La abuela se ha ido al cielo

La mamá del Pitu Padre ha fallecido recientemente. La abuela llevaba tiempo enferma pero ninguno podíamos imaginar que el fatal desenlace se precipitara tan rápido. Han sido días tristes, cargados de emociones, cansados… A nada de ello han sido ajenos mis pequeños pitus.

Había leído varios artículos sobre cómo afrontar el tema de la muerte con los niños, pero nunca eché demasiada cuenta a estas recomendaciones, tal vez por la inconsciencia de creer que estos momentos nunca llegarían. Los abuelos son eternos ¿o acaso no creíamos nosotros eso mismo cuando éramos pequeños?

La abuela se puso muy malita un viernes, falleció al día siguiente. Comenzó para ellos un peregrinaje a casa de los abuelos maternos, titos, padrinos… y sin tener a sus padres al lado. Yo volvía cada dos o tres horas, porque tenía que amamantar al bebé, pero el Pitu Padre salía temprano y volvía tarde muy triste. “¿Qué pasa mamá?, preguntaban. “Que la abuela está malita“, contestaba yo.

Pasaban los días y se sucedía el duelo, y ellos seguían nerviosos observando que algo no encajaba. Llegaba el momento de contarles la verdad. Los senté en la cama abrazados y les expliqué que a veces, cuando las personas son mayores y se ponen enfermas, su corazón les falla. “Pero no debemos estar tristes porque resucitan y se van al cielo, como Jesús“.

El Pitu Mayor meditó lo que le decía y me inquirió sin rodeos: “Pero antes tienen que morir“. ““, afirmé. “¿Pero la abuela se está muriendo o se ha muerto ya“, insistió. “Ha muerto ya“, contesté sincera sorprendida ante tanto razonamiento lógico.

Aprendí inmediatamente que es absurdo intentar esconderles nada, ni siquiera maquillar con palabras bonitas la realidad. El Pitu Mediano me sorprendió con un pragmático comentario: “Pues entonces mamá ahora solo tenemos una abuela“. “Y hay que quererla por dos“, le dije.

A lo largo de estos días hemos llorado, recordado anécdotas con la abuela, repasado capítulos de su vida cuando papá era pequeño. Hemos respondido a las preguntas trascendentales que aparecían en el momento más inesperado: “¿La abuela ya no nos escucha?”, “¿Todos los abuelos se mueren?”, “¿Por qué está triste papá?”.

Incluso la tita nos regaló un libro que os recomiendo: Para siempre, de Camino García, para hablar con naturalidad de la muerte a los niños, como un ciclo que siguen todos los seres vivos.

No ha sido fácil para ellos, igual que no lo ha sido para nosotros, por muchos motivos que busquemos para afrontar con frialdad la pérdida de una madre, de una suegra, de una persona querida. No ha sido fácil escribir este post que llevaba varias semanas luchando por salir. Pero la presencia de la muerte es una faceta más de la vida, ha entrado en nuestras vidas, en mi vida con niños. Y la hemos afrontado como hacemos con tantas otras cosas: juntos.

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