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Mi tercer embarazo

Este nunca ha sido un blog convencional. Por eso, ahora que estoy embarazada de mi tercer hijo, no me leeréis escribiendo de náuseas o piernas hinchadas. Este es un blog personal en el que cuento mis experiencias, cómo me siento, lo que me ocurre día a día. Por eso hoy no os voy a hablar de lo asqueroso que está el líquido naranja de la prueba del azúcar o de aquello tan bucólico de las mariposas en la barriga.

Os contaré cómo estoy llevando mi embarazo, mi tercer embarazo, que en nada se parece al primero y solo de pasada al segundo:

En primer lugar, sabía que estaba embarazada mucho antes de hacerme el predictor. Nunca he tenido sentido intuitivo para estas cosas pero la experiencia está empezando a ser un grado.

SegundoHe tirado el peso a la basura. En mis anteriores embarazos cogí once kilos después una dieta rica en frutas y verduras, no picar entre horas y eliminar grasas. Tras el parto, con la lactancia y el estrés perdí todo lo puesto y mucho más. Así que este verano me he puesto mona de helados en la playa. A ver qué me dice la matrona la semana que viene en la próxima visita…

comida

Tercero: Me siento observada. Sobre todo cuando voy sola con mi bombo y mis dos niños camino del cole o cargada de bolsas del supermercado. He notado que hay gente que me mira y cuchichea: “¡Oooooyyyyhhhh pobrecita! ¡Qué valor! ¡Con tres!”. Cuando se enteran que además viene otro niño, directamente se echan las manos a la cabeza. “Ay qué pena que te quedas sin la niña”, comentan sin poder comprender que no haya más motivos para tener un tercer hijo que poner vestidos y colocar moñas.

Cuatro: Voy a retrasar el síndrome nido hasta que el niño tenga 5 meses. Queda menos de mes y medio para la fecha posible de parto y aún guardo en el fondo del trastero la minicuna, el carrito, la bañera, la ropa de primera postura… Creo que es hora de ir poniendo remedio a este cuarto punto.

sindrome nido

Cinco: ¡Me encanta presumir de barriga! Una que es muy fashion siempre ha buscado esas prendas que disimularan la barriga o la redujera a la mínima expresión. Esta vez no. Me parece que el cuerpo de una mujer embarazada es precioso y hay que lucirlo en su plenitud. Además, estoy segura que va a ser mi última barriga, ¡dejadme que presuma de ella!

Seis: He pedido la baja por embarazo a los siete meses. En los dos primeros estuve trabajando hasta la semana 36 y 35 respectivamente. Ahora que lo veo con distancia me parece ¡una auténtica barbaridad! Y cuando acudí al médico para solicitar el permiso lo hice más por la cantidad de citas médicas que se acumulan en el último mes y te impiden desempeñar tu trabajo que por estar tranquila y descansada para lo que viene. En esta ocasión (a las 30 semanas) ha sido distinto. No tengo nada que demostrar y sí necesidad de cuidar de mi bebé y mi salud. No somos imprescindibles, no tenemos que ser superwoman.

Siete: Me encuentro físicamente mejor, o puede que haya aprendido a relativizar. Que conste que tengo la suerte de disfrutar de unos embarazos muy buenos sin náuseas ni fatigas ni grandes complicaciones. Pero las molestias que en el primero me suponían un mundo (reflujos, insomnio, circulación, dolores de espalda…) ahora me parecen pecata minuta. ¿Será que soy consciente de lo que viene después?

Ocho. Este pobre hijo mío no sabe lo que es escuchar música de Mozart en el vientre de su madre pero a cambio tiene los ecos de las voces de sus hermanos que le hablan, le cuentan cómo van a jugar al fútbol cuando salga y le dan su beso de buenas noches a diario. Muero de amor cuando veo cómo disfrutan de la ilusión de la espera de su hermanito.

hermanos

Nueve. El entorno. En ocasiones me pregunto si los que me rodean se acuerdan de que estoy embarazada. En el primero era la protagonista absoluta, todos querían ver cómo crecía la barriga, saber cómo me encontraba, llamaban a diario… En este tercero hay veces que hasta la Pitu Abuela, tras interesarse por el cole de los dos nietos, contarme su menú de la semana y quince minutos de conversación al teléfono, cae en la cuenta y pregunta: “¿y tú hija, cómo estás?”.

Diez. Hay una cosa que no cambia: las ganas que tengo de ver a mi bebé. Y a diferencia de las dudas que me asaltaban cuando estaba embarazada del segundo, sé con certeza que al tercero lo voy a querer igual o más que a los mayores.

 amor

Uno, dos… ¡y tres!

Uno, dos… ¡y tres! ¡Estoy EMBARAZADA! ¡Del tercero! Un tercero que viene de camino y llegará con los turrones, para Navidad.

Si me llegan a decir hace seis años que seríamos familia numerosa… ¡Yo que no quería niños!

Tres años le costó al Pitupadre convencerme para que tuviéramos al primero. Para alguien como yo, independiente, con ambiciones profesionales y viajera apasionada que no quería renunciar a ninguna de estas tres cosas, lo de los hijos no entraba en mis planes.

No sé si fue el tic tac del reloj biológico famoso pero poco a poco empezamos a hablarlo y a imaginarnos cómo quedaría una cuna en el cuarto de invitados. Me imaginaba con mi tripita de embarazada y dando paseos a ese retoño precioso al que vestiría como a un muñeco. No sabía que los bebés se despiertan cada tres horas por la noche ni lo que costaba un paquete de pañales. Quería un bebé, aunque creo que sobre todo quería ser madre. Y fue así como llegó el Pitu Mayor, un rubio que revolucionó nuestro mundo y se convirtió en el centro de nuestras vidas.

Como no queríamos dejarlo solo, al año comenzamos a plantearnos eso de darle un hermanito. Y antes de que nos diéramos cuenta llegó el Pitu Pequeño, un bombón de chocolate que multiplicó la diversión y el trabajo.

Y en ésas estábamos, saliendo de los pañales, los biberones y las malas noches, cuando nos preguntamos si queríamos ampliar la familia. La respuesta ha sido , un SÍ rotundo y madurado, feliz por la alegría que supone un hijo, comprometido con el trabajo y sacrificio que acarrea, consciente más que nunca. Un tercero deseado y querido, sin condicionantes.

Siguen sin gustarme demasiado los niños; no me veréis en la vida haciendo carantoñas ni dando juego a niños que no son míos (en los míos incluyo a ahijadas y sobrinos). Pero adoro a mis hijos por encima de todas las cosas. Me han dado una felicidad desconocida que necesita crecer, ser compartida y disfrutada.

No hay mejor motivo para un tercero.

¿Cuándo ha aprendido mi hijo pequeño a contar en inglés?

Los padres solemos repetir ese mantra de que no entendemos cómo los hermanos pueden ser tan distintos entre ellos si los hemos criado igual. La respuesta al enigma tal vez esté en un error en la pregunta: ¿realmente los criamos igual?

Puede que los que tenemos más de un hijo intentemos inculcarles los mismos valores, apostar por un modelo de crianza e incluso premiar y castigar determinadas conductas, pero ¿realmente los educamos de igual modo?

Yo creo que, aunque lo intentemos, el resultado no siempre es el mismo y no sólo por el componente emocional que aporta cada niño, sino porque ni el tiempo ni la experiencia de los padres son iguales cuando tienes dos hijos (ya me contaréis los que tenéis familia numerosa).

Esta reflexión viene a cuento de una anécdota que nos ocurrió hace unos días. Estábamos toda la familia en casa un domingo cuando en unos dibujos animados de la tele un personaje (no recuerdo cuál) dijo ‘one‘. Cuál fue nuestra cara de sorpresa cuando el Pitu Pequeño siguió la secuencia en el mismo idioma: “two-three-four-five“.

El padre y yo nos miramos asombrados a la par que nos hicimos la misma pregunta: “¿cuándo ha aprendido este niño a contar en inglés?“.

Lo primero que me invadió es nuestro viejo conocido sentimiento de culpa. “¡Seré malamadre que no tenía ni idea de que mi niño sabía los números en inglés!”. Después, para ahondar más en la herida, recordé cómo celebraba los “rosa-pink” y “amarillo-yellow” del Pitu Mayor cuando tenía la misma edad y hacía sus primeros progresos en la guarde.

Claro que entonces tenía toda la concentración maternal enfocada en un solo hijo y ahora el tiempo se divide entre dos; el tiempo, la paciencia y hasta las ganas de regañar que hacen que más de una vez al día mire para otro lado y dé por buenos aquellos principios inamovibles de antes de ser madre (“no se irán a la cama sin lavarse los dientes”, “no comerán chuches entre semana”, “no más de media hora de tele al día” y un larguísimo etcétera).

Desdramatizando he llegado a la conclusión de que ni era tan sorprendente la combinación azul-blue del Mayor ni me atormentaré por eso de la crianza igualitaria para los dos hermanos. No puede ser posible que la educación del primero sea igual que la del segundo porque nosotros tampoco somos los mismos ahora que hace tres años. Y si no, ¡compara las fotos de tu móvil del primero y del segundo hijo!

A los que criáis a vuestros hijos en solitario

Llevo dos semanas de mamá 24 horas. El Pitupadre ha pasado dos semanas trabajando fuera de la ciudad de lunes a viernes y tengo a mis dos pitus enteritos para mí.

La primera semana fue estresante al máximo. Como a perro flaco todo son pulgas, doblé turnos de trabajo mañana y tarde un par de días, el viernes fue festivo para la comunidad educativa -vamos que no hubo cole– y para rematar trabajé todo el fin de semana, puente para más señas en esta tierra nuestra. Menos mal que conté con los pituabuelos que también hicieron horas extras.

Esta semana los pituabuelos se han tomado unos días de vacaciones y para evitar llamadas a horas intempestivas han puesto tierra de por medio (más de doscientos kilómetros). Pobrecitos, si se lo tienen ganado.

La cosa es que llevo dos semanas de colegios, comidas, parques, baños y noches sola con mis dos niños, y os aseguro que no es nada fácil. Preparar a los niños por la mañana para estar puntuales en el colegio, gestionar las rabietas, cumplir con las actividades extraescolares y poner orden cuando todo se desmadra es mucho más fácil con el pitupadre al lado. Cuando la paciencia se acaba siempre es mejor tener al poli bueno (o al malo, según toque) al lado que te echa un capote y permite que te escapes aunque sea a tirar la basura. Estos días ni eso.

El buen esposo nos llama por las noches y dice que nos echa mucho de menos. ¡Yo sí que me acuerdo de él y no por motivos cariñosos! ¡¿Echarnos de menos durmiendo a pierna suelta en una cama king size solo durante toda la noche?! No me lo creo.

¡Y qué decir de mis noches! Ahora que el pitupadre no me escucha confesaré que soy de las que se hace la dormida más de la cuenta cuando los niños piden agua, pipí o tienen alguna pesadilla. Esta semana tuve a un niño llorando quince minutos de madrugada antes de darme cuenta de que o me levantaba yo o no iba nadie.

Adoro a mis niños y los quiero con locura, pero no estoy acostumbrada a tenerlos solitos para mí durante 24 horas, que hasta he tenido que pedirme días libres para sobrellevar la situación.

Padres y madres separados, divorciados, madres solteras, familias uniparentales…. ¿cómo lo hacéis? Si nosotros somos dos zombies vivientes y repartimos la carga a partes iguales ¿cómo salís adelante vosotros?

Por eso, tras la experiencia de estos días, solo puedo deciros una cosa a todos los que por elección o necesidad criáis a vuestros hijos en solitario:

 

Mensaje para el Pitupadre: las próximas vacaciones de niños patrocinadas por el trabajo ¡me voy yo!

 

Los hijos como excusa

Habitualmente traigo a este Pitublog las andanzas y desventuras de mi día a día con hijos. Pero no todo es tan malo como se pinta; esto de los niños también tiene sus cosas buenas -y no hablo de las alegrías que te dan, ni de las bienvenidas a besos cuando llegas a casa, ni de los ‘te quiero mamá‘-. Eso va por descontado.

Me refiero a esas situaciones en las que tener hijos es la mejor de las excusas. Valgan estos cinco ejemplos:

  1. Cita de compromiso:

Es Navidad, llega la tradicional comida de empresa y este año te toca dar el discurso y sentarte al lado del jefe. Ganas: cero. Solución: el niño está destemplado, me ha fallado la canguro y no tengo con quién colocarlo. Te quedas en casa con tu mantita en el sofá viendo por enésima vez la reposición de El Diario de Bridget Jones.

bridget

Nota: donde dice comida de Navidad cítese todo aquel acontecimiento social que te apetezca tanto como cargar un saco de cemento.

2. Volver a merendar.

Ya sabéis que yo ni pico entre horas ni meriendo más que un té verde… pero hoy me muero por un pastel de chocolate y no sé cómo salir del paso.  ¡O sí! ¡Hay que ver lo que le gustan a mis niños los donuts de chocolate! Voy a tener que comerme éste que sobra por no tirarlo…

chocolate

3. Excusa laboral.

En el trabajo se sortea cubrir un apasionante congreso  del ‘sexo de las amebas’ a 500 kilómetros de casa, viernes y sábado, y por supuesto sin remuneración alguna. Eso sí, la empresa valorará muy positivamente la participación de los voluntarios. -“¿Te interesa?” -“¡Uy no, imposible! Yo con los niños… Pero ¿por qué no se lo propones a aquel becario de veintipocos años? ¡Seguro que estará encantado!”

4. Con el buenpadre

Pónganse en situación: “¡Claro, tú como acabas de llegar! No sabes la tarde que han dado estos dos: el mayor no quería bañarse, el pequeño sigue malo, ha vomitado y dejado su huella del salón a la cocina, he puesto dos lavadoras, vuelto a bañar al pequeño, limpiado el suelo… ¿¡Que me relaje!? Vale, prepara la cena que voy a darme un baño con espuma“.

baño espuma

5. Contigo misma.

Tienes trabajo atrasado, unos pelos que piden un tinte a gritos y mil cafés pendientes con tus amigas, pero lo dejas todo y te vas con tus pitus a jugar al parque ¡que para lo demás ya habrá tiempo!

parque

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Salir a comer con niños

Hubo un tiempo en el que el Pitupadre y yo dominábamos todo el mapa de restaurantes y bares de tapas y copas de Sevilla. Nuestra experiencia en barras dejaba en pañales cualquier listado de Tripadvisor y los amigos nos llamaban para que les recomendáramos un bar donde llevar a un cliente o el último grastrobar de moda para deslumbrar a su pareja por el aniversario.

Eso ocurría hace exactamente 4 años y dos niños atrás.

Mira que al principio lo intentamos. De pardillos ilusos pretendimos mantener nuestras costumbres: “no hay por qué renunciar a nuestros gustos por tener niños”, decíamos. Nos comimos nuestras palabras como años después nos comeríamos esas raciones de croquetas congeladas que tanto le gustan a nuestros hijos.

Nos empeñamos en seguir visitando Casa Moreno y Las Golondrinas (el antiguo), pero las miradas del resto de comensales nos invitaban a salir por la puerta con el carro, el bolso y el termo de las papillas por el camino más corto.

La cosa se complicó cuando nació el Pitu pequeño y el listado de bares en el que cabían dos carros se redujo considerablemente.

Aún se puso peor más difícil: los amigos y familia también comenzaron a traer niños al mundo, y nuestras reuniones parecían un expositor del Hiperbebé. ¿Dónde nos metemos? ¿Quién conoce una venta?

Y nosotros que éramos unos exquisitos que ni el jurado de TopChef, empezamos a conformarnos con lugares que pusieran algo caliente y en los que cupiéramos. Si además tenían un espacio donde los niños pudieran jugar sin molestar al resto de clientes (ésos que mascullan entre dientes “que a gusto están sus padres”) perfecto. Y si para el remate tenían un cuarto de baño con cambiador ¡¡ya le concedíamos directamente la Estrella Michelín!!

Nuestra situación no ha mejorado demasiado ahora que casi vamos sin carro y los niños comen de todo. Primero porque aunque nuestros hijos son de buen comer, los experimentos de sushi, ceviche y otras comidas del mundo se ven muy limitados por estos dos personajillos que prefieren montaditos, pinchitos y croquetas.

hamburguesas

Segundo, porque ahora no hay carros, pero sí niños inquietos que juegan a súperhéroes ante la fulminante mirada de esos clientes que no se acuerdan de cuando sus hijos también fueron pequeños.

Y tercero: ¡no hay manera de comer caliente! Justo cuando te traen tu plato aparece un Pitu gritando “mamá, quiero cxxx!!!!”. ¡Y yo estoy hasta la coronilla de limpiar con toallitas los WC de los bares de media Sevilla!

baño

Aún así, el pitupadre y yo no renunciamos a seguir cultivando nuestra afición por los bares. Por eso, de vez en cuando, abusamos del amor que los pituabuelos tienen por sus nietos, los dejamos un par de horitas y ¡damos fe de que hay vida más allá de las croquetas!

comida adultos

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#VDLN: Superhéroes de barrio

Mis pitus están obsesionados con los superhéroes. Está claro que la Marvel lo sigue haciendo bien, muy bien, y con dos y cuatro años mis hijos son unos auténticos fans de Spiderman, el Increíble Hulk, Thor, Superman, Batman… y cualquier personaje en mallas, calzoncillos y capa que se les ponga por delante.

Sus mochilas, pijamas y camisetas están inspirados en los extraordinarios poderes de estos superhéroes y sus increíbles aventuras son recreadas a diario en el salón de casa .

Así que cuando estoy saturada de tanto superhéroe –no sé por qué a mí siempre me toca Catwoman–, el pitupadre y yo les ponemos esta canción para relajar un poquito el ambiente: los Superhéroes de Barrio, del gran Kiko Veneno.

Con esta entrada nos sumamos a la iniciativa #VDLN, que hemos conocido gracias a mi querido La Parejita de Golpe. Prometemos que es la primera pero no última entrada de estos Viernes dando la nota!!

 

viernes dando la nota

 



Lo que nadie te cuenta de la ‘Operación Pañal’

Tengo a la mitad de mis amigas, conocidos y clientes inmersos en lo que he venido a llamar ‘Operación Pañal‘, es decir, la retirada de los pañales de bebés y niños de entre dos y tres años de edad.

Muchos con la vista puesta en la entrada en el colegio el próximo curso piensan estos días cuándo es el mejor momento para ponerse a ello (si ahora en primavera o esperar al verano), analizan la madurez de sus hijos en cuestión de esfínteres y leen cuanto cae en sus Ipads a fin de estar bien preparados para la retirada de la celulosa.

Sin ánimo de hacer un recopilatorio de las condiciones fisiológicas, de madurez e independencia de los niños para enfrentar tan importante paso, sí que nos proponemos hablar de algunos aspectos que no siempre te cuentan pero que consideramos importantes  a la hora de decirle adiós a la celulosa.

Diseño de la marca Hoppop

Diseño de la marca Hoppop

En primer lugar, es importante saber elegir el momento. Muchos optan por el verano porque los niños van más ligeros de ropa y las temperaturas son más benévolas en caso de que se mojen con algún escape.

Otros prefieren la primavera porque así tienen más margen de tiempo para adaptarse al proceso sin la presión de la fecha tope: la entrada en el colegio, donde ya deben ir controlando el pipí.

Otra ventaja de intentarlo en primavera es que podéis contar con la ayuda de los profesores y monitores de la guardería, en caso de que los niños vayan a escuelas infantiles. Ellos tienen una mayor experiencia y aprovechan la experiencia grupal -ven a otros niños yendo solos al baño- para motivar a los pequeños.

Elige ese momento no solo atendiendo a las necesidades del bebé, analiza tu propia situación personal. En mi caso, recuerdo que pensé en quitarle el pañal al Pitu Mayor en el verano en que cumplía dos años. Pero acababa de nacer el pequeño, estaba centrada en lactancia y evitar celos y me negué a complicarme aún más el día a día. A la primavera siguiente dejó el pañal en menos de una semana.

Para motivarlos os recomendamos otros trucos como recurrir a ropa interior -bragas y calzoncillos- de sus dibujos animados favoritos. Les sorprenderá cambiar pañales blancos por ropa interior con personajes de Mickey, MinnieCars o las Princesas de la Factoría Disney que “no pueden mojarse” con escapes espontáneos.

Bragas Minnie

Bragas Minnie

Haz acopio de calzoncillos y bragas porque muy probablemente tengas que usar un buen número de ellos a lo largo del día sin contar con los pares que debes dejar en la guardería y los que llevarás en la bolsa o mochila cuando salgas de paseo o a jugar al parque. Cuenta con que la lavadora hará horas extras.

Calzoncillos Cars

Calzoncillos Cars

Para los periodos de transición, también existen unos pañales con forma de braguita –yo usé los de la marca Dodot– que se pueden subir y bajar fácilmente. Son de celulosa y retienen como un pañal, pero ayudan al niño a crear el hábito de quitar y poner con cierta autonomía.

Pañal Dodot Liberty

Pañal Dodot Liberty

Además, habrá llegado el momento de abandonar ciertas prendas de su vestuario como los bodys y los peleles enterizos. Es la hora de darle paso a las camisetas interiores y los pijamas de dos piezas.

Camiseta tirantes

Camiseta tirantes

Para hacer más atractivo -y cómodo- el proceso también podéis emplear escupideras y adaptadores para el WC. Los hay desde originales -y un tanto aparatosos, todo sea dicho- asientos con orinal adaptable a distintas etapas, tapas y asas laterales (como éste que os enseñamos de Imaginarium) hasta reductores del inodoro de quita y pon (os traemos este económico modelo de Prenatal).

Orinal adaptable

Orinal adaptable

Reductor WC para niños

Reductor WC para niños

Y si de proveernos de material hablamos no olvidéis dos cosas muy importantes: la primera, una botella grande de lejía; la segunda, buenas dosis de paciencia.

¡¡Ánimo!!

P.D.

Nota para ejercicio mental: cuando estéis al borde del colapso por el enésimo pipí recogido, ¡haced un cálculo aproximado de lo que os vais a ahorrar en pañales en los próximos meses! ¡¡Todo es cuestión de encontrarle el lado positivo a las cosas!!

Cupcakes

8 propósitos de Año Nuevo que no pienso cumplir

#BlueMonday es el nombre que se ha impuesto al tercer lunes de enero y que viene a significar el ‘lunes triste o nostálgico’. Según dicen es el día más melancólico del año porque concluyen las vacaciones, se retoma la rutina, se caen algunos de los propósito de Año Nuevo, cuesta de enero… Tonterías del Primer Mundo.

Pero me ha servido para reflexionar sobre esas baterías de propósitos de Año Nuevo que llenaron la blogosfera hace un mes y que con solo leerlas me daba un ataque de ansiedad de pensar la cantidad de cosas que debía imponerme para ser una mamá-mujer-esposa-currante-pibón ‘perfecta’.

Así que voy a poner mi granito de arena para levantar el estado de ánimo general con una lista de propósitos de Año Nuevo que no pienso cumplir de ninguna de las maneras:

 1. Pasa más tiempo con tus hijos. ¡Ya me gustaría a mí! Me encantaría llevarlos todas las mañanas al cole, y preparar magdalenas, y merendar entre algodones, y pasar toda la tarde jugando, y estar todas las noche a la hora de los baños, la cena y el cuento… Pero el señor director del banco al que todos los meses le pago la hipoteca no piensa lo mismo y dice que quiere lo suyo. Y no puede ser. Así que no voy a torturarme con las cosas que podría estar haciendo en vez de cumplir mis cuarenta horas semanales. Disfrutaré cada uno de los momentos que paso con ellos porque siempre he pensado que más vale la calidad que la cantidad.

2. Cuida tu dieta. Ya lo sé, que en Navidades he cogido un par de kilos, pero es para tener reservas para el resto del año. Así no me sentiré culpable cuando me salte el almuerzo porque he salido tarde de trabajar y lo sustituya por un sandwich a media tarde.

3. Disfruta del último tratamiento de belleza. Con lo que a mí me gusta un potingue, una sesión de spa, un nuevo tratamiento… ahora me conformo con desmaquillarme todas las noches y aplicarme mis cremas una vez al día (aunque reconozco que son muchas las mañanas que amanezco con la cara como un mapache porque me quedé dormida antes de quitarme el rimmel).

Tratamientos de relax y belleza

Tratamientos de relax y belleza

4. Aprende a hacer cupcakes. Pues sé que están muy de moda pero la verdad es que no me atrae. Y digo yo ¿cuándo los haría? Después de poner las lentejas, triturar las papillas y dejar listos los biberones para la mañana siguiente?? Me saldrían un churro. Mejor los encargo en @Ofelia_Bakery o @cupcakesandgo.

Cupcakes

Cupcakes

5. Cultiva tus relaciones sociales. Hace tiempo que obvié de mi vocabulario eso de ‘nos llamamos para un café’. La otra persona y yo sabíamos de sobra que esa llamada nunca se produciría pero quedaba bien. Si entonces que tenía tiempo y ganas no lo hacía ¿quién se cree que lo vaya a retomar ahora? Cada vez cuento con menos tiempo libre para mí y los míos así que si hago planes los hago con gente que me apetece ver de verdad, con mis amigos, familia y compadres a los que echo de menos y quiero. La falta de tiempo es lo que tiene: no tienen cabida los compromisos.

6. Sigue los patrones de la nueva ‘it-girl’.  Ni esta camiseta es vintage ni pienso crear tendencia con estos vaqueros de hace tres temporadas. Pero con un pañuelo por aquí y un detalle por allá voy solucionando el día a día.

It-girl street style

It-girl street style

7. Descubre los restaurantes más ‘trendy’ de tu ciudad. ¿Cuentan con espacio para dos carros? ¿Tienen cambiador y un mínimo espacio para que el comensal de la mesa de al lado no me mire con cara de ‘señora este bar no es para niños’? Pues siguiente punto.

8. Sube la autoestima. Cuando estoy ‘blue’, cansada agotada, enfadada o simplemente con ganas de salir huyendo, voy al cuarto de mis pequeños pitus y les pregunto cuánto me quieren: “¡De aquí a la luna!”. ¡Pues vuelta a empezar!

Ilustración de Anita Jeram del libro 'Adivina cuánto te quiero'

Ilustración de Anita Jeram del libro ‘Adivina cuánto te quiero’

Y ahora os preguntaréis, ¿por qué 8? Porque paso de categorías y modas impuestas por las que todas las listas tienen que contener 10 puntos. ¡Sed felices!

 

Noche de Reyes

Llevamos días repitiendoles que esta noche había que acostarse pronto. No ha hecho falta insistir; han caído rendidos tras el subidón de la Cabalgata y los caramelos.

Antes hemos dejado los zapatos bajo el árbol, agua para los camellos y una copita y un mantecado para los Reyes.

Hemos bajado al trastero a por los paquetes, inflado globos, montado ruedines, colocado animales y más animales del Arca de Noe, envuelto regalos y repartido caramelos por todo el salón.

Hemos cruzado los dedos para que no se despertaran y asomaran sus cabezas tras la puerta por ese globo que se ha explotado y la música de la sirena del camión de Bomberos que se ha llevado una hora sonando.

¡Y ahora soy yo la que no se puede dormir ni ir temprano a la cama! Porque los Reyes Magos están a punto de llegar y estoy deseando ver el regalo -sus sonrisas- que me espera cuando me levante.

¡¡Felices Reyes a todos!!