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Asturias con niños

“Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia”

Francis Bacon

 

Los que nos seguís en redes sociales sabéis que hemos pasado unos días de vacaciones en Asturias. La experiencia ha sido una etapa más en esta aventura de nuestra vida con niños. Era la primera vez que el pitu pequeño –creo que en algún momento deberé empezar a llamarle el mediano— se enfrentaba a tantos kilómetros, el mayor está entrando en la fase “me aburro” y yo no sabía cómo iba a responder mi maltrecha espalda de embarazada a tantas horas de coche.

Así que la primera etapa del viaje fue la de la preparación, mentalizarnos de nuestras nuevas circunstancias y adaptarnos a ellas. Ya os he contado alguna vez que el Pitu Padre y yo éramos dos empecinados viajeros antes de que llegaran los pitus y siempre hemos querido transmitirle esta pasión a nuestros hijos.

Lo primero fue elegir destino: un lugar interesante y cómodo para niños, y para ello Asturias es ideal, aunque cualquier punto del Norte de España hubiera valido igual. Nos decantamos por una casa rural con mucho espacio y amplias zonas verdes para que los niños jugaran sin molestar a nadie. Si algún día necesitáis alojamiento en Ribadesella no dudéis en preguntar en La Jarabiega (100% recomendable).

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Nuestra primera excursión no fue a una sidrería ni a un mercado de quesos sino al Museo del Jurásico. Para el Pitu Mayor fue sin duda lo mejor del viaje, y yo no sé si sufriré un poco de síndrome de Estocolmo pero he de reconocer que me gustó bastante. El éxito tal vez estuvo en que nos sumamos a una visita guiada para niños en la que el guía explicó de manera súper interesante cómo eran y vivían los dinosaurios y desmontó mitos como que el tiranosaurio rex era el más fiero de su especie.

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El MUJA tiene además un jardín con esculturas gigantes de dinos que merecen por sí solas el paseo y es una manera muy entretenida de pasar la mañana si se presenta lluviosa, cosa bastante habitual en Asturias, por cierto.

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Una recomendación: a dos kilómetros del museo hay una playa excepcional, La Griega, en la que pudimos jugar a los exploradores en busca de huellas de dinosaurios ¡que las hay! ¡El caso era inventar para darle emoción y entretenimiento a los enanos!

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Otra excursión muy recomendable para niños -si estáis dispuestos a recorrer algunos kilómetros hasta la vecina Cantabria- es el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. No es un zoo al uso sino una espacio naturalizado sobre una antigua mina en la que más de 150 especies de animales campan en régimen de semilibertad. No veréis ni una jaula y para recorrerlo tenéis a vuestra disposición más de 20 kilómetros de carretera para los que se hace imprescindible el coche.

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Partiré de la confesión de que no me gustan nada los animales y aún así me pasé siete horas contemplando elefantes, jirafas, leones, tigres, gorilas, cebras, dromedarios, leones marinos, osos… y así hasta 150. ¡Creo que no nos faltó ninguno por ver! Aunque lo que sí mereció la pena fue observar la cara de entusiasmo de ellos.

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El resto de los días estuvo marcado por excursiones revestidas de aventuras por descubrir. La visita a Cangas se convirtió en una oportunidad de escalada entre las rocas del viejo puente, Arriondas nos permitió cruzar un puente colgante y Covadonga emular al rey Pelayo.

Nos hemos sorprendido de que a veces, cuánto más le ofreces a los niños y amplías sus horizontes, mejor te responden. No esperábamos hacer tantos kilómetros ni visitar tantos pueblos, pero a medida que pasaban los días ellos demandaban más y más. ¿Una de caballeros en un pueblo medieval? ¡Pues vámonos a Llanes!

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Mención especial merece la comida. No solo de nuggets y croquetas se alimentan los niños y para ello qué mejor que ofrecerles la oportunidad de probar nuevos sabores en un paraíso gastronómico como Asturias. ¡Y tanto que nos siguieron el juego! Entraban a los bares pidiendo fabada y cachopo, aunque no nos libramos de una hamburguesa en el McDonald de Salamanca para premiarles por lo bien que se habían portado en las cuatro primeras horas del viaje de vuelta.

Viajar con niños no solo es posible, sino muy recomendable. Eso sí, si cambias tus gustos y prioridades y adaptas el trayecto y las actividades a ellos. Pero merece la pena intentarlo, ofrecerles nuevas experiencias, ampliar sus miras. Porque en el viaje hay mucho de aprendizaje y motivación… Porque la vida con niños no supone renunciar a tanto…

 

 

Salir a comer con niños

Hubo un tiempo en el que el Pitupadre y yo dominábamos todo el mapa de restaurantes y bares de tapas y copas de Sevilla. Nuestra experiencia en barras dejaba en pañales cualquier listado de Tripadvisor y los amigos nos llamaban para que les recomendáramos un bar donde llevar a un cliente o el último grastrobar de moda para deslumbrar a su pareja por el aniversario.

Eso ocurría hace exactamente 4 años y dos niños atrás.

Mira que al principio lo intentamos. De pardillos ilusos pretendimos mantener nuestras costumbres: “no hay por qué renunciar a nuestros gustos por tener niños”, decíamos. Nos comimos nuestras palabras como años después nos comeríamos esas raciones de croquetas congeladas que tanto le gustan a nuestros hijos.

Nos empeñamos en seguir visitando Casa Moreno y Las Golondrinas (el antiguo), pero las miradas del resto de comensales nos invitaban a salir por la puerta con el carro, el bolso y el termo de las papillas por el camino más corto.

La cosa se complicó cuando nació el Pitu pequeño y el listado de bares en el que cabían dos carros se redujo considerablemente.

Aún se puso peor más difícil: los amigos y familia también comenzaron a traer niños al mundo, y nuestras reuniones parecían un expositor del Hiperbebé. ¿Dónde nos metemos? ¿Quién conoce una venta?

Y nosotros que éramos unos exquisitos que ni el jurado de TopChef, empezamos a conformarnos con lugares que pusieran algo caliente y en los que cupiéramos. Si además tenían un espacio donde los niños pudieran jugar sin molestar al resto de clientes (ésos que mascullan entre dientes “que a gusto están sus padres”) perfecto. Y si para el remate tenían un cuarto de baño con cambiador ¡¡ya le concedíamos directamente la Estrella Michelín!!

Nuestra situación no ha mejorado demasiado ahora que casi vamos sin carro y los niños comen de todo. Primero porque aunque nuestros hijos son de buen comer, los experimentos de sushi, ceviche y otras comidas del mundo se ven muy limitados por estos dos personajillos que prefieren montaditos, pinchitos y croquetas.

hamburguesas

Segundo, porque ahora no hay carros, pero sí niños inquietos que juegan a súperhéroes ante la fulminante mirada de esos clientes que no se acuerdan de cuando sus hijos también fueron pequeños.

Y tercero: ¡no hay manera de comer caliente! Justo cuando te traen tu plato aparece un Pitu gritando “mamá, quiero cxxx!!!!”. ¡Y yo estoy hasta la coronilla de limpiar con toallitas los WC de los bares de media Sevilla!

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Aún así, el pitupadre y yo no renunciamos a seguir cultivando nuestra afición por los bares. Por eso, de vez en cuando, abusamos del amor que los pituabuelos tienen por sus nietos, los dejamos un par de horitas y ¡damos fe de que hay vida más allá de las croquetas!

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Cupcakes

8 propósitos de Año Nuevo que no pienso cumplir

#BlueMonday es el nombre que se ha impuesto al tercer lunes de enero y que viene a significar el ‘lunes triste o nostálgico’. Según dicen es el día más melancólico del año porque concluyen las vacaciones, se retoma la rutina, se caen algunos de los propósito de Año Nuevo, cuesta de enero… Tonterías del Primer Mundo.

Pero me ha servido para reflexionar sobre esas baterías de propósitos de Año Nuevo que llenaron la blogosfera hace un mes y que con solo leerlas me daba un ataque de ansiedad de pensar la cantidad de cosas que debía imponerme para ser una mamá-mujer-esposa-currante-pibón ‘perfecta’.

Así que voy a poner mi granito de arena para levantar el estado de ánimo general con una lista de propósitos de Año Nuevo que no pienso cumplir de ninguna de las maneras:

 1. Pasa más tiempo con tus hijos. ¡Ya me gustaría a mí! Me encantaría llevarlos todas las mañanas al cole, y preparar magdalenas, y merendar entre algodones, y pasar toda la tarde jugando, y estar todas las noche a la hora de los baños, la cena y el cuento… Pero el señor director del banco al que todos los meses le pago la hipoteca no piensa lo mismo y dice que quiere lo suyo. Y no puede ser. Así que no voy a torturarme con las cosas que podría estar haciendo en vez de cumplir mis cuarenta horas semanales. Disfrutaré cada uno de los momentos que paso con ellos porque siempre he pensado que más vale la calidad que la cantidad.

2. Cuida tu dieta. Ya lo sé, que en Navidades he cogido un par de kilos, pero es para tener reservas para el resto del año. Así no me sentiré culpable cuando me salte el almuerzo porque he salido tarde de trabajar y lo sustituya por un sandwich a media tarde.

3. Disfruta del último tratamiento de belleza. Con lo que a mí me gusta un potingue, una sesión de spa, un nuevo tratamiento… ahora me conformo con desmaquillarme todas las noches y aplicarme mis cremas una vez al día (aunque reconozco que son muchas las mañanas que amanezco con la cara como un mapache porque me quedé dormida antes de quitarme el rimmel).

Tratamientos de relax y belleza

Tratamientos de relax y belleza

4. Aprende a hacer cupcakes. Pues sé que están muy de moda pero la verdad es que no me atrae. Y digo yo ¿cuándo los haría? Después de poner las lentejas, triturar las papillas y dejar listos los biberones para la mañana siguiente?? Me saldrían un churro. Mejor los encargo en @Ofelia_Bakery o @cupcakesandgo.

Cupcakes

Cupcakes

5. Cultiva tus relaciones sociales. Hace tiempo que obvié de mi vocabulario eso de ‘nos llamamos para un café’. La otra persona y yo sabíamos de sobra que esa llamada nunca se produciría pero quedaba bien. Si entonces que tenía tiempo y ganas no lo hacía ¿quién se cree que lo vaya a retomar ahora? Cada vez cuento con menos tiempo libre para mí y los míos así que si hago planes los hago con gente que me apetece ver de verdad, con mis amigos, familia y compadres a los que echo de menos y quiero. La falta de tiempo es lo que tiene: no tienen cabida los compromisos.

6. Sigue los patrones de la nueva ‘it-girl’.  Ni esta camiseta es vintage ni pienso crear tendencia con estos vaqueros de hace tres temporadas. Pero con un pañuelo por aquí y un detalle por allá voy solucionando el día a día.

It-girl street style

It-girl street style

7. Descubre los restaurantes más ‘trendy’ de tu ciudad. ¿Cuentan con espacio para dos carros? ¿Tienen cambiador y un mínimo espacio para que el comensal de la mesa de al lado no me mire con cara de ‘señora este bar no es para niños’? Pues siguiente punto.

8. Sube la autoestima. Cuando estoy ‘blue’, cansada agotada, enfadada o simplemente con ganas de salir huyendo, voy al cuarto de mis pequeños pitus y les pregunto cuánto me quieren: “¡De aquí a la luna!”. ¡Pues vuelta a empezar!

Ilustración de Anita Jeram del libro 'Adivina cuánto te quiero'

Ilustración de Anita Jeram del libro ‘Adivina cuánto te quiero’

Y ahora os preguntaréis, ¿por qué 8? Porque paso de categorías y modas impuestas por las que todas las listas tienen que contener 10 puntos. ¡Sed felices!

 

Vajillas divertidas para comer, jugar y aprender

Ha llegado a Pitu Pitu uno de los productos más originales que hemos encontrado en el mercado infantil. Se trata de la vajilla Placematix, un nuevo y revolucionario concepto de vajillas infantiles que combinan los clásicos y funcionales juegos de platos, cubiertos y bandejas con originales y llamativos diseños basados en las piezas de construcción de bloques.

Set de regalo Vajilla Placematix

Set de regalo Vajilla Placematix

Conozco a un buen puñado de padres que habrían dado lo que fuera por encontrar en el mercado un producto como éste que sirviera para dar de comer a sus hijos a la par que los tenían entretenidos.

Se compone de un estuche de regalo compuesto por una bandeja -que hace las veces de base para servir de soporte al resto de utensilios–, un plato hondo, una cuchara y un tenedor. Todos están construidos con un diseño compatible con las tradicionales piezas de ladrillo o encaje, de modo que lo mismo puedes fijar platos y cubiertos para que no se caigan como le puedes sumar bloques de Lego, ladrillos de construcción o  muñecos de Playmobil para hacer sus comidas más divertidas.

Vajilla Placematix para comer, jugar y aprender

Vajilla Placematix para comer, jugar y aprender

Éste es el pack básico al que posteriormente se le puede sumar accesorios como el plato llano. Sus colores llamativos y vivos captan la atención de los más pequeños y son compatibles con las marcas de ladrillos de juguetes más famosas.

Plato llano Placematix

Plato llano Placematix

Sus creadores parten del lema: “Comer, jugar y aprender”, ya que a la vez que el niño come puede interactuar con las piezas de la vajilla (colocar los cubiertos, encajar el plato, sumar juguetes y otras figuras al set…). Y ya de paso yo añado: es ideal para evitar manotazos y golpes, caídas de platos y purés que acaban desparramados por el suelo.

Set básico de bandeja, plato hondo y cubiertos

Set básico de bandeja, plato hondo y cubiertos

Inicialmente, comenzó a comercializarse en farmacias, aunque actualmente lo puedes encontrar en otros establecimientos como los grandes almacenes por excelencia del país (aunque compara precios y seguirás leyendo) y en www.pitupitu.es.

Lo encuentro especialmente indicado para niños distraídos a la hora de comer, ya que su versatilidad y diseño permite adaptarlo a juegos y diversión. Aunque también me parece un regalo de lo más original si huyes de las típicas vajillas de dibujos animados.

Si a esto le sumas que puedes lavarlo en el lavavajillas y calentarlo en el microondas, sólo te queda encargar tu pack Placematix. ¿Quieres saber más? Pincha aquí www.placematix.com