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¡Soy tita!

¡¡¡Soy tita!!!

Soy tita de una preciosa niña de 3.600 kg y una boca de caramelo.

Soy tita y he vuelto a sentir los nervios de la fecha de parto que se aproxima, de los monitores, de la sala de esperas en el hospital, de la salida del paritorio.

Esta semana ha nacido la hija de mi hermano pequeño, que se me ha hecho grande de verlo vestido con la bata del quirófano y rellenando el libro de familia.

La familia vuelve a crecer y vuelve a oler a bebé, no a colonias ni a cremas, sino a ese olor tan especial que traen consigo los recién nacidos.

Todo es llamadas de cómo ha pasado la noche y fotos en el grupo del whatsapp de esa carita que cambia por días.

También he recordado la locura de los primeros días: la angustia, los nervios, el pecho que quita el sueño, los gases, las ojeras…

Los ves y les dices que lo están haciendo muy bien. Que ella ha sido una campeona, que ya ha pasado lo más difícil, que el agobio, las dudas y el no saber son parte de esta nueva aventura. Aunque esta experiencia no se aprende en los libros ni se cree de boca de otros; hay que pasarla.

Tengo otros sobrinos y dos pitus con los que pasé todo esto que se describe aquí arriba, pero no deja de sorprenderme el amor que despierta la llegada de un bebé, la alegría que regala una nueva vida.

¡Bienvenida Princesa!

es una niña

Aunque seas el segundo…

Aunque seas el segundo, para mí eres lo primero.

Así que no te enfades cuando de mayor descubras que no tenemos ni la mitad de la mitad de las fotos que hicimos a tu hermano, que las camisetas que tanto te gustaban siempre eran heredadas o que tus babis y baberos estaban bordados con el nombre del ‘mayor’.

Porque aunque seas el segundo para mí siempre fuiste lo primero.

A ti siempre te di más besos y achuchones porque sabía lo pronto que crecerías.
A ti te dejé dormir en mis brazos y meterte en mi cama y saltarme las mil reglas que tenía aprendidas del manual de cómo educar a un hijo (al primer hijo).
Para ti buscaba nuevos juegos, inventaba mejores cuentos, cantaba canciones más divertidas.

Como eras el segundo, para mí siempre fuiste el primero.

No por sabido dejé de celebrar tus primeras papillas, tus primeros pasos, tus primeras palabras, tus primeros besos.
Porque contigo nunca tuve prisas ni comparaciones ni ansias porque llegara tal o cual momento. Sabía que llegarían, solo esperé y disfrute la espera.

Con el segundo hijo el tiempo se divide, pero el amor se multiplica.

Dicen que no se quiere a nadie como a un hijo; se quedan cortos. No se quiere a nadie como a DOS hijos.

Alvaro

Para Álvaro, que hoy cumple DOS años.