El día que enseñé a mi hijo a montar en bici

Dicen que una vez que aprendes a montar en bicicleta ya nunca se olvida; yo no olvidaré el día que enseñé a mi hijo a montar en bici.

No fue nada programado. Ayer bajamos al parque como todos los días con sus patines, su bici y su pelota. De pronto lo vi, ese tío con un cuerpo como un trinquete -aunque solo cuatro años de edad- y ahí sentado sobre esa bici con sus ruedines. Había algo que chirriaba.

-” Antonio, quieres que aprendamos a montar sin ruedines“, le pregunté.
-“Bueno, pero me da miedo”, respondió avergonzado.
-“Tú confía en mamá “.

Y fue así como le quité primero una de las patas auxiliares; después aprendimos cómo parar con los frenos y echar una pierna al suelo. Es enternecedor comprobar que su primer instinto es soltar el manillar y echar la mano, que no la pierna, a las faldas de su madre, que no al suelo. Pura lógica: quién mejor que mi madre para evitar que me caiga, pensará él.

Llegaba el momento crucial. “¿Quitamos la otra pata?”
-“Vale, pero tú no me sueltes mamá “, me respondió con una contagiosa risa nerviosa.

Ruedín fuera y seguimos la lección práctica: un pie apoyado en el suelo, otro sobre el pedaltoma impulso con la pierna derecha, mantén la cabeza alta, mira al frente… ¡bravo! ¡Lo estás consiguiendo!

-“Si mamá pero tú no me sueltes”.

¡Si el tontorrón supiera que solo tengo mi mano apoyada sobre su espalda pero que no hago fuerza ninguna! ¡Que lo está haciendo él solo!

Y ahí me ves tú, emocionada de ver a mi Pitu montando en bici como un tío grande y esperando nervioso a que llegara su padre para enseñarle lo que sabía hacer.

Pequeños logros que lo hacen mayor; pequeños pasos para mi niño grande.

montar en bici

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *