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Las madres, las mejores trabajadoras

Estoy firmemente convencida: las madres trabajadoras trabajamos mejor.

No cuento con ningún estudio de ninguna prestigiosa universidad extranjera que lo confirme pero lo constato con el día a día que veo a mi alrededor.

En contra de lo que muchos puedan pensar, empezando por esa abanderada de los derechos de la mujer que es Monica Oriol, ex presidenta del Círculo de Empresarios, las mujeres trabajadoras rinden mucho más en su puesto de trabajo después de ser madres.

Muchos me diréis que es imposible: que estamos más cansadas, que no dormimos por la noche y por tanto no rendimos por la mañana, que vivimos pendientes del WhatsApp, la llamada de la guardería o la paloma mensajera de la abuela… pero nada de eso se corresponde con el día a día de una mamá trabajadora.

Y digo mamá porque aún son muchos los empresarios que sobrentienden que solo las mujeres pasan las noches en vela, acuden a citas con el pediatra y piden horas libres para las tutorías de sus hijos, como si los hombres fueran convidados de piedra en esto de la crianza. ¿O a cuántos hombres de entre 25 y 45 años se les juzga a la hora de contratar o ascender por su paternidad?

Al menos para mí, la jornada laboral de ocho horas se presenta como un oasis celestial en el que no hay pañales, mudas, mochilas, desayunos saludables, aula matinal, un niño colocado, rutas escolares, camas sin hacer, justificante olvidado, ¡oh Dios, manchurrón de Cola-Cao en la sudadera!, otra mochila, segundo niño colocado, tupper descongelado para el mediodía, atasco de hora punta… hasta que llego a mi querido centro de trabajo.

Cuando entro por la puerta de la oficina a las 8.30 de la mañana se presenta ante mí un horizonte ordenado en el que tengo ocho horas para … TRABAJAR!!! Única y exclusivamente! Con tareas programadas, objetivos alcanzables y proyectos que desarrollar. Sentarme delante de mi ordenador y producir, escribir, redactar informes, contestar llamadas, asistir a reuniones… ¡Una bendición, vamos!

No contesto mensajes del grupo de WhatsApp de la guardería; tengo la excusa perfecta: estoy trabajando.
No hablo de mocos, virus, colecho ni apego; estoy trabajando.
No pienso en las extraescolares, la merienda, los deberes, el no quiero ducharme, no quiero recoger los juguetes, no quiero dormirme… que me espera cuando llegue a casa.
Solo trabajo.

No hago nada de esto porque tengo unos objetivos que cumplir en un plazo establecido. Soy más eficaz y resolutiva porque no puedo permitirme el lujo de salir una hora tarde del trabajo porque éste no esté acabado sin que ello conlleve otra hora más de aula vespertina o movilizar a los abuelos y en ocasiones hasta a la buena vecina.

Busco nuevas fórmulas, soy más ingeniosa, porque me encanta desarrollar esa capacidad creativa que tengo atorada de tanto Bob Esponja a todas horas del día en la tele.

Soy más responsable, más disciplinada; entre otras cosas, porque no puedo dejar de ingresar una nómina que llena el frigorífico tres veces por semana.

Y no es cosa mía, de verdad. Lo observo en el resto de compañeros -hombres y mujeres– que tienen hijos, aunque la losa de la conciliación acabe cayendo la mayoría de las veces sobre las segundas.

Mucho se ha hablado con motivo del Día de la Mujer de las diferencias salariales entre géneros, la precariedad en el empleo femenino y el porcentaje en los puestos directivos. Pero poco se escucha de la desconfianza que las mujeres en edad fértil siguen generando en los empresarios a la hora de contratar y ascender, una desconfianza a mi juicio totalmente injustificada.

Porque estoy firmemente convencida que las madres somos mejores trabajadoras.

Porque todos los días son 8 de marzo.

8 de marzo

8 de marzo

Colegio

Hora de elegir colegio

A estas alturas del año pasado andaba como las locas persiguiendo las agendas de los directores de colegios, pidiendo opinión a las vecinas y amigas con niños matriculados en la zona y deambulando de centro en centro comparando horarios, instalaciones, servicios y rankings en los informes de la Delegación de Educación. Estaba en plena búsqueda de COLEGIO.

Creo que ni cuando elegí carrera universitaria me lo pensé tanto. Pero por primera vez sentí esa angustia de tener que tomar una decisión que bien podría marcar los designios, amigos y día a día de mi(s) hijo(s) en los próximos años. Llamadme exagerada.

Hora de elegir colegio

Hora de elegir colegio

Así que por si os sirve aquí comparto con vosotros algunas de las claves que valoré a la hora de rellenar el sobre de la matrícula:

  • Proyecto educativo: o lo que de toda la vida se ha venido en llamar “un buen colegio”. Es cierto que todos los centros siguen un mismo patrón curricular y que el profesorado se va renovando periódicamente pero ya sea por el equipo directivo, la implicación del claustro o el trabajo con los alumnos hay colegios cuyo proceso educativo convence más que otros.
  • Público, privado o concertado: no es por cuestión de ideologías, es por pura coherencia. ¿Puedes permitirte pagar la educación privada de tus hijos? ¿Estás dispuesto a comulgar con los postulados -no siempre religiosos- de ese centro concertado? ¿Apuestas por la enseñanza pública?
  • Comedor y aula matinal: puede parecer secundario pero hay muchas familias para las que la prestación de estos servicios, así como el coste o subvención de los mismos, es fundamental en la conciliación de la vida laboral y personal. Pregunta horarios y costes ¡importantísimo!
  • Horarios: todavía hay colegios que tienen jornada partida con tardes de clases obligatorias. ¿Encaja con tus horarios?
  • Actividades complementarias: muchos centros ofrecen a la familia la posibilidad de completar la jornada con actividades extraescolares que facilitan el desarrollo de los niños (deporte, música, teatro, manualidades…) y la compatibilidad con los horarios de los padres.
  • Instalaciones: si para ti es importante el deporte y las actividades complementarias valorarás que el centro en cuestión tenga unas buenas instalaciones (patio, polideportivo, pistas deportivas…) para el uso de los alumnos.
  • Bilingüismo: cada vez son más los colegios -públicos y privados- que ofrecen a los alumnos la posibilidad de impartir clases en un segundo idioma. Para los de la generación del ‘I am Muzzy’ (la mía) es algo muy a tener en cuenta.
  • Grados: hay colegios que sólo imparten Infantil, otros que además suman Primaria, los que se complementan con Secundaria y unos pocos que además ofrecen Bachillerato e incluso grados formativos en el mismo centro. Sopesa los pros y los contras de los cambios de centro en los niños.
  • Puntos: infórmate bien de los puntos necesarios para la admisión del niño en el colegio en cuestión, sobre todo en aquellos de gran demanda. El domicilio familiar, el laboral, hermanos escolarizados, minusvalías o la renta económica son algunas de las circunstancias que condicionarán el tanteo con el que tu hijo optará por una plaza del centro deseado.
Valora lo que cada colegio te ofrece

Valora lo que cada colegio te ofrece

Pregunta, concierta entrevista con directores, compara, haz listas de pros y contras… y cruza los dedos para que en la nómina de admitidos aparezca el nombre de tu hijo en el colegio deseado!! Años atrás he visto parejas que se separaban para coger puntos por familias monoparentales (ese supuesto lo han eliminado ya, al menos en mi comunidad autónoma), gente que se cambiaba de domicilio o quien contrataba a un detective privado para investigar a todos los niños que figuraban por delante del suyo en la lista de admitidos. ¿Y sabéis qué ? Que ahora lo entiendo, aunque no lo comparta.

Di saltos de alegría cuando en segunda fase y tras sorteo en la Delegación comprobé que mi Pitu mayor entraba en el colegio que su padre  y yo habíamos elegido.  Fue algo así como el día de la lotería. ¡Que haya suerte para todos!