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Disfraz de mago Merlín #DIY por menos de 10 euros

Se acerca el fin de curso y tal vez muchos de vosotros estéis inmersos en la organización de fiestas, bailes y disfraces para los colegios y guarderías. Es por ello que comparto con vosotros este disfraz de mago Merlín que nos han encargado este año en la guarde del Pitu pequeño.

Los que me conocéis sabéis que no soy especialmente fan de las manualidades pero dos niños, una guardería y un cole han aflorado la necesidad el amor por el DIY. Así que si queréis propuestas de un disfraz de mago para verano por menos de 10 euros seguid leyendo.

¿Qué necesitas?

– Medio metro de tela azul

– Goma eva de purpurina

– Fieltro azul

– Pegamento para telas y velcro adhesivo

– Cinta de pasamanería

Primero compré una tela fresquita en color azul –con medio metro para un niño de dos años me sobró–. Para tomar las medidas siempre uso una camiseta de patrón y corto dejando margen para las costuras.

Materiales para la confección del disfraz de Mago Merlín

Materiales para la confección del disfraz de Mago Merlín

Le hice una parte delantera y dos capas traseras que después cosería por los costados. Para abrir y cerrar opté por un velcro adhesivo, son bastantes resistentes y no necesitan aguja e hilo. Para el cuello y los bordes del vestido usé una cinta de pasamanería en color plata para que quedara más coqueto.

Tela azul

Tela azul

Remate con cinta de pasamanería

Remate con cinta de pasamanería

Lo más bonito viene a continuación. Me decidí por goma eva de purpurina para diseñar estrellas y media lunas que después pegué con pegamento para telas por toda la túnica de mago.

Estrellas y lunas de goma eva de purpurina

Estrellas y lunas de goma eva de purpurina

Ya solo queda el sombrero. Yo usé fieltro azul y dibujé un semicírculo. Pegué más lunas y estrellas y uní los extremos consiguiendo un cono. Para que quedara más mono le coloqué una estrella en la punta del gorro. Un consejo: para asegurarnos que el gorro se mantenga en la cabeza del niño al menos los cinco minutos del baile podéis coserle un elástico o hacer dos agujeritos en los lados y meter una diadema de plástico.

Gorro de mago Merlín

Gorro de mago Merlín

Gorro con estrellas

Gorro con estrellas

Para completar el look de mago, le hice su correspondiente varita: un palillo de comida japonesa envuelto en papel de plata y rematado con una estrella. ¡Chulo, eh?

Varita de mago

Varita de mago

¿El resultado? Mirad qué mago más guapo. ¡Y además bailó! Eso sí, lo que más le gustó fue despegar una a una las estrellas que con tanta paciencia había dibujado, recortado y pegado su madre…

 

Mi mago favorito

Mi mago favorito

Trabajos, deberes y manualidades… ¿para niños o para padres?

Me echo a temblar cuando al recogerlos del colegio veo esa circular de color blanco que asoma entre las hojas de la agenda de clase (en el caso del mayor, cuando recibo una notificación en el portal web escolar: ahí está, parpadeando en rojo ¡alerta! ¡alerta!).

Comienza la pesadilla. Cierro los ojos para no imaginar qué nuevo trabajo, deberes o manualidad tendré que preparar a altas horas de la madrugada. Hago recuento mental de las láminas de cartulina, goma eva, purpurina y témperas que tengo en casa. Y lo que es peor, comienzo a buscar huecos en la ya de por sí apretadísima agenda para pintar ese mural que debe decorar la clase, trabajar el Día de la Paz o hacer una manualidad con motivo de la llegada de la primavera.

Desde que el Pitu mayor entró en la guardería hemos intentado que los trabajos sean de ellos, que participen en la creación y diseño de los mismos -aunque sea estampando la huella de su mano sobre el folio-.

Y de ese modo si había que decorar una hoja del otoño ellos pegaban garbanzos y lentejas o si se trataba de hacer unas maracas caseras las rellenábamos con piedras y hojas que encontrábamos en el parque.

Pero he ahí nuestro error. En esas andábamos cuando el pasado mes de febrero llegó la hora de trabajar los monumentos de nuestra ciudad con motivo del Día de Andalucía. Al Pitu le tocó conocer un famoso teatro y casino, visitarlo y hacerse fotos con su familia y posteriormente plasmar su experiencia en un folio que pasaría a formar parte del libro de la ciudad de su clase –clase de 3 años–.

Recortamos fotos, pintamos máscaras y motivos teatrales y escribimos breves apuntes sobre qué es un teatro, dónde se sacan las entradas y lo bonito que eran sus jardines para pasear en bicicleta.

Cuál fue nuestra sorpresa cuando el ‘libro‘ llegó a nuestras manos un fin de semana. Mientras el Pitu me iba presentando a sus amigos, yo asistía boquiabierta al despliegue de medios. ¡Qué erudición en sus textos (propios del copy-paste de la Wikipedia)! ¡Qué cuidada edición en los estilos y maquetación! ¡Qué poca mano de los niños!

Comentándolo con otra mamá del colegio (su hijo está en un curso superior), me confesó que a ella le había pasado lo mismo: apostaba por la participación del niño en los proyectos hasta que comenzó a comparar con los trabajos que presentaban los demás compañeros de la clase (o mejor dicho, los papás de éstos).

¡Qué ganas de soltar las manualidades y que lleguen las raíces cuadradas!

¿Cuál es vuestra experiencia?

¿Los deberes y proyectos son para los hijos o para los padres?

¿Prima el lucimiento o la participación?

Deberes colegio

Deberes del colegio