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Lo que de verdad importa

En ocasiones andamos tan ocupados con nuestros ‘problemas‘ cotidianos  (el estrés del trabajo, la organización de la casa, los deberes de los niños, nuestras necesidades personales…) que perdemos la perspectiva de los problemas reales.

El pasado viernes contaba los minutos que faltaban para las tres de la tarde mientras repasaba mentalmente la maleta que estaba ultimando para irme con mis amigas de fin de semana ¡¡¡el primero desde que nació el Pequeño Pitu!!! y que venía a compensar todas esas lamentaciones de falta de espacio y tiempo para una misma.

Sonó el teléfono y al otro lado de la línea una profesora de la guarde me decía que el Pequeño Pitu estaba malito. Mi primer pensamiento de malamadre fue: ¡adiós al fin de semana! “Ya salgo para recogerlo”, le dije mientras que buscaba el bote de apiretal de emergencia que llevo siempre en el bolso. “No, se lo han llevado directamente al médico. Está convulsionando y lo han trasladado al centro de salud”.

Entonces todo se paralizó. No recuerdo cómo salí del trabajo, sí que me metí en  contramano por una avenida de tres carriles e hice un giro de 180 grados por el que me hubieran quitado todos los puntos del carné. No veía y casi no pensaba. Tenía miedo y sentía que me ahogaba. Solo quería llegar y ver a mi bebé. Sabía que estaba en buenas manos, pero sufría porque se supone que en un momento así debía ser yo la que estuviera con él. Ahora pienso que no sé si hubiera sabido cómo actuar en caso de que le hubiera dado la crisis estando en casa conmigo.

Llegué al centro de salud –acompañada por otra profesora de la guarde, qué bien se portaron todas- y tocaba aguantar el tipo. Allí estaban los dos hermanos mayores a los que ya había recogido el padre y no podíamos permitirnos perder los nervios y asustarlos aún más. Mi pobre bebé estaba tranquilo pero desnortado, medio en cueros tras ponerle un supositorio para bajarle la fiebre y sudoroso por el subidón de temperatura; me vio pero casi no me reconoció.

De allí para el hospital y comenzó el rosario de pruebas. Afortunadamente, no le repitió la convulsión aunque nos quedamos ingresados 24 horas para observar el desarrollo del bebé.

Es en esa sala de espera y en la posterior habitación de la planta sexta del Hospital Macarena (a cuyos profesionales estamos enormemente agradecidos por lo bien que nos trataron) donde las prioridades se reordenan y tomas conciencia de lo que de verdad importa. Asustada con mi niño en brazos esperando a que anunciaran su nombre por megafonía para pasar a consulta es cuando tus oraciones toman un único camino y solo importa una cosa: la salud de mi bebé.

En esa sala reconoces tu propio miedo en los ojos de los otros padres que allí esperan.

Conoces la angustia y el dolor físico, un dolor que no te importaría se multiplicara por mil en tu cuerpo si con ello libraras a tu niño de lo que allí le trae.

Ves a otros niños que llevan semanas entre aquellas paredes y de manera muy egoísta das gracias por la suerte que tienes.

Porque hasta que no se conoce la enfermedad en un hijo, en TU HIJO, no valoramos lo que tenemos, lo que de verdad importa.

El Pequeño Pitu salió de alta a las veinticuatro horas tras descubrir que todo venía por una otitis. Tras una semana de antibióticos se encuentra estupendamente. No sabemos si volverá a repetirse, no tiene porqué. Nosotros salimos por la puerta del hospital con el susto en el cuerpo y una oración de agradecimiento, porque a veces hay que verle los ojos a la enfermedad para (re)descubrir qué es lo verdaderamente importante en esta vida: tener a mis Pitus sanos y felices.

“No quiero disfrazarme”

Mi pitu pequeño tiene solo tres años, pero las ideas las tiene clarísimas. Y hoy lo ha vuelto a demostrar.

-“No quiero disfrazarme”, ha dicho a primera hora de la mañana; y no ha habido quien lo baje del burro.

Todo comenzó ayer jueves a las 14.00 horas cuando me llegó un mensaje de la guardería recordándome que el viernes era la fiesta de Carnaval. ¿Recordatorio? ¿Cuándo llegó el anuncio? Me supero por día en mi bien trabajado papel de #malamadre, pensé, pero ésa es materia de otra entrada.

El caso es que tenía solo una tarde para resolver el papel del disfraz y no estaba por la labor de complicarme demasiado. Recurrí al baúl de los disfraces  y encontré uno de Batman que nos trajeron los Reyes y otro de cocinero que me prestó una amiga. ¡Resuelto! – “Pitu, ¡mira qué disfraces tan bonitos para la fiesta de mañana!”. Ya entonces me miró con cara de malos amigos.

Esta mañana, tras despertarlo y desayunar, llegó la hora de vestirse. Le coloqué el de Batman por eso de que le encantan los superhéroes y tardó menos de tres minutos en pedirme que se lo quitara. “No quiero disfrazarme”, gritaba el pobre.

“Pero si estás muy guapo ¡mírate al espejo! “, le decía yo. “Ahora vas a tener súperpoderes“, le animaba su hermano. Pero ni unos ni otros argumentos le valían. “Quítame el disfraz”, lloraba.

Pensé que a lo mejor le molestaban las mallas o le picaba el tejido y le propuse vestirse con unos vaqueros y una chaquetilla de cocinero pero nada: “no quiero disfrazarme”.

Metí el disfraz en una bolsa y lo llevé a la guardería, donde todos los niños corrían jugando con sus espadas de mosquetero, sus vestidos de Frozen y sus alas de abejitas. ¿Creéis que sintió la mínima empatía o ilusión por disfrazarse? Ninguna.

Así que llegados a este punto le di un beso y entró por la puerta de su clase más feliz que una perdiz, sin disfraz pero sin complejos, con sus vaqueros y sus ideas muy claras. Creo que a los niños no hay que obligarles a hacer cosas que no quieren ni imponerles normas más allá que las que atañen a la seguridad y la buena educación. Lo importante es que sean felices con lo que hagan. ¡Y que tengan sus ideas claras!

Yo también dije que nunca disfrazaría a mi hijo en Halloween

No me gusta Halloween. No me gusta que los niños llamen a mi puerta gritando “truco o trato”. No me gustan los demonios, ni las calaveras, ni las brujas, ni las telarañas, ni los colmillos y motivos sangrientos, ni las calabazas

Vengo del Carrefour de comprarle a mi hijo pequeño un disfraz para Halloween.

Sí, vuelvo a comerme mis palabras, aquellas sentencias tan rotundas que proclamaba antes de ser madre. “Nunca vestiré a mi hijo de Halloween”. Pues ya he vestido a dos.

El viernes es la fiesta de Halloween en la guardería del pequeño Pitu. Todo el centro escolar está ya adornado con telarañas, esqueletos y calabazas. Y se anuncia fiesta de disfraces.

halloween2

Tenía tres opciones:

1. Poner de excusa que el niño está malo, no llevarlo a la guarde y ojos que no ven…

2. Llevarlo vestido de paisano y explicarle a sus dos años de edad que nosotros somos más de buñuelos y huesos de santos.

3. Comprarle un disfraz y que se lo pase genial con sus amigos.

¿Y sabéis que es lo peor? Que el Pitu mayor que ya está en el colegio, un colegio que no celebra Halloween, se muere de envidia porque también quiere disfrazarse de Conde Dracúla. Lo dicho, si no quieres caldo ¡¡dos tazas!!

halloween

#DIY Disfraz de explorador

chaqueta

Ya os he contado alguna vez lo que gusta en la guardería de mi hijo un disfraz, si es hecho a mano (o #DIY ) mucho más! El caso es que este año van a trabajar como proyecto educativo el mundo de los exploradores y para ello nos han pedido a los padres que les confeccionemos una chaqueta de fieltro con la que caracterizar sus actividades. Lo cierto es que es tan molona que me he animado a compartirla con vosotros por si tenéis alguna fiesta de disfraces a la vista.

Necesitamos:

– 1/2 metro de fieltro marrón

– un trozo de fieltro amarillo

-hilo y aguja

materiales

Lo primero es hacer el patrón. Para ello usé como modelo una chaqueta de mi hijo y marqué con una tiza los puntos de los cuellos, sisa y largo sobre el fieltro marrón. Le di un par de centímetros más para asegurarme que la chaqueta le dura todo el curso.

cazadora

Una vez medida la espalda, plegué los extremos para obtener la parte delantera (el caso es no cortar y coser más de lo necesario). A continuación dibujé sobre el fieltro amarillo los bolsillos de la chaqueta y otros adornos como una tira horizontal que remata la chaqueta en la parte inferior.

montar

Un detalle súper bonito es el portador de bolígrafos que coloqué en la parte superior. Para confeccionarlo solo tienes que poner sobre un retal amarillo una tira marrón que frunces en varias ondas (para ello puedes ayudarte con el dedo índice).

pespunte

Para la parte trasera, nos recomendaron en la guarde que marcaremos cada chaqueta con el nombre del niño. ¡Menos mal que el de mi Pitu pequeño no es demasiado largo!

nombre

Por último solo queda montar todas las partes. Puedes hacerlo con pegamento especial o con la ayuda de aguja e hilo (si eres muy detallista puedes adornarlo con un pespunte para que quede más bonito).

detalle

espalda

Para nota, cortar una pequeña tira y coser a la altura del cuello para que la seño lo pueda colgar en la percha de la clase.

percha (2)

Y… ¡voilá! Aquí tenéis al pequeño explorador dispuesto para sus nuevas aventuras.

mi explorador

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Septiembre

Me gusta septiembre.

Escribo este post de-vuelta-de-las-vacaciones mientras fuera cae una tormenta de verano y tomo un café calentito delante del ordenador.

Desde pequeña me ha gustado el mes de la vuelta al cole, los anuncios de uniformes en El Corte Inglés, los días cortos y el reencuentro con el olor a tierra mojá.

Aunque las vacaciones han sido maravillosas y he comprado un cupón a ver si tengo suerte y me tomo un año sabático, ya tenía ganas de que llegara septiembre. Siempre me ha parecido  una tontería eso de la depresión postvacacional, triste es no tener dónde volver. El trabajo ennoblece y este año el parón nos ha servido para reflexionar, coger fuerzas y volver con mil y un proyectos que ya os iremos enseñando.

Hasta mis pequeños Pitus muestran síntomas de volver a la rutina tras un verano completamente asalvajados. El pequeño se ha incorporado a la guardería sin adaptación ni anestesia alguna (ni foto de primer día de guarde, ahora que caigo! Con esto de ser el segundo… Mañana le tomo una foto en la puerta y dentro de 20 años le diré que fue de su primer día…).

El Pitu Mayor cuenta los días que le quedan para volver al colegio (yo también!!), y ya está pensando en su clase nueva, los cumpleaños de sus amigos y en que quiere apuntarse a baloncesto (yo creo que por llevar la contraria al padre, forofo futbolero donde los haya).

En una semana estaré quejándome de los horarios, el trabajo, las extraescolares… pero a fin de cuentas son el día a día, mi día a día con mis Pitus.

¡Bienvenido Septiembre! ¡Feliz Curso Nuevo a todos!

Vuelta al cole

Lo que nadie te cuenta de la ‘Operación Pañal’

Tengo a la mitad de mis amigas, conocidos y clientes inmersos en lo que he venido a llamar ‘Operación Pañal‘, es decir, la retirada de los pañales de bebés y niños de entre dos y tres años de edad.

Muchos con la vista puesta en la entrada en el colegio el próximo curso piensan estos días cuándo es el mejor momento para ponerse a ello (si ahora en primavera o esperar al verano), analizan la madurez de sus hijos en cuestión de esfínteres y leen cuanto cae en sus Ipads a fin de estar bien preparados para la retirada de la celulosa.

Sin ánimo de hacer un recopilatorio de las condiciones fisiológicas, de madurez e independencia de los niños para enfrentar tan importante paso, sí que nos proponemos hablar de algunos aspectos que no siempre te cuentan pero que consideramos importantes  a la hora de decirle adiós a la celulosa.

Diseño de la marca Hoppop

Diseño de la marca Hoppop

En primer lugar, es importante saber elegir el momento. Muchos optan por el verano porque los niños van más ligeros de ropa y las temperaturas son más benévolas en caso de que se mojen con algún escape.

Otros prefieren la primavera porque así tienen más margen de tiempo para adaptarse al proceso sin la presión de la fecha tope: la entrada en el colegio, donde ya deben ir controlando el pipí.

Otra ventaja de intentarlo en primavera es que podéis contar con la ayuda de los profesores y monitores de la guardería, en caso de que los niños vayan a escuelas infantiles. Ellos tienen una mayor experiencia y aprovechan la experiencia grupal -ven a otros niños yendo solos al baño- para motivar a los pequeños.

Elige ese momento no solo atendiendo a las necesidades del bebé, analiza tu propia situación personal. En mi caso, recuerdo que pensé en quitarle el pañal al Pitu Mayor en el verano en que cumplía dos años. Pero acababa de nacer el pequeño, estaba centrada en lactancia y evitar celos y me negué a complicarme aún más el día a día. A la primavera siguiente dejó el pañal en menos de una semana.

Para motivarlos os recomendamos otros trucos como recurrir a ropa interior -bragas y calzoncillos- de sus dibujos animados favoritos. Les sorprenderá cambiar pañales blancos por ropa interior con personajes de Mickey, MinnieCars o las Princesas de la Factoría Disney que “no pueden mojarse” con escapes espontáneos.

Bragas Minnie

Bragas Minnie

Haz acopio de calzoncillos y bragas porque muy probablemente tengas que usar un buen número de ellos a lo largo del día sin contar con los pares que debes dejar en la guardería y los que llevarás en la bolsa o mochila cuando salgas de paseo o a jugar al parque. Cuenta con que la lavadora hará horas extras.

Calzoncillos Cars

Calzoncillos Cars

Para los periodos de transición, también existen unos pañales con forma de braguita –yo usé los de la marca Dodot– que se pueden subir y bajar fácilmente. Son de celulosa y retienen como un pañal, pero ayudan al niño a crear el hábito de quitar y poner con cierta autonomía.

Pañal Dodot Liberty

Pañal Dodot Liberty

Además, habrá llegado el momento de abandonar ciertas prendas de su vestuario como los bodys y los peleles enterizos. Es la hora de darle paso a las camisetas interiores y los pijamas de dos piezas.

Camiseta tirantes

Camiseta tirantes

Para hacer más atractivo -y cómodo- el proceso también podéis emplear escupideras y adaptadores para el WC. Los hay desde originales -y un tanto aparatosos, todo sea dicho- asientos con orinal adaptable a distintas etapas, tapas y asas laterales (como éste que os enseñamos de Imaginarium) hasta reductores del inodoro de quita y pon (os traemos este económico modelo de Prenatal).

Orinal adaptable

Orinal adaptable

Reductor WC para niños

Reductor WC para niños

Y si de proveernos de material hablamos no olvidéis dos cosas muy importantes: la primera, una botella grande de lejía; la segunda, buenas dosis de paciencia.

¡¡Ánimo!!

P.D.

Nota para ejercicio mental: cuando estéis al borde del colapso por el enésimo pipí recogido, ¡haced un cálculo aproximado de lo que os vais a ahorrar en pañales en los próximos meses! ¡¡Todo es cuestión de encontrarle el lado positivo a las cosas!!

Trabajos, deberes y manualidades… ¿para niños o para padres?

Me echo a temblar cuando al recogerlos del colegio veo esa circular de color blanco que asoma entre las hojas de la agenda de clase (en el caso del mayor, cuando recibo una notificación en el portal web escolar: ahí está, parpadeando en rojo ¡alerta! ¡alerta!).

Comienza la pesadilla. Cierro los ojos para no imaginar qué nuevo trabajo, deberes o manualidad tendré que preparar a altas horas de la madrugada. Hago recuento mental de las láminas de cartulina, goma eva, purpurina y témperas que tengo en casa. Y lo que es peor, comienzo a buscar huecos en la ya de por sí apretadísima agenda para pintar ese mural que debe decorar la clase, trabajar el Día de la Paz o hacer una manualidad con motivo de la llegada de la primavera.

Desde que el Pitu mayor entró en la guardería hemos intentado que los trabajos sean de ellos, que participen en la creación y diseño de los mismos -aunque sea estampando la huella de su mano sobre el folio-.

Y de ese modo si había que decorar una hoja del otoño ellos pegaban garbanzos y lentejas o si se trataba de hacer unas maracas caseras las rellenábamos con piedras y hojas que encontrábamos en el parque.

Pero he ahí nuestro error. En esas andábamos cuando el pasado mes de febrero llegó la hora de trabajar los monumentos de nuestra ciudad con motivo del Día de Andalucía. Al Pitu le tocó conocer un famoso teatro y casino, visitarlo y hacerse fotos con su familia y posteriormente plasmar su experiencia en un folio que pasaría a formar parte del libro de la ciudad de su clase –clase de 3 años–.

Recortamos fotos, pintamos máscaras y motivos teatrales y escribimos breves apuntes sobre qué es un teatro, dónde se sacan las entradas y lo bonito que eran sus jardines para pasear en bicicleta.

Cuál fue nuestra sorpresa cuando el ‘libro‘ llegó a nuestras manos un fin de semana. Mientras el Pitu me iba presentando a sus amigos, yo asistía boquiabierta al despliegue de medios. ¡Qué erudición en sus textos (propios del copy-paste de la Wikipedia)! ¡Qué cuidada edición en los estilos y maquetación! ¡Qué poca mano de los niños!

Comentándolo con otra mamá del colegio (su hijo está en un curso superior), me confesó que a ella le había pasado lo mismo: apostaba por la participación del niño en los proyectos hasta que comenzó a comparar con los trabajos que presentaban los demás compañeros de la clase (o mejor dicho, los papás de éstos).

¡Qué ganas de soltar las manualidades y que lleguen las raíces cuadradas!

¿Cuál es vuestra experiencia?

¿Los deberes y proyectos son para los hijos o para los padres?

¿Prima el lucimiento o la participación?

Deberes colegio

Deberes del colegio

Las madres, las mejores trabajadoras

Estoy firmemente convencida: las madres trabajadoras trabajamos mejor.

No cuento con ningún estudio de ninguna prestigiosa universidad extranjera que lo confirme pero lo constato con el día a día que veo a mi alrededor.

En contra de lo que muchos puedan pensar, empezando por esa abanderada de los derechos de la mujer que es Monica Oriol, ex presidenta del Círculo de Empresarios, las mujeres trabajadoras rinden mucho más en su puesto de trabajo después de ser madres.

Muchos me diréis que es imposible: que estamos más cansadas, que no dormimos por la noche y por tanto no rendimos por la mañana, que vivimos pendientes del WhatsApp, la llamada de la guardería o la paloma mensajera de la abuela… pero nada de eso se corresponde con el día a día de una mamá trabajadora.

Y digo mamá porque aún son muchos los empresarios que sobrentienden que solo las mujeres pasan las noches en vela, acuden a citas con el pediatra y piden horas libres para las tutorías de sus hijos, como si los hombres fueran convidados de piedra en esto de la crianza. ¿O a cuántos hombres de entre 25 y 45 años se les juzga a la hora de contratar o ascender por su paternidad?

Al menos para mí, la jornada laboral de ocho horas se presenta como un oasis celestial en el que no hay pañales, mudas, mochilas, desayunos saludables, aula matinal, un niño colocado, rutas escolares, camas sin hacer, justificante olvidado, ¡oh Dios, manchurrón de Cola-Cao en la sudadera!, otra mochila, segundo niño colocado, tupper descongelado para el mediodía, atasco de hora punta… hasta que llego a mi querido centro de trabajo.

Cuando entro por la puerta de la oficina a las 8.30 de la mañana se presenta ante mí un horizonte ordenado en el que tengo ocho horas para … TRABAJAR!!! Única y exclusivamente! Con tareas programadas, objetivos alcanzables y proyectos que desarrollar. Sentarme delante de mi ordenador y producir, escribir, redactar informes, contestar llamadas, asistir a reuniones… ¡Una bendición, vamos!

No contesto mensajes del grupo de WhatsApp de la guardería; tengo la excusa perfecta: estoy trabajando.
No hablo de mocos, virus, colecho ni apego; estoy trabajando.
No pienso en las extraescolares, la merienda, los deberes, el no quiero ducharme, no quiero recoger los juguetes, no quiero dormirme… que me espera cuando llegue a casa.
Solo trabajo.

No hago nada de esto porque tengo unos objetivos que cumplir en un plazo establecido. Soy más eficaz y resolutiva porque no puedo permitirme el lujo de salir una hora tarde del trabajo porque éste no esté acabado sin que ello conlleve otra hora más de aula vespertina o movilizar a los abuelos y en ocasiones hasta a la buena vecina.

Busco nuevas fórmulas, soy más ingeniosa, porque me encanta desarrollar esa capacidad creativa que tengo atorada de tanto Bob Esponja a todas horas del día en la tele.

Soy más responsable, más disciplinada; entre otras cosas, porque no puedo dejar de ingresar una nómina que llena el frigorífico tres veces por semana.

Y no es cosa mía, de verdad. Lo observo en el resto de compañeros -hombres y mujeres– que tienen hijos, aunque la losa de la conciliación acabe cayendo la mayoría de las veces sobre las segundas.

Mucho se ha hablado con motivo del Día de la Mujer de las diferencias salariales entre géneros, la precariedad en el empleo femenino y el porcentaje en los puestos directivos. Pero poco se escucha de la desconfianza que las mujeres en edad fértil siguen generando en los empresarios a la hora de contratar y ascender, una desconfianza a mi juicio totalmente injustificada.

Porque estoy firmemente convencida que las madres somos mejores trabajadoras.

Porque todos los días son 8 de marzo.

8 de marzo

8 de marzo

“Te he nominado al premio a la mejor madre del mundo…”

¡Te acabo de nominar para el premio a la madre más bonita y mejor del mundo! Eres una madre inmejorable y estás haciendo un trabajo grandioso. Debes enviárselo a siete madres para alegrarles el día, algunas veces necesitamos oírlo“.

Este mensaje me llegó la semana pasada por whatsapp al móvil. Me lo envió una buena amiga que me quiere y que normalmente no suele pasar demasiados mensajes en cadena (porque evidentemente es uno de esos mensajes que circulan de forma viral por muros de Facebook, grupos de WhatsApp, etc.).

Yo nunca suelo reenviarlos; hay veces que ni acabo de leerlos. Pero esta vez fue distinto. Lo envié a siete madres amigas y las siete me contestaron con una sonrisa, una respuesta amable e incluso con lágrimas emocionadas.

Porque hay veces, pongamos por ejemplo, entre la segunda y la tercera lavadora del día, en el atasco de camino a la guardería-colegio-trabajo, a la salida de las extraescolares o cuando te miras al espejo del ascensor y descubres que te has depilado una ceja sí y la otra no, que lo único que necesitas es que te digan que no lo estás haciendo tan mal. Que incluso puede que seas una de las madres más bonitas y mejores del mundo (mundial!).

Así que si en estos momentos tienes una madre cerca, dile con todo el cariño del mundo: “¡Te he nominado al premio a la más bonita y mejor..!”. Hay veces que solo necesitamos oírlo.

 

Eres la mejor mamá!

¡Eres la mejor mamá!

 
Diseñado por Freepik

Disfraces fáciles y económicos para Carnaval

 

Se acerca la fiesta de Doña Cuaresma y Don Carnal y más allá de la tradición de cada lugar en esto de los carnavales es cierto que es una ocasión de lo más especial para disfrazar a los niños y pasar un rato divertido. De hecho, en la mayoría de las guarderías y escuelas infantiles se ha impuesto en el calendario escolar la celebración de este tipo de fiestas.

Como siempre me ha gustado lo casero, he hecho una recopilación de los disfraces más divertidos, fáciles y económicos que he encontrado estos días en nuestra blogesfera para daros algunas ideas. Si no, siempre nos quedará el bazar chino del barrio!!

Disfraces con faldas de tul: me encantó este post de Agenda de Mamá en el que propone distintos vestidos (la mayoría de ellos para niñas) tomando como base de sus patrones una falda de tul. Gatos, payasos, vaqueras, caperucitas, una india o un espantapájaros son solo algunos de los papeles que podrás adaptar para tu hija.

Caperucita Roja con falda de tul

Caperucita Roja con falda de tul

Vikingo DIY: este modelo me gustó por lo sencillo de su propuesta: unos calentadores, un casco y un hacha fácil de encontrar en cualquier tienda de juguetes o bazar a los que se le puede sumar una camiseta con motivos vikingos. Cortesía de Baberos y Claquetas.

Detalles para convertirse en un auténtico vikingo

Detalles para convertirse en un auténtico vikingo

Disfraz de Elsa de Frozen sin coser: vuestras pequeñas princesas van a alucinar!! Y tampoco lo veo tan complicado! Faldas azules, camisetas blancas y una bonita corona es la propuesta que nos ofrece Pequeocio en este post. ¡Y asegura que no hay que coger ni una aguja ni un dedal!

Disfraz de Elsa

Disfraz de Elsa

Robot para niños: esta entrada me llamó la atención por el resultado tan maravilloso conseguido con pocos recursos. Sólo tendrás que buscar unas cajas de cartón, papel de aluminio y alambres, todo ello aderezado con un poco de maña. La encontré hace tiempo en http://www.elbebe.com.

Disfraz de Robot

Disfraz de Robot

– El clásico disfraz de Pirata. Éste es de mi cosecha: camisa blanca, pantalones oscuros y un pañuelo rojo anudado a la cintura. El parche del ojo lo puedes pintar con lápiz negro y lo completas con un gorro y una espada de corsario.

¿Os ha ayudado? Si os atrevéis con alguna de las propuestas mandadnos fotos y las compartiremos en el pitublog.