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Dientes, dientes

Al Pequeño Pitu le ha salido su primer diente. Mi niño se ríe y me enseña sus encías reventonas en las que asoma un pico blanco que rompe la carne y provoca su llanto. Su boca es un imán al que van a parar manos, mordedores y todo aquello que le ofrece un poco de consuelo. Mi bebé -que es un santo de bueno- llora desconsolado y babea sin parar. Y lejos de causarme pena o preocupación como con sus hermanos, me produce una profunda ternura, porque sé que éste es un momento irrepetible. Nunca más será su primer diente, su primera papilla, sus primeros cereales. Así que mientras mi niño llora por sus dientes, yo lo achucho y me lo como a besos.

A mi Pitu Mayor se le ha caído su primer diente. Lo hemos celebrado como si hubiesen venido los Reyes Magos. Un poco por exageración nuestra, ¡es su primer diente!, un mucho porque él sabe sacarle punta a todo cuanto hace (levantó el teléfono y llamó a cada uno de sus tíos y abuelos para contarle la noticia) hemos vivido como una fiesta la visita del Ratón Pérez. Su primera mella es un roto en una sonrisa imperfecta por la que rebosa orgullo de niño mayor.

Ayer fui al dentista. Se me ha caído un empaste y me tuvieron que reconstruir una muela. Las abuelas dicen que con cada embarazo se pierde vista y muelas. Los únicos cinco minutos de paz que tuve en el día fueron los que pasé en la sala de espera de la consulta.

¡Dientes, dientes! ¡Que vamos a comernos la vida a bocaos!

#Micromachismos: ¿Vosotras en el bar y los padres en casa con los niños?

Hace unos días eldiario.es repetía su campaña #Micromachismos, una iniciativa para denunciar los pequeños gestos cotidianos que siguen marcando las diferencias subyacentes entre géneros, prácticas y situaciones demasiado interiorizadas que siguen hablando de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Comparto con vosotros un caso que me ha ocurrido en varias ocasiones. Sucedió -mejor dicho se repitió- hace escasos días. Acudí con un grupo de amigos -hombres y mujeres- a un acto y a su término fuimos a tomar una cerveza todos juntos. En el bar, nos encontramos con otros conocidos que nos preguntaron a mi amiga y a mí por nuestros hijos. “Muy bien gracias”, fue nuestra respuesta. “Anda ¡qué bien os lo montáis las mujeres de hoy en día! Vosotras en el bar y los padres en casa con los niños”, fue el comentario siguiente.

Como os digo, no es la primera vez que me pasa. Me consta que la persona que lo hizo, una mujer para más señas, lo expresó con la mejor voluntad posible y alabando la disposición de nuestros maridos para repartir las responsabilidades de la familia y los momentos de ocio. Pero, ¿acaso le hicieron la misma pregunta a algunos de mis amigos hombres con niños que estaban con nosotras tomando la cerveza? ¿Alguien alabó a sus mujeres por quedarse cuidando de sus hijos en casa mientras ellos salían a cumplir determinados compromisos sociales y ya de paso relajarse un rato con sus colegas? ¿Por qué sigue sorprendiendo que yo salga sola a un bar pero nadie cuestiona que lo haga mi marido al día siguiente mientras yo me encargo de baños, cenas y cuentos?

Ya os he contado alguna que otra vez lo que al Pitupadre y a mí nos ha gustado siempre un bar y un relío con los amigos. Pero desde que nacieron los pitus nuestro ocio nocturno se ha visto notablemente reducido, casi extinguido a la mínima expresión. Principalmente porque ya abusamos bastante de los abuelos a diario, que cuidan de los niños mientras nosotros trabajamos, como para dejárselos también los fines de semana para salir nosotros de fiesta. Así que desde hace unos años intentamos organizarnos y que cada uno pueda salir con sus amigos de vez en cuando para despejarnos y conservar las amistades.

No es que me importe demasiado lo que piensen los demás de cómo organizo mi día a día en familia, pero gestos como éste sí que son muy significativos del papel que la sociedad sigue otorgando a la mujer en el ámbito familiar y social. Denunciarlo es la única forma que encuentro para contribuir al cambio.

¿Y vosotros? ¿Con qué #micromachismos topáis en vuestro día a día?

Feliz Día a todas las Madres

Las conozco de todas las formas y condición.

Las hay todoterrenos que comienzan el día antes de que salga el sol, trabajan fuera de casa, no vuelven hasta después de la merienda y todavía sacan tiempo para ir al gimnasio.

Las hay que se cansaron de este ritmo de mujer-super-woman y dijeron ‘yo me bajo aquí‘. Van a yoga y disfrutan de llevar a sus hijos al parque.

Las hay amantísimas esposas que son felices haciendo magdalenas.

Las hay en solitario, y otras que repiten cambiando de compañero de camino.

Las hay de uno, de dos, de tres y hasta de cuatro.

Las hay forofas de la lactancia; que portean; que recurrieron a guarderías a los cinco meses.

Las hay que escriben.

Son una especie inclasificable. Antes sí, antes eran periodistas, abogadas, deportistas, hippies, estudiantes, viajeras, pijas,emprendedoras, activistas… Ahora eso ha pasado a un segundísimo plano, hasta en sus bios de Twitter.

Son algunas de mis amigas y además madres. A todas ellas les une algo: en un momento decidieron anteponer el bienestar de sus pequeños pitus a los suyos propios. Puede que no fuera en el mismo momento de quedarse embarazadas, tal vez fue en la primera noche en vela, en el primer concierto cancelado por una bronquitis imprevista o en ese ascenso rechazado.

Lo hacen lo mejor que saben, o que pueden. No buscan la perfección, se contentan con un beso de buenas noches. Son obsesivas, permisivas, hipocondríacas, conciliadoras, perfeccionistas, proteccionistas, cariñosas… Son de toda clase y condición. Son maravillosas.

Cada una eligió que tipo de madre quería ser y todas lo hacen a su manera, estupendamente.

El domingo es su día.  ¡Felicítalas!

misspink-misspink.blogspot.com

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