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Las mamás a veces también nos ponemos malas

Las mamás a veces también nos ponemos malas. Esta semana he estado enferma. Mala de verdad, de fiebre, cama y baja (creo que la primera que recuerdo desde las dos maternales).

¿Y qué es lo que uno, independientemente de la edad que tenga, quiere cuando está malo? A su MAMÁ.

Por eso cuando salí de la consulta del médico con mi diagnóstico y mi recomendación de reposo obligatorio, hice las maletas y me fui directamente a casa de mi madre, la Pituabuela.

Antes claro está pasé por los estados de histeria, agobio y negación que sufrimos todas cuando nos dicen que debes levantar el pie del acelerador. ¿Cómo voy a faltar al trabajo? ¿Quién va a llevar a los niños al cole? ¡El frigorífico está a cuadros!

Los días previos había estado arrastrándome como los perros negando la evidencia: será la alergia, se habrá complicado con un resfriado, ¡si no es para tanto! Pero cuando tu cuerpo dice hasta aquí hemos llegado el chic cambia y caes en la obviedad de que a veces las mamás también nos ponemos malas.

Estado civil: caNsada

Estado civil: caNsada

Yo creo que uno sigue siendo niño mientras tenga una mamá. Por eso durante estos días he sufrido una especie de regresión a la más tierna infancia mientras disfrutaba de la Pituabuela cuidándome y mimándome.

Sólo mi madre me traía el agua como a mí me gusta: mitad fría mitad natural.

Y llegaba a casa cargada de jamón y de mis pasteles favoritos que aunque no tenía ni pizca de hambre sólo de ver los paquetes me reponía un poquito.

La Pituabuela, ayudada por el Pituabuelo (de él os hablaré otro día), ha llevado a los niños al colegio, los ha recogido, les ha dado de comer y los ha dormido mientras yo me echaba la siesta sin preocuparme absolutamente de nada.

¡Ay Dios! ¡Sin preocuparme absolutamente de nada!

Reconozco que poco a poco fui relajándome y aceptando la situación. Sin pensar en la piscina de los martes, ni en el disfraz de fin de curso de la guardería, ni en qué vamos a cenar esta noche. ¡Si no fuera porque estaba con 40 de fiebre casi lloro de la emoción!

Y es que más allá de lo material, estos días he recordado lo bien que sienta que te cuiden y te mimen como a un niño, ¡como solo sabe hacer tu mamá!

Mi Mamá Me Mima

Mi Mamá Me Mima