“No quiero disfrazarme”

Mi pitu pequeño tiene solo tres años, pero las ideas las tiene clarísimas. Y hoy lo ha vuelto a demostrar.

-“No quiero disfrazarme”, ha dicho a primera hora de la mañana; y no ha habido quien lo baje del burro.

Todo comenzó ayer jueves a las 14.00 horas cuando me llegó un mensaje de la guardería recordándome que el viernes era la fiesta de Carnaval. ¿Recordatorio? ¿Cuándo llegó el anuncio? Me supero por día en mi bien trabajado papel de #malamadre, pensé, pero ésa es materia de otra entrada.

El caso es que tenía solo una tarde para resolver el papel del disfraz y no estaba por la labor de complicarme demasiado. Recurrí al baúl de los disfraces  y encontré uno de Batman que nos trajeron los Reyes y otro de cocinero que me prestó una amiga. ¡Resuelto! – “Pitu, ¡mira qué disfraces tan bonitos para la fiesta de mañana!”. Ya entonces me miró con cara de malos amigos.

Esta mañana, tras despertarlo y desayunar, llegó la hora de vestirse. Le coloqué el de Batman por eso de que le encantan los superhéroes y tardó menos de tres minutos en pedirme que se lo quitara. “No quiero disfrazarme”, gritaba el pobre.

“Pero si estás muy guapo ¡mírate al espejo! “, le decía yo. “Ahora vas a tener súperpoderes“, le animaba su hermano. Pero ni unos ni otros argumentos le valían. “Quítame el disfraz”, lloraba.

Pensé que a lo mejor le molestaban las mallas o le picaba el tejido y le propuse vestirse con unos vaqueros y una chaquetilla de cocinero pero nada: “no quiero disfrazarme”.

Metí el disfraz en una bolsa y lo llevé a la guardería, donde todos los niños corrían jugando con sus espadas de mosquetero, sus vestidos de Frozen y sus alas de abejitas. ¿Creéis que sintió la mínima empatía o ilusión por disfrazarse? Ninguna.

Así que llegados a este punto le di un beso y entró por la puerta de su clase más feliz que una perdiz, sin disfraz pero sin complejos, con sus vaqueros y sus ideas muy claras. Creo que a los niños no hay que obligarles a hacer cosas que no quieren ni imponerles normas más allá que las que atañen a la seguridad y la buena educación. Lo importante es que sean felices con lo que hagan. ¡Y que tengan sus ideas claras!

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