Conciliar también es que los vista papá (y a su gusto)

Cuando hablamos de conciliación la mayoría de las ocasiones lo hacemos en clave femenina y en un amplio porcentaje en tono de queja, con poca autocrítica. Hoy no voy a hablaros de conciliación laboral ni de políticas que nos hagan más fácil la carga familiar sino de esos detalles cotidianos del día a día como quién viste a los niños en casa.

Me ha costado, pero he llegado a la convicción de que a veces conciliar también es aceptar que a tus hijos los vista papá, y a su gusto, con el riesgo que ello conlleva en algunos casos al ver el resultado final…

Y me ha costado reconocerlo porque han sido varias las ocasiones que tras llegar de trabajar –o de la peluquería de echarme mechas, que tampoco hay que ser tan mártir– y encontrarme a los pitus arreglados por el buen padre, he corrido al armario a cambiarles esa camiseta que no pegaba ni con cola con aquellos pantalones o a sustituirles ese polo de manga larga por otro más veraniego “porque hoy no hace tanto frío“.

El consiguiente cabreo del Pitupadre es comprensible por mucho que yo me esfuerce en hacerle distinguir el poder de la combinación de los pantones.

Y es que al cambiarles esa camiseta de hace dos temporadas por la camisa tan monísima que YO les había comprado y que YO había pensado que era ideal  para este día precisamente, no solo estoy echando por tierra su trabajo de vestir, limpiar y peinar niños; también su autoridad y su iniciativa. ¡Con qué derecho me voy a quejar después si el reparto de las tareas de la casa no es igualitario o no está al día de las circulares que nos llegan a través del grupo de whatsapp de las mamás los papás de la clase!

No me imagino cómo debe ser la situación entre aquellos que tenéis hijas y os enfrentáis además a la tarea de rematar lazos, trenzas y colas. Nosotros suficiente tenemos con la lucha por la ropa deportiva: ¡qué insistencia en ponerles la camiseta de su equipo de fútbol y los botines!

A las madres se nos llena la boca pidiendo que limpien como nosotras, que hagan trenzas como nosotras, que cuenten las piezas de fruta que los niños han comido al día y no las sustituyan por la galleta de chocolate como hacemos nosotras… ¡¿pero cuántas veces nos resistimos a dejar esa parcela de poder de decisión sobre lo que le conviene o no al niño?!

El pasado sábado me fui a la peluquería a las nueve de la mañana. Cuando volví a las once, los niños estaban desayunados y vestidos con una combinación de colores y tejidos que hizo que se me volvieran a rizar los pelos. Suspiré hondo y nos fuimos de paseo. A veces conciliar también es esto: aceptar que a tus hijos también los puede vestir su padre a su gusto. E incluso puede que no vayan mal, simplemente como tú no lo habrías hecho.

 vestidos4

3 comentarios en “Conciliar también es que los vista papá (y a su gusto)

  1. yyoconestasbarbas

    Gracias por el post. Se agradecen puntos de vista sinceros y de acercamiento de posturas. Entiendo que la idea subyacente es, efectivamente, el igualar y compartir responsabilidades; el ceder terreno para dejar espacio a una crianza equitativa real.

    No hay que olvidar que nuestra postura debe, por conciencia, responsabilidad, derecho y obligación, ir mucho más allá de ejemplos como vestir, o “contar un cuento”… Como padres, no queremos ser meros ayudantes ni comparsas, ni “ayudar” en la crianza, ni suponeros un pequeño desahogo en tal o cual tarea. El hecho de criar y educar, de formar una familia, debe recaer en ambos, por igual. Siempre. Compartida en igualdad. Quizás según tu criterio, él les vista mal. Pero para su criterio, puede que igual no. Y eso, como apuntas, hay que aceptarlo, porque está igualmente en su derecho. Igual según él, van estupendos. Y es más, seguramente a los críos quizás no les importe demasiado, tampoco. Además, el mundo no se acaba por llevar una trenza que no esté perfecta.

    Llevar una familia implica demasiadas cosas, y eso lo sabemos todos. Así que diálogo, todo. Imposiciones… pues las menos posibles. No queremos favores, ni migajas. Y tenemos nuestros métodos, criterios y maneras propias de hacer las cosas. Y así debe ser. Porque es nuestro derecho, y porque es nuestra obligación. Lo bonito es aprender los unos de los otros, y que todo sume. Hay que aspirar a eso, todos.

    De nuevo, gracias. Nunca es fácil ceder cuando uno cree estar por encima del otro. Pero es que lo contrario solamente lleva a perpetuar estereotipos y cantinelas añejas sobre una sociedad que, espero, ya no soportará ni debería tolerar, ese tipo de modelos.

    Responder
    1. pitupitu Autor

      Ante todo muchas gracias por tu reflexión que comparto plenamente.Yo tampoco quiero “alguien que me ayude”, quiero alguien con quien compartir esta aventura en condiciones iguales, alguien con quien hacer equipo.
      Más allá del tono jocoso del artículo, efectivamente lo que quiero transmitir es que no es cuestión de que él “aprenda a vestir a los niños como yo quiero”, sino que yo acepte que él puede poner en práctica su propio gusto y criterio con el mismo derecho que yo. Los hijos son de los dos, su educación y responsabilidad también. Puede que no siempre coincidamos, pero lo importante es que valoremos el trabajo del otro y nos respetemos.
      Porque además, a veces, éstos no son más que detalles insignificantes que esconden modelos de crianza estereotipados y nada igualitarios en los que tanto hombres como mujeres tenemos mucha parte de responsabilidad.

      Muchas gracias de nuevo

      Responder
      1. yyoconestasbarbas

        ¡No hay por qué darlas! A poco que pensemos, nos daremos cuenta de quién verdaderamente pierde con un ambiente familiar en desequilibrio…: los niños La herencia que recibirán y los modelos familiares que perpetuarán. Una vez que caes en eso, da que pensar… ¿No crees? 😉 Merece la pena apostar a implicarse. En ambos sentidos. Porque es apostar al caballo ganador. Sin duda.

        Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *