpleaños que se preste sin el tradicional regalo al niño homenajeado. Menos mal que en las fiestas de los niños de la clase hemos acordado hacer entre todos los invitados un regalo conjunto para que las carteras de los padres no se resientan demasiado. Con ello además conseguimos no atiborrar al niño con un montón de paquetes ni volvernos locos los padres buscando qué comprar.

El Pitu Mayor es un niño muy sociable, tiene muchos amigos; el mediano, con 4 años, ha empezado a recibir las primeras invitaciones pero –afortunadamente para mí– aún son pocas. ¡No quiero ni imaginarme cuando el pequeño también entre en juego! ¿Cómo vamos a hacerlo?

Cuando alguna vez he hablado con mi cuñada, que es profesora, de la gestión de los cumpleaños, siempre me dice: “Puede resultar un poco pesado pero es una suerte que inviten a tus hijos a los cumpleaños de sus amigos. Preocúpate cuando no tengan velas que soplar“.


¿Y vosotros? ¿Cómo lleváis la vida social de vuestros hijos? ¿Se acumulan las fiestas de cumpleaños? 

 

 

Asturias con niños

“Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia”

Francis Bacon

 

Los que nos seguís en redes sociales sabéis que hemos pasado unos días de vacaciones en Asturias. La experiencia ha sido una etapa más en esta aventura de nuestra vida con niños. Era la primera vez que el pitu pequeño –creo que en algún momento deberé empezar a llamarle el mediano— se enfrentaba a tantos kilómetros, el mayor está entrando en la fase “me aburro” y yo no sabía cómo iba a responder mi maltrecha espalda de embarazada a tantas horas de coche.

Así que la primera etapa del viaje fue la de la preparación, mentalizarnos de nuestras nuevas circunstancias y adaptarnos a ellas. Ya os he contado alguna vez que el Pitu Padre y yo éramos dos empecinados viajeros antes de que llegaran los pitus y siempre hemos querido transmitirle esta pasión a nuestros hijos.

Lo primero fue elegir destino: un lugar interesante y cómodo para niños, y para ello Asturias es ideal, aunque cualquier punto del Norte de España hubiera valido igual. Nos decantamos por una casa rural con mucho espacio y amplias zonas verdes para que los niños jugaran sin molestar a nadie. Si algún día necesitáis alojamiento en Ribadesella no dudéis en preguntar en La Jarabiega (100% recomendable).

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Nuestra primera excursión no fue a una sidrería ni a un mercado de quesos sino al Museo del Jurásico. Para el Pitu Mayor fue sin duda lo mejor del viaje, y yo no sé si sufriré un poco de síndrome de Estocolmo pero he de reconocer que me gustó bastante. El éxito tal vez estuvo en que nos sumamos a una visita guiada para niños en la que el guía explicó de manera súper interesante cómo eran y vivían los dinosaurios y desmontó mitos como que el tiranosaurio rex era el más fiero de su especie.

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El MUJA tiene además un jardín con esculturas gigantes de dinos que merecen por sí solas el paseo y es una manera muy entretenida de pasar la mañana si se presenta lluviosa, cosa bastante habitual en Asturias, por cierto.

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Una recomendación: a dos kilómetros del museo hay una playa excepcional, La Griega, en la que pudimos jugar a los exploradores en busca de huellas de dinosaurios ¡que las hay! ¡El caso era inventar para darle emoción y entretenimiento a los enanos!

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Otra excursión muy recomendable para niños -si estáis dispuestos a recorrer algunos kilómetros hasta la vecina Cantabria- es el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. No es un zoo al uso sino una espacio naturalizado sobre una antigua mina en la que más de 150 especies de animales campan en régimen de semilibertad. No veréis ni una jaula y para recorrerlo tenéis a vuestra disposición más de 20 kilómetros de carretera para los que se hace imprescindible el coche.

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Partiré de la confesión de que no me gustan nada los animales y aún así me pasé siete horas contemplando elefantes, jirafas, leones, tigres, gorilas, cebras, dromedarios, leones marinos, osos… y así hasta 150. ¡Creo que no nos faltó ninguno por ver! Aunque lo que sí mereció la pena fue observar la cara de entusiasmo de ellos.

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El resto de los días estuvo marcado por excursiones revestidas de aventuras por descubrir. La visita a Cangas se convirtió en una oportunidad de escalada entre las rocas del viejo puente, Arriondas nos permitió cruzar un puente colgante y Covadonga emular al rey Pelayo.

Nos hemos sorprendido de que a veces, cuánto más le ofreces a los niños y amplías sus horizontes, mejor te responden. No esperábamos hacer tantos kilómetros ni visitar tantos pueblos, pero a medida que pasaban los días ellos demandaban más y más. ¿Una de caballeros en un pueblo medieval? ¡Pues vámonos a Llanes!

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Mención especial merece la comida. No solo de nuggets y croquetas se alimentan los niños y para ello qué mejor que ofrecerles la oportunidad de probar nuevos sabores en un paraíso gastronómico como Asturias. ¡Y tanto que nos siguieron el juego! Entraban a los bares pidiendo fabada y cachopo, aunque no nos libramos de una hamburguesa en el McDonald de Salamanca para premiarles por lo bien que se habían portado en las cuatro primeras horas del viaje de vuelta.

Viajar con niños no solo es posible, sino muy recomendable. Eso sí, si cambias tus gustos y prioridades y adaptas el trayecto y las actividades a ellos. Pero merece la pena intentarlo, ofrecerles nuevas experiencias, ampliar sus miras. Porque en el viaje hay mucho de aprendizaje y motivación… Porque la vida con niños no supone renunciar a tanto…

 

 

#Micromachismos: ¿Vosotras en el bar y los padres en casa con los niños?

Hace unos días eldiario.es repetía su campaña #Micromachismos, una iniciativa para denunciar los pequeños gestos cotidianos que siguen marcando las diferencias subyacentes entre géneros, prácticas y situaciones demasiado interiorizadas que siguen hablando de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Comparto con vosotros un caso que me ha ocurrido en varias ocasiones. Sucedió -mejor dicho se repitió- hace escasos días. Acudí con un grupo de amigos -hombres y mujeres- a un acto y a su término fuimos a tomar una cerveza todos juntos. En el bar, nos encontramos con otros conocidos que nos preguntaron a mi amiga y a mí por nuestros hijos. “Muy bien gracias”, fue nuestra respuesta. “Anda ¡qué bien os lo montáis las mujeres de hoy en día! Vosotras en el bar y los padres en casa con los niños”, fue el comentario siguiente.

Como os digo, no es la primera vez que me pasa. Me consta que la persona que lo hizo, una mujer para más señas, lo expresó con la mejor voluntad posible y alabando la disposición de nuestros maridos para repartir las responsabilidades de la familia y los momentos de ocio. Pero, ¿acaso le hicieron la misma pregunta a algunos de mis amigos hombres con niños que estaban con nosotras tomando la cerveza? ¿Alguien alabó a sus mujeres por quedarse cuidando de sus hijos en casa mientras ellos salían a cumplir determinados compromisos sociales y ya de paso relajarse un rato con sus colegas? ¿Por qué sigue sorprendiendo que yo salga sola a un bar pero nadie cuestiona que lo haga mi marido al día siguiente mientras yo me encargo de baños, cenas y cuentos?

Ya os he contado alguna que otra vez lo que al Pitupadre y a mí nos ha gustado siempre un bar y un relío con los amigos. Pero desde que nacieron los pitus nuestro ocio nocturno se ha visto notablemente reducido, casi extinguido a la mínima expresión. Principalmente porque ya abusamos bastante de los abuelos a diario, que cuidan de los niños mientras nosotros trabajamos, como para dejárselos también los fines de semana para salir nosotros de fiesta. Así que desde hace unos años intentamos organizarnos y que cada uno pueda salir con sus amigos de vez en cuando para despejarnos y conservar las amistades.

No es que me importe demasiado lo que piensen los demás de cómo organizo mi día a día en familia, pero gestos como éste sí que son muy significativos del papel que la sociedad sigue otorgando a la mujer en el ámbito familiar y social. Denunciarlo es la única forma que encuentro para contribuir al cambio.

¿Y vosotros? ¿Con qué #micromachismos topáis en vuestro día a día?

El día que enseñé a mi hijo a montar en bici

Dicen que una vez que aprendes a montar en bicicleta ya nunca se olvida; yo no olvidaré el día que enseñé a mi hijo a montar en bici.

No fue nada programado. Ayer bajamos al parque como todos los días con sus patines, su bici y su pelota. De pronto lo vi, ese tío con un cuerpo como un trinquete -aunque solo cuatro años de edad- y ahí sentado sobre esa bici con sus ruedines. Había algo que chirriaba.

-” Antonio, quieres que aprendamos a montar sin ruedines“, le pregunté.
-“Bueno, pero me da miedo”, respondió avergonzado.
-“Tú confía en mamá “.

Y fue así como le quité primero una de las patas auxiliares; después aprendimos cómo parar con los frenos y echar una pierna al suelo. Es enternecedor comprobar que su primer instinto es soltar el manillar y echar la mano, que no la pierna, a las faldas de su madre, que no al suelo. Pura lógica: quién mejor que mi madre para evitar que me caiga, pensará él.

Llegaba el momento crucial. “¿Quitamos la otra pata?”
-“Vale, pero tú no me sueltes mamá “, me respondió con una contagiosa risa nerviosa.

Ruedín fuera y seguimos la lección práctica: un pie apoyado en el suelo, otro sobre el pedaltoma impulso con la pierna derecha, mantén la cabeza alta, mira al frente… ¡bravo! ¡Lo estás consiguiendo!

-“Si mamá pero tú no me sueltes”.

¡Si el tontorrón supiera que solo tengo mi mano apoyada sobre su espalda pero que no hago fuerza ninguna! ¡Que lo está haciendo él solo!

Y ahí me ves tú, emocionada de ver a mi Pitu montando en bici como un tío grande y esperando nervioso a que llegara su padre para enseñarle lo que sabía hacer.

Pequeños logros que lo hacen mayor; pequeños pasos para mi niño grande.

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Padres en el parque infantil

Tantas horas de parque, columpios y juegos al aire libre con mis pequeños pitus dan para mucho para alguien un pelín observador. Y no hablo de los niños, más bien de sus padres. Son como pequeñas tribus que repiten roles un día tras otro, reproduciendo conductas y obsesiones, tanto que hasta nos atrevemos a catalogarlos. ¿Te identificas con algunos de ellos?

– Los que se mudan al parque: ¡Qué despliegue de medios! Llevan de todo: la bicicleta, la moto, la pelota, el carrito, la muñeca, las tizas, una muda de repuesto y hasta merienda para sus dos niños y los hijos de los vecinos. Que digo yo, ¡cómo serán las maletas de éstos cuando se van a la playa!

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– Los superprotectores: no dejan que el niño se tire solo por el tobogán, lo visten con casco y rodilleras hasta para jugar al escondite, no le dejan correr por si se cae ni jugar más allá de dos palmos de sus plantas por si le dan un balonazo… y nunca nunca nunca se olvidan de la barrita mágica para los golpes.

niño superprotegido

No sin mi móvil: en menos de media hora han hecho tres llamadas, grabado un vídeo para los abuelos y compartido la foto de la niña columpiándose en el balancín en cuatro grupos de whatsapp.

– Los tranquilos: esta definición es de la Pituabuela: “Es que los padres de hoy en día sois muy tranquilos”, repite ella convencidísima. Y haberlos los hay: padres y madres que se sientan tranquilamente a tomar un café, a hablar con otros padres o a mirar las musarañas. ¿Señora, ese niño que está perdido gritando ‘mamá’ es suyo?

– Los abuelos: quién les iba a decir a estos pobres señores que una vez rebasada la sesentena les iba a tocar llevar nietos al parque, subirlos en tobogán y hasta jugar a la pelota a pesar del reúma y la artritis en la rodilla. Y qué decir de ellos, que jamás bajaron a un parque con sus hijos, que para eso llegaban a las tantas de trabajar, y ahora se emplean a tiempo completo en el cuidado de nietos, recogida del colegio, meriendas y casi casi en baños y cenas.

abuelos

– Los sabelotodo: se saben al dedillo los nombres de todos los niños del vecindario, las bronquitis que pasaron el pasado invierno y hasta las fechas de las vacunas. ¡Y yo que me confundo con los deberes del mayor y del pequeño!

– Los que no bajan al parque: ¡Ay, amigos! Ésos son los que más saben.

¿Y tú? ¿Reconoces a alguno de ellos? ¿Nos confiesas qué tipo de padre / madre eres en el parque?

Días por asuntos escolares

Ahora que estamos en época de elecciones y los partidos políticos dispuestos a prometer el oro y el moro, les propongo una medida en materia de conciliación laboral y familiar que hará las delicias de los padres y madres de este país: días por asuntos escolares.

No es ninguna broma. Os cuento mi planning para las dos próximas semanas que seguro será muy similar al de cualquier progenitor con hijos en edad escolar: esta tarde, entrega de notas; el miércoles, función escolar del pitu pequeño; el jueves, villancicos del pitu mayor; el próximo lunes, excursión; el martes, taller de cocina... y para rematar: TRES SEMANAS de VACACIONES!!!

¿Vosotros creéis que hay jornada laboral que aguante esto?

Yo tengo la suerte de trabajar por turnos y contar con compañeros siempre dispuestos a cambiarte una guardia pero ni aún así conseguiré cumplir con la intensa agenda escolar de mis Pitus.

No es de recibo llevarte hasta las 2 de la madrugada cosiendo un traje de estrella para al final perderte la función de Navidad y contentarte con una foto en el grupo de WhatsApp de la clase.

Tampoco quiero renunciar a ver por primera vez a mi pequeño vestido de pastorcito porque ese día hay una reunión importantísima a la que no puedes faltar.

Pero laboralmente necesitaría un mes más de vacaciones solo para asistir a todas sus actuaciones, fiestas y actividades en familia. ¿Concilia…qué? Así que igual que los funcionarios cuentan con sus días de asuntos propios, yo quiero unos días de asuntos escolares para entregas de notas y funciones de Navidad. ¡Se lo voy a pedir a los Reyes Magos!

villancicos

Los hijos como excusa

Habitualmente traigo a este Pitublog las andanzas y desventuras de mi día a día con hijos. Pero no todo es tan malo como se pinta; esto de los niños también tiene sus cosas buenas -y no hablo de las alegrías que te dan, ni de las bienvenidas a besos cuando llegas a casa, ni de los ‘te quiero mamá‘-. Eso va por descontado.

Me refiero a esas situaciones en las que tener hijos es la mejor de las excusas. Valgan estos cinco ejemplos:

  1. Cita de compromiso:

Es Navidad, llega la tradicional comida de empresa y este año te toca dar el discurso y sentarte al lado del jefe. Ganas: cero. Solución: el niño está destemplado, me ha fallado la canguro y no tengo con quién colocarlo. Te quedas en casa con tu mantita en el sofá viendo por enésima vez la reposición de El Diario de Bridget Jones.

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Nota: donde dice comida de Navidad cítese todo aquel acontecimiento social que te apetezca tanto como cargar un saco de cemento.

2. Volver a merendar.

Ya sabéis que yo ni pico entre horas ni meriendo más que un té verde… pero hoy me muero por un pastel de chocolate y no sé cómo salir del paso.  ¡O sí! ¡Hay que ver lo que le gustan a mis niños los donuts de chocolate! Voy a tener que comerme éste que sobra por no tirarlo…

chocolate

3. Excusa laboral.

En el trabajo se sortea cubrir un apasionante congreso  del ‘sexo de las amebas’ a 500 kilómetros de casa, viernes y sábado, y por supuesto sin remuneración alguna. Eso sí, la empresa valorará muy positivamente la participación de los voluntarios. -“¿Te interesa?” -“¡Uy no, imposible! Yo con los niños… Pero ¿por qué no se lo propones a aquel becario de veintipocos años? ¡Seguro que estará encantado!”

4. Con el buenpadre

Pónganse en situación: “¡Claro, tú como acabas de llegar! No sabes la tarde que han dado estos dos: el mayor no quería bañarse, el pequeño sigue malo, ha vomitado y dejado su huella del salón a la cocina, he puesto dos lavadoras, vuelto a bañar al pequeño, limpiado el suelo… ¿¡Que me relaje!? Vale, prepara la cena que voy a darme un baño con espuma“.

baño espuma

5. Contigo misma.

Tienes trabajo atrasado, unos pelos que piden un tinte a gritos y mil cafés pendientes con tus amigas, pero lo dejas todo y te vas con tus pitus a jugar al parque ¡que para lo demás ya habrá tiempo!

parque

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