Archivo de la etiqueta: maternidad

Vuelta al trabajo tras mi tercer Pitu

Ayer me reincorporé a mi trabajo. Volví tras dar a luz y criar durante sus primeros meses de vida a mi Pequeño Pitu, el tercero.

Vuelvo tras casi un año alejada del mundo laboral después de encadenar una baja médica durante los últimos meses de embarazo, la baja maternal, permisos por lactancia y vacaciones y una excedencia de tres meses. Ha sido una experiencia nueva porque nunca antes me había tomado tanto tiempo tras el nacimiento de mis dos hijos mayores. Como ya os he contado en alguna ocasión, este tercero me está rompiendo todos los esquemas, ha hecho que reordene mis prioridades, y por eso decidí solicitar un permiso de excedencia por cuidado de hijos durante unos meses. Creo que es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. No ha habido un día en que no me haya alegrado infinitamente de la decisión tomada.

En primer lugar, porque he podido disfrutar de mi bebé como nunca antes: sin prisas, sin agobios, apostando por una lactancia exclusiva durante los primeros seis meses, aferrándome a cada momento junto a él porque sé lo rápido que pasan estos primeros meses (aunque los días -y sobre todo las noches- sean muuuuy largas). Tengo muy claro que éste va a ser mi último bebé y eso me hace aprovechar cada momento al máximo.

Pero no solo ha sido un año especial para mi Pequeño Pitu, también para mis dos hijos mayores, a los que he dedicado un tiempo al que ellos -y yo- no estábamos acostumbrados. Por vez primera, he podido ir a todas sus funciones del colegio, llevarlos a los entrenamientos y los partidos de fútbol, jugar sin prisas, comer con ellos… estar con ellos.

Ha sido un año especial porque sabía que era temporal, finito, con un principio y un fin, que todo esto acabaría. Hay quien lo llamará un año sabático, pero de eso nada. He trabajado mucho, en la casa, con los niños, volcada en el bebé… y os aseguro que aborrezco las tareas domésticas. ¡Prefiero una guardia 24 horas en el trabajo que un zafarrancho de limpieza en casa! Pero no se puede tener todo…

Ayer volví al trabajo con ganas; ganas de retomar una profesión que me apasiona, ponerme rimel y tacones y que mi conversación deje de girar en torno a papillas y mocos.

Tampoco os voy a decir que entusiasmada, solo de pensar en las jornadas maratonianas, los madrugones y las guardias de fin de semana me echo a temblar. Pero sí que me encuentro profundamente AGRADECIDA por haber podido vivir esta experiencia. Agradecida por tener un trabajo que me permite solicitar los permisos laborales que la ley contempla sin que mi puesto esté en juego (la vida real es taaan distinta a lo que establecen las leyes), agradecida por los tres soles que me ha dado la vida y, por supuesto, por el inseparable PituPadre, que me ha animado y acompañado desde el minuto uno de esta aventura.

Este tercer hijo está siendo muy especial por muchos motivos, uno de ellos porque la trimaternidad también lo es. Cuentas con unos conocimientos, templanza y experiencia que ya quisieras en los anteriores. Si además puedes disponer del tiempo para exprimirlo a tope ¡ya es una pasada!

Aviso a mis lectores: no sé si seré capaz de mantener el optimismo que desprende este post cuando el estrés y la falta de sueño irrumpan de nuevo en mi vida. Pero mientras tanto… ¡vamos a disfrutarlo!

 

Bienvenido al mundo mi pequeño Pitu

Vuelvo por el blog tras unos días de desconexión obligada. Como muchos sabéis a través de nuestras redes sociales, a final de año hemos sido padres de nuestro pequeño Pitu, un pepón precioso que nos tiene locos de felicidad.

Durante unos días, hemos suspendido toda actividad laboral, incluida la venta en nuestra tienda on line pitupitu.es, porque queríamos concentrar todo nuestro tiempo y esfuerzo en él y sus hermanos. Por fin he encontrado un huequito en esta recién estrenada baja maternal para pasar por el blog y contaros cómo ha sido esta tercera experiencia.

Como ya os he mencionado en otras ocasiones, soy periodista de profesión y estoy convencida de que son necesarias las noticias positivas. Cuando se navega en la red, en ocasiones encontramos demasiadas experiencias negativas, problemas, complicaciones… más en lo que concierne a la maternidad (embarazo, alumbramiento, crianza..). Por eso creo que es necesario contar experiencias agradables y me animo a compartir con vosotros cómo fue mi tercer parto.

Sin duda, ha sido con diferencia el mejor de los tres y ni qué decir de la recuperación. Se retrasó un poco, todos mis niños han sido unos perezosos y han venido al mundo con algunos días de más sobre la fecha prevista de parto (el primero de hecho, fue inducido a las 42 semanas). ¡Se ve que están muuuuuy a gusto en el vientre de su madre!

Con el tercero todos decían que se adelantaría, pero pasaron los recitales de villancicos de los hermanos (que yo no contaba con presenciar), la Nochebuena y la Navidad (me las imaginaba cenando en una habitación de hospital y al final pudimos celebrarlas con toda la familia) y ya intuíamos una nueva inducción cuando el día antes, el 27 de diciembre, desperté de madrugada con fuertes contracciones.

Desde la primera supe que éstas eran las de verdad. Aguanté un par de horas en la cama contando los minutos que pasaban entre una y otra y a las seis de la mañana llamamos a los abuelos para que vinieran a casa a quedarse con los hermanos mayores. Parece mentira cómo es el instinto maternal pero a las puertas de uno de los momentos más cruciales de mi vida –el nacimiento de mi tercer hijo– lo que más me preocupaba era el madrugón que íbamos a darle a los hermanos y cómo dejarlos colocados antes de salir corriendo para la maternidad.

Así que, con la ayuda inestimable de los pitus abuelos, el padre y yo llegamos al hospital Virgen del Rocío y todo fue sobre ruedas. Fue un parto rapidísimo: menos de cuatro horas y eso que tuvieron que repetirme la analítica que se caducaba precisamente ese mismo día.

Aunque parezca difícil en una gran ciudad como Sevilla, estuvimos rodeados de amigos y conocidos entre los profesionales que nos atendieron en el parto: la matrona que me asistió, una vecina; mi comadre, que es anestesista, nos acompañó hasta el paritorio; el primo Diego velando por que todo fuera bien…

Como la dilatación fue tan rápida y me pincharon la epidural, estuve descansada y muy consciente durante todo el parto. Al Pitu Padre y a mí nos dio tiempo de charlar tranquilamente, de compartir miedos y confidencias, de rezar juntos… y hasta de echar una cabezadita para coger fuerzas para el alumbramiento.

Cuando llegó el momento, estaba tranquila y relajada. Sabía que iba a ser mi último parto y quería disfrutar de él. Me ayudó mucho la confianza que me transmitió mi matrona -gracias Elena- y tener al Pitu Padre al lado dándome ánimos. Entre respiraciones y pujos, la vida se nos coló entre los dedos y se instaló en mi pecho. Allí estaba mi bebé, cubierto de una grasa viscosa y llantos de alegría, abriendo la boca en busca de un nuevo vínculo con su madre.

Mi pequeño Pitu, un pepón de 3.986 kilos y 53 centímetros de largo, venía al mundo para demostrarnos que siempre se puede ser más feliz de lo que creíamos, que el amor se puede multiplicar aún más de lo que parece posible.

¡Bienvenido al mundo mi pequeño Manuel!

pequeño1

Que nazca ya!!

Qué sabia es la naturaleza…

Superadas las 38 semanas de gestación mi único pensamiento desde que me levanto hasta que me acuesto no es otro que “Dios mío, que este niño salga ya“.

Y la motivación no es tanta las ganas de ver la carita de mi niño -que son muchas- como las razones que arrastra el propio cuerpo de una mujer embarazada en el tramo final. Cómo es la mente que llegados a este punto te hace superar el miedo al parto, a lo desconocido, a las posibles complicaciones médicas… y sólo te hace desear que llegue el momento del alumbramiento.

He vivido uno por uno los pasos de manual de embarazada que te hacen darte cuenta de que el momento está cerca:

– He limpiado los azulejos de los cuartos de baño y la cocina

– He preparado la bolsa de maternidad del bebé y mi maleta con todo lo necesario

– He encargado una compra a Carrefour con la que podríamos sobrevivir a una tercera Guerra Mundial

– Tengo comida congelada para dos cuarentenas

– He fregado el carro con amoniaco y lejía y lavado colchas, sacos y mantas

– Compré todos los regalos de Navidad en noviembre no fuera que el niño se adelantara y mis pitus mayores se quedaran de brazos vacíos

– Me he puesto mechas, depilado y comprado antiojeras para los próximos tres meses

¡Creo que lo tengo todo!

Pero sobre todo, estoy mentalizada para cuando llegue la hora. Sufro de insomnio, cargo una barriga que me hace tambalearme y voy al baño cada dos por tres. Me obsesiona el momento de tener que salir corriendo para el hospital y cómo voy a dejar colocados a los dos pitus mayores.  Comienzan los problemas de digestión y circulación; estoy incómoda de pie, sentada, acostada; necesito ayuda para levantarme de la cama; tengo las costillas reventadas de los movimientos del niño… vamos, que lo mejor es que salga ya.

Me voy a convertir en trimadre y sé de buena tinta lo que me espera tras el parto. Sé que es entonces cuando viene lo peor: la adaptación al niño, el coctail de hormonas, los puntos, las hemorroides, la lactancia, las tomas cada tres horas, los cólicos del lactante… Pero fíjate si sabe la jodía naturaleza que nada de eso me importa en estos momentos, ¡y solo quiero que mi Pitu salga ya!

Pequeño mío, te estamos esperando.

 

 

Uno, dos… ¡y tres!

Uno, dos… ¡y tres! ¡Estoy EMBARAZADA! ¡Del tercero! Un tercero que viene de camino y llegará con los turrones, para Navidad.

Si me llegan a decir hace seis años que seríamos familia numerosa… ¡Yo que no quería niños!

Tres años le costó al Pitupadre convencerme para que tuviéramos al primero. Para alguien como yo, independiente, con ambiciones profesionales y viajera apasionada que no quería renunciar a ninguna de estas tres cosas, lo de los hijos no entraba en mis planes.

No sé si fue el tic tac del reloj biológico famoso pero poco a poco empezamos a hablarlo y a imaginarnos cómo quedaría una cuna en el cuarto de invitados. Me imaginaba con mi tripita de embarazada y dando paseos a ese retoño precioso al que vestiría como a un muñeco. No sabía que los bebés se despiertan cada tres horas por la noche ni lo que costaba un paquete de pañales. Quería un bebé, aunque creo que sobre todo quería ser madre. Y fue así como llegó el Pitu Mayor, un rubio que revolucionó nuestro mundo y se convirtió en el centro de nuestras vidas.

Como no queríamos dejarlo solo, al año comenzamos a plantearnos eso de darle un hermanito. Y antes de que nos diéramos cuenta llegó el Pitu Pequeño, un bombón de chocolate que multiplicó la diversión y el trabajo.

Y en ésas estábamos, saliendo de los pañales, los biberones y las malas noches, cuando nos preguntamos si queríamos ampliar la familia. La respuesta ha sido , un SÍ rotundo y madurado, feliz por la alegría que supone un hijo, comprometido con el trabajo y sacrificio que acarrea, consciente más que nunca. Un tercero deseado y querido, sin condicionantes.

Siguen sin gustarme demasiado los niños; no me veréis en la vida haciendo carantoñas ni dando juego a niños que no son míos (en los míos incluyo a ahijadas y sobrinos). Pero adoro a mis hijos por encima de todas las cosas. Me han dado una felicidad desconocida que necesita crecer, ser compartida y disfrutada.

No hay mejor motivo para un tercero.

Las madres, las mejores trabajadoras

Estoy firmemente convencida: las madres trabajadoras trabajamos mejor.

No cuento con ningún estudio de ninguna prestigiosa universidad extranjera que lo confirme pero lo constato con el día a día que veo a mi alrededor.

En contra de lo que muchos puedan pensar, empezando por esa abanderada de los derechos de la mujer que es Monica Oriol, ex presidenta del Círculo de Empresarios, las mujeres trabajadoras rinden mucho más en su puesto de trabajo después de ser madres.

Muchos me diréis que es imposible: que estamos más cansadas, que no dormimos por la noche y por tanto no rendimos por la mañana, que vivimos pendientes del WhatsApp, la llamada de la guardería o la paloma mensajera de la abuela… pero nada de eso se corresponde con el día a día de una mamá trabajadora.

Y digo mamá porque aún son muchos los empresarios que sobrentienden que solo las mujeres pasan las noches en vela, acuden a citas con el pediatra y piden horas libres para las tutorías de sus hijos, como si los hombres fueran convidados de piedra en esto de la crianza. ¿O a cuántos hombres de entre 25 y 45 años se les juzga a la hora de contratar o ascender por su paternidad?

Al menos para mí, la jornada laboral de ocho horas se presenta como un oasis celestial en el que no hay pañales, mudas, mochilas, desayunos saludables, aula matinal, un niño colocado, rutas escolares, camas sin hacer, justificante olvidado, ¡oh Dios, manchurrón de Cola-Cao en la sudadera!, otra mochila, segundo niño colocado, tupper descongelado para el mediodía, atasco de hora punta… hasta que llego a mi querido centro de trabajo.

Cuando entro por la puerta de la oficina a las 8.30 de la mañana se presenta ante mí un horizonte ordenado en el que tengo ocho horas para … TRABAJAR!!! Única y exclusivamente! Con tareas programadas, objetivos alcanzables y proyectos que desarrollar. Sentarme delante de mi ordenador y producir, escribir, redactar informes, contestar llamadas, asistir a reuniones… ¡Una bendición, vamos!

No contesto mensajes del grupo de WhatsApp de la guardería; tengo la excusa perfecta: estoy trabajando.
No hablo de mocos, virus, colecho ni apego; estoy trabajando.
No pienso en las extraescolares, la merienda, los deberes, el no quiero ducharme, no quiero recoger los juguetes, no quiero dormirme… que me espera cuando llegue a casa.
Solo trabajo.

No hago nada de esto porque tengo unos objetivos que cumplir en un plazo establecido. Soy más eficaz y resolutiva porque no puedo permitirme el lujo de salir una hora tarde del trabajo porque éste no esté acabado sin que ello conlleve otra hora más de aula vespertina o movilizar a los abuelos y en ocasiones hasta a la buena vecina.

Busco nuevas fórmulas, soy más ingeniosa, porque me encanta desarrollar esa capacidad creativa que tengo atorada de tanto Bob Esponja a todas horas del día en la tele.

Soy más responsable, más disciplinada; entre otras cosas, porque no puedo dejar de ingresar una nómina que llena el frigorífico tres veces por semana.

Y no es cosa mía, de verdad. Lo observo en el resto de compañeros -hombres y mujeres– que tienen hijos, aunque la losa de la conciliación acabe cayendo la mayoría de las veces sobre las segundas.

Mucho se ha hablado con motivo del Día de la Mujer de las diferencias salariales entre géneros, la precariedad en el empleo femenino y el porcentaje en los puestos directivos. Pero poco se escucha de la desconfianza que las mujeres en edad fértil siguen generando en los empresarios a la hora de contratar y ascender, una desconfianza a mi juicio totalmente injustificada.

Porque estoy firmemente convencida que las madres somos mejores trabajadoras.

Porque todos los días son 8 de marzo.

8 de marzo

8 de marzo

La bolsa de maternidad 

Si hay algo que preocupa a toda embarazada cuando se acerca el momento del parto es la bolsa de maternidad. ¿Qué llevo? ¿Qué necesito? ¿Cuántas prendas de cada?

En primer lugar un consejo: lo imprescindible y necesario es la cartilla de maternidad. Parece una obviedad pero mi matrona contaba como anécdota la cantidad de parturientas que se presentan en la puerta de Urgencias con la bolsa del bebé, su maleta, la cámara de vídeo y el maxicosi y no llevan el documento principal. Yo además hago un apunte: unas zapatillas (en mi primer parto me paseé por el hospital en bata y tacones durante unas cuantas horas).

Llegado el momento de preparar la tan ansiada bolsa, aquí van algunos consejos de qué debes llevar para tu bebé en la bolsa de maternidad:

  • pañales y toallitas (aunque hay algunos hospitales en los que te proporcionan los primeros)
  • un gorro y unas manoplas (para que el bebé no pierda temperatura y evitarás arañazos)
  • varios bodys para los primeros días (son adorables recién nacidos, pero manchan, regurgitan y mojan que dan gusto)
  • un par de pijamas (en un par de días estarás de vuelta en casa con él/ella. No hace falta que vacíes el armario en la maletita en cuestión)
Pelele muy suave de la firma Calamaro.

Pelele muy suave de la firma Calamaro.

Pack de gorro y manoplas de la marca Babidu.

Pack de gorro y manoplas de la marca Babidu.

Pelele pijama de primera postura, tundosado y de manga larga de la marca YATSI.

Pelele pijama de primera postura, tundosado y de manga larga de la marca YATSI.

  • dos o tres conjuntos o peleles para las visitas (reconozcámoslo, estarás deseando que llegue la hora de las visitas para presumir de bebé. Ponlo -y ponte- guapo –y guapa–!!)
  • un par de arrullos o mantitas (recomendamos que no sean especialmente gruesas ya que en las maternidades contarás con calefacción suficiente)
Arrullo de la nueva colección Babidu.

Arrullo de la nueva colección Babidu.

Pelele de primera postura, tundosado y de manga larga de la marca BABY NIGHT en su colección Classic

Pelele de primera postura, tundosado y de manga larga de la marca BABY NIGHT en su colección Classic

Conjunto de dos piezas (camiseta y polaina) 100 % algodón de la marca Babidu.

Conjunto de dos piezas (camiseta y polaina) 100 % algodón de la marca Babidu.

Manta de topitos de la marca Duffi.

Manta de topitos de la marca Duffi.

  • gasas para el aseo personal del bebé (pronto descubrirás la capacidad de manchar, regurgitar y otras proezas del pitubebé)
Gasas estampadas 100% algodón de la marca Duffi.

Gasas estampadas 100% algodón de la marca Duffi.

Gasas bordadas 100% algodón de la marca Duffi.

Gasas bordadas 100% algodón de la marca Duffi.

  • peine, cepillo y colonia
  • chupetes
  • un precioso batón, pelele o vestido para la salida del hospital. ¡No renuncies a tu momento foto ‘Hola’!
Faldón cruzado para bebé de algodón canutillo con cuello rematado de fino encaje. Cierre lateral anudado con delicados lazos.

Faldón cruzado para bebé de algodón canutillo con cuello rematado de fino encaje. Cierre lateral anudado con delicados lazos.

En cuanto a cantidades de cada una de las prendas, sólo un consejo: con moderación. Vas al hospital, no te mudas, y siempre tendrás al pitupadre y la pituabuela que estarán deseando ayudarte con lo que pidas.

¿Lo tienes todo? Podemos ayudarte en pitupitu.es