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No quiero que llegue el Fin de Curso

No quiero que llegue el verano, que acabe el curso, que se rompa este equilibrio que se coge con alfileres en el que transcurre nuestro día a día. ¿Os sorprende? Pues poneros en mi piel y lo que supone tener a tres niños de entre 1 y 7 años a full-time sin el colchón que supone el colegio, el aula matinal, el comedor, las actividades… mientras sus padres mantienen el mismo ritmo de actividad laboral que el resto del año. ¡Decidme que me comprendéis!

Y mira que aquí aflora el sentimiento de malamadre porque entiendo que los pobres míos están agotados, cansados tras el esfuerzo de todo un año de colegio. Que sé que el calor no ayuda y los nervios por las vacaciones están a flor de piel.

Pero, sinceramente, para mí ahora empieza el verdadero problema: ¿¿cómo colocar a tres niños si mis vacaciones y las del Pitu Padre no llegan hasta la mitad de agosto?? Y lo que es más, ¿¿cómo colocarlos procurando que sea divertido para ellos, que no los condene a seguir sufriendo madrugones y que no nos dejemos la mitad del sueldo en ello?? Porque a mí me encanta el verano, que conste, pero cuando estoy en la playa de vacaciones.

Pues en casa hemos apostado por combinar un poco de todo. Lo primero campus de verano, eso sí, con aula matinal y vespertina para que cubra los turnos laborales de los mayores. Esta es una opción estupenda para ellos porque además es súper divertida: hacen deporte, tienen piscina y coinciden con muchos compañeros de clase y amigos del barrio.

También contaremos con los siempre socorridos Pitu Abuelos ¡qué sería de nuestras vacaciones sin ellos! Y también tiraremos de permisos de vacaciones alternos –unos días el padre, otro día la que suscribe– de modo que la familia al completo coincidiremos de vacaciones al menos un par de semanas.

No me quejo con el panorama que se nos presenta, solo lo afronto. Pero que la conciliación familiar, laboral y escolar necesita un replanteamiento a todos los niveles es algo más que evidente en este país.

P. D. Esta semana nos hacíamos eco de la noticia de que España registra el número de nacimientos más bajo desde 1996. ¿Nos extraña?

 

Vuelta al trabajo tras mi tercer Pitu

Ayer me reincorporé a mi trabajo. Volví tras dar a luz y criar durante sus primeros meses de vida a mi Pequeño Pitu, el tercero.

Vuelvo tras casi un año alejada del mundo laboral después de encadenar una baja médica durante los últimos meses de embarazo, la baja maternal, permisos por lactancia y vacaciones y una excedencia de tres meses. Ha sido una experiencia nueva porque nunca antes me había tomado tanto tiempo tras el nacimiento de mis dos hijos mayores. Como ya os he contado en alguna ocasión, este tercero me está rompiendo todos los esquemas, ha hecho que reordene mis prioridades, y por eso decidí solicitar un permiso de excedencia por cuidado de hijos durante unos meses. Creo que es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. No ha habido un día en que no me haya alegrado infinitamente de la decisión tomada.

En primer lugar, porque he podido disfrutar de mi bebé como nunca antes: sin prisas, sin agobios, apostando por una lactancia exclusiva durante los primeros seis meses, aferrándome a cada momento junto a él porque sé lo rápido que pasan estos primeros meses (aunque los días -y sobre todo las noches- sean muuuuy largas). Tengo muy claro que éste va a ser mi último bebé y eso me hace aprovechar cada momento al máximo.

Pero no solo ha sido un año especial para mi Pequeño Pitu, también para mis dos hijos mayores, a los que he dedicado un tiempo al que ellos -y yo- no estábamos acostumbrados. Por vez primera, he podido ir a todas sus funciones del colegio, llevarlos a los entrenamientos y los partidos de fútbol, jugar sin prisas, comer con ellos… estar con ellos.

Ha sido un año especial porque sabía que era temporal, finito, con un principio y un fin, que todo esto acabaría. Hay quien lo llamará un año sabático, pero de eso nada. He trabajado mucho, en la casa, con los niños, volcada en el bebé… y os aseguro que aborrezco las tareas domésticas. ¡Prefiero una guardia 24 horas en el trabajo que un zafarrancho de limpieza en casa! Pero no se puede tener todo…

Ayer volví al trabajo con ganas; ganas de retomar una profesión que me apasiona, ponerme rimel y tacones y que mi conversación deje de girar en torno a papillas y mocos.

Tampoco os voy a decir que entusiasmada, solo de pensar en las jornadas maratonianas, los madrugones y las guardias de fin de semana me echo a temblar. Pero sí que me encuentro profundamente AGRADECIDA por haber podido vivir esta experiencia. Agradecida por tener un trabajo que me permite solicitar los permisos laborales que la ley contempla sin que mi puesto esté en juego (la vida real es taaan distinta a lo que establecen las leyes), agradecida por los tres soles que me ha dado la vida y, por supuesto, por el inseparable PituPadre, que me ha animado y acompañado desde el minuto uno de esta aventura.

Este tercer hijo está siendo muy especial por muchos motivos, uno de ellos porque la trimaternidad también lo es. Cuentas con unos conocimientos, templanza y experiencia que ya quisieras en los anteriores. Si además puedes disponer del tiempo para exprimirlo a tope ¡ya es una pasada!

Aviso a mis lectores: no sé si seré capaz de mantener el optimismo que desprende este post cuando el estrés y la falta de sueño irrumpan de nuevo en mi vida. Pero mientras tanto… ¡vamos a disfrutarlo!

 

¡Que empiece el cole ya!

Retomo el Pitublog tras estos días de vacaciones y descanso para compartir con vosotros una inquietud que me come por dentro este mes de septiembre… ¡¡¡necesito que EMPIECE EL COLE YA!!!

Estas primeras semanas se están haciendo imposibles, no hay manera de superarlas, parece que nunca va a llegar el día 12. Sé que para algunos puede parecer cruel, pero no exagero lo más mínimo: sueño con el momento en que abran la puerta del colegio y deje a mis queridos pitus con sus amadas profesoras.

Este calendario escolar no hay manera de compaginarlo con la jornada laboral. Los colegios no son aparcaniños –que me dirán algunos–, pero los trabajos no admiten los malabarismos que llevamos practicando el pitupadre y yo estos tres últimos meses.

Tengo fritos a titos y abuelos, agotada la imaginación de buscar actividades infantiles para llenar tres meses de vacaciones, el bolsillo más que tocado y la sensación de estar continuamente “colocando niños“.

Y no soy la única. ELLOS también necesitan volver al cole. Tras el verano están asilvestrados, desconectados de cualquier rutina, más que descansados, abrumados de tanta actividad y, tras recorrer playas y montañas, aburridos de volver a meterse entre cuatro paredes sin nada que hacer durante horas y horas de calor infernal.

– “¿Sabes cuánto queda para empezar el cole, mamá?”, me pregunta el Pitu Mayor a diario.

– “Sí, hijo sí, cuento los días“.

¿Y vosotros? ¿Cómo lo lleváis?

Sola en casa

22:00 pm. Sola en casa. Ni marido ni niños. Creo que es la primera vez que me encuentro así.

Es verdad que he pasado noches sin mis hijos cuando nos hemos ido de escapada el Pitu Padre y yo o cuando hemos salido de boda-feria-relío con los amigos y ellos se han quedado a dormir en casa de los abuelos. Pero es la primera vez que me encuentro YO , SOLA, en MI casa.

El motivo no es otro que el Pitu Padre está de viaje de trabajo en la otra punta de la península y yo mañana entro a trabajar tan temprano que no están abiertas ni las aulas matinales de guardería y colegio. ¿¿¿¿Concilia…qué???? Así que nuevamente he tenido que tirar de los benditos abuelos para que nos salvaran la papeleta y se quedaran con los pitus desde la noche antes.

Entro en casa y la siento extraña. No es normal este silencio, ni mucho menos este orden. Sin coches por el suelo ni tropezar con el patinete. Ceno y me entran ganas de poner música y prepararme un Barceló Cola pero en su lugar me doy cuenta que he encendido la luz del pasillo, ésa que nunca se apaga por la noche para evitar las pesadillas del Pitu Pequeño.

He cogido el Ipad con intención de recuperar esos capítulos atrasados de The Good Wife y en su lugar me he entretenido con el whatsapp preguntándole a los abuelos si los pitus se habían dormido ya. ¡Pero qué desastre! ¿En qué me he convertido? ¡Con la de veces que a lo largo del día deseo tener cinco minutos a solas!

Así que visto lo visto he decidido hacer lo único que seguro voy a conseguir esta noche: DORMIR nueve horas seguidas sin interrupción.

 

A los que criáis a vuestros hijos en solitario

Llevo dos semanas de mamá 24 horas. El Pitupadre ha pasado dos semanas trabajando fuera de la ciudad de lunes a viernes y tengo a mis dos pitus enteritos para mí.

La primera semana fue estresante al máximo. Como a perro flaco todo son pulgas, doblé turnos de trabajo mañana y tarde un par de días, el viernes fue festivo para la comunidad educativa -vamos que no hubo cole– y para rematar trabajé todo el fin de semana, puente para más señas en esta tierra nuestra. Menos mal que conté con los pituabuelos que también hicieron horas extras.

Esta semana los pituabuelos se han tomado unos días de vacaciones y para evitar llamadas a horas intempestivas han puesto tierra de por medio (más de doscientos kilómetros). Pobrecitos, si se lo tienen ganado.

La cosa es que llevo dos semanas de colegios, comidas, parques, baños y noches sola con mis dos niños, y os aseguro que no es nada fácil. Preparar a los niños por la mañana para estar puntuales en el colegio, gestionar las rabietas, cumplir con las actividades extraescolares y poner orden cuando todo se desmadra es mucho más fácil con el pitupadre al lado. Cuando la paciencia se acaba siempre es mejor tener al poli bueno (o al malo, según toque) al lado que te echa un capote y permite que te escapes aunque sea a tirar la basura. Estos días ni eso.

El buen esposo nos llama por las noches y dice que nos echa mucho de menos. ¡Yo sí que me acuerdo de él y no por motivos cariñosos! ¡¿Echarnos de menos durmiendo a pierna suelta en una cama king size solo durante toda la noche?! No me lo creo.

¡Y qué decir de mis noches! Ahora que el pitupadre no me escucha confesaré que soy de las que se hace la dormida más de la cuenta cuando los niños piden agua, pipí o tienen alguna pesadilla. Esta semana tuve a un niño llorando quince minutos de madrugada antes de darme cuenta de que o me levantaba yo o no iba nadie.

Adoro a mis niños y los quiero con locura, pero no estoy acostumbrada a tenerlos solitos para mí durante 24 horas, que hasta he tenido que pedirme días libres para sobrellevar la situación.

Padres y madres separados, divorciados, madres solteras, familias uniparentales…. ¿cómo lo hacéis? Si nosotros somos dos zombies vivientes y repartimos la carga a partes iguales ¿cómo salís adelante vosotros?

Por eso, tras la experiencia de estos días, solo puedo deciros una cosa a todos los que por elección o necesidad criáis a vuestros hijos en solitario:

 

Mensaje para el Pitupadre: las próximas vacaciones de niños patrocinadas por el trabajo ¡me voy yo!

 

Corre, corre, que llegamos tarde

Corre, rápido, que llegamos tarde…” Son algunas de las palabras que más repito a diario a mis pitus.

No sé vosotros, pero yo tengo la sensación de vivir una continua contrarreloj desde que me levanto a primera hora de la mañana.

6.45 a.m. Suena el despertador y me pongo un café. Cinco minutos para mí sola que me sirven para entonar el cuerpo y activarme antes de darme una ducha. A partir de ese momento, comienza la carrera.

“Niños ¡arriba! Que ya vamos tarde“. Cómete rápido el desayuno, acaba el Colacao, vístete rápido, lávate los dientes… corre, corre, corre. Anda más rápido, ¿a quién se le ha olvidado la mochila? No te pares… corre, corre, corre. Vivimos a cinco escasos minutos del colegio, ¡pues todos los días llegamos por los pelos a punto de que nos cierren la puerta en las narices! Mi retahila se repite en bucle: “Si es que no puede ser ¡todos los días tarde! Corre, corre, corre“.

Ellos no lo saben, pero en el trabajo son otros los que no paran de decirme a mí corre, corre, corre. Llamadas, emails, una reunión, un informe, “eso tenía que estar para ayer”. ¿Pero qué hora es? Corre, corre, corre. Porque al mediodía tengo el tiempo justo desde que pico a la salida del trabajo hasta que aparco en la puerta del colegio del Pitu mayor para recogerlo; ¡como me cojan dos semáforos en rojo llego tarde!

Hay veces que llegamos a la cena y caigo en la cuenta de que sigo achuchándoles para que se acaben la sopa y se coman el yogurt y se laven los dientes y elijan un cuento… Y ¿para qué tanto correr?, me pregunto. ¡Si ya lo tenemos todo hecho!

Tenemos tan interiorizado este ritmo de vida frenético y estresante que  me da miedo pensar qué le estamos inculcando a nuestros hijos. Porque cuando vamos camino del cole, lo único que a Álvaro le interesa es pararse a ver los gatitos y comprobar si se han tomado la leche. Y cuando salen de clase, Antonio lo que desea es quedarse cinco minutos a jugar en el parque con sus amigos sin importarle, porque no tiene por qué importarle, que haya que calentar el almuerzo porque su padre y yo tenemos que volver a trabajar.

Así que ahora que los he acostado y contado dos veces el cuento de Peter Pan, que mira que es largo el cuento de Peter Pan, el Pitu Padre y yo vamos a abrirnos un botellín y brindar por lo bien que lo hemos hecho, porque las prisas no nos impidan disfrutar del camino. Mañana será otro día.

Días por asuntos escolares

Ahora que estamos en época de elecciones y los partidos políticos dispuestos a prometer el oro y el moro, les propongo una medida en materia de conciliación laboral y familiar que hará las delicias de los padres y madres de este país: días por asuntos escolares.

No es ninguna broma. Os cuento mi planning para las dos próximas semanas que seguro será muy similar al de cualquier progenitor con hijos en edad escolar: esta tarde, entrega de notas; el miércoles, función escolar del pitu pequeño; el jueves, villancicos del pitu mayor; el próximo lunes, excursión; el martes, taller de cocina... y para rematar: TRES SEMANAS de VACACIONES!!!

¿Vosotros creéis que hay jornada laboral que aguante esto?

Yo tengo la suerte de trabajar por turnos y contar con compañeros siempre dispuestos a cambiarte una guardia pero ni aún así conseguiré cumplir con la intensa agenda escolar de mis Pitus.

No es de recibo llevarte hasta las 2 de la madrugada cosiendo un traje de estrella para al final perderte la función de Navidad y contentarte con una foto en el grupo de WhatsApp de la clase.

Tampoco quiero renunciar a ver por primera vez a mi pequeño vestido de pastorcito porque ese día hay una reunión importantísima a la que no puedes faltar.

Pero laboralmente necesitaría un mes más de vacaciones solo para asistir a todas sus actuaciones, fiestas y actividades en familia. ¿Concilia…qué? Así que igual que los funcionarios cuentan con sus días de asuntos propios, yo quiero unos días de asuntos escolares para entregas de notas y funciones de Navidad. ¡Se lo voy a pedir a los Reyes Magos!

villancicos

Los hijos como excusa

Habitualmente traigo a este Pitublog las andanzas y desventuras de mi día a día con hijos. Pero no todo es tan malo como se pinta; esto de los niños también tiene sus cosas buenas -y no hablo de las alegrías que te dan, ni de las bienvenidas a besos cuando llegas a casa, ni de los ‘te quiero mamá‘-. Eso va por descontado.

Me refiero a esas situaciones en las que tener hijos es la mejor de las excusas. Valgan estos cinco ejemplos:

  1. Cita de compromiso:

Es Navidad, llega la tradicional comida de empresa y este año te toca dar el discurso y sentarte al lado del jefe. Ganas: cero. Solución: el niño está destemplado, me ha fallado la canguro y no tengo con quién colocarlo. Te quedas en casa con tu mantita en el sofá viendo por enésima vez la reposición de El Diario de Bridget Jones.

bridget

Nota: donde dice comida de Navidad cítese todo aquel acontecimiento social que te apetezca tanto como cargar un saco de cemento.

2. Volver a merendar.

Ya sabéis que yo ni pico entre horas ni meriendo más que un té verde… pero hoy me muero por un pastel de chocolate y no sé cómo salir del paso.  ¡O sí! ¡Hay que ver lo que le gustan a mis niños los donuts de chocolate! Voy a tener que comerme éste que sobra por no tirarlo…

chocolate

3. Excusa laboral.

En el trabajo se sortea cubrir un apasionante congreso  del ‘sexo de las amebas’ a 500 kilómetros de casa, viernes y sábado, y por supuesto sin remuneración alguna. Eso sí, la empresa valorará muy positivamente la participación de los voluntarios. -“¿Te interesa?” -“¡Uy no, imposible! Yo con los niños… Pero ¿por qué no se lo propones a aquel becario de veintipocos años? ¡Seguro que estará encantado!”

4. Con el buenpadre

Pónganse en situación: “¡Claro, tú como acabas de llegar! No sabes la tarde que han dado estos dos: el mayor no quería bañarse, el pequeño sigue malo, ha vomitado y dejado su huella del salón a la cocina, he puesto dos lavadoras, vuelto a bañar al pequeño, limpiado el suelo… ¿¡Que me relaje!? Vale, prepara la cena que voy a darme un baño con espuma“.

baño espuma

5. Contigo misma.

Tienes trabajo atrasado, unos pelos que piden un tinte a gritos y mil cafés pendientes con tus amigas, pero lo dejas todo y te vas con tus pitus a jugar al parque ¡que para lo demás ya habrá tiempo!

parque

¿Te sientes identificado/a con alguna de estas situaciones? ¡Pues comparte! ¡Que en regalar un like va la mejor parte!

Septiembre

Me gusta septiembre.

Escribo este post de-vuelta-de-las-vacaciones mientras fuera cae una tormenta de verano y tomo un café calentito delante del ordenador.

Desde pequeña me ha gustado el mes de la vuelta al cole, los anuncios de uniformes en El Corte Inglés, los días cortos y el reencuentro con el olor a tierra mojá.

Aunque las vacaciones han sido maravillosas y he comprado un cupón a ver si tengo suerte y me tomo un año sabático, ya tenía ganas de que llegara septiembre. Siempre me ha parecido  una tontería eso de la depresión postvacacional, triste es no tener dónde volver. El trabajo ennoblece y este año el parón nos ha servido para reflexionar, coger fuerzas y volver con mil y un proyectos que ya os iremos enseñando.

Hasta mis pequeños Pitus muestran síntomas de volver a la rutina tras un verano completamente asalvajados. El pequeño se ha incorporado a la guardería sin adaptación ni anestesia alguna (ni foto de primer día de guarde, ahora que caigo! Con esto de ser el segundo… Mañana le tomo una foto en la puerta y dentro de 20 años le diré que fue de su primer día…).

El Pitu Mayor cuenta los días que le quedan para volver al colegio (yo también!!), y ya está pensando en su clase nueva, los cumpleaños de sus amigos y en que quiere apuntarse a baloncesto (yo creo que por llevar la contraria al padre, forofo futbolero donde los haya).

En una semana estaré quejándome de los horarios, el trabajo, las extraescolares… pero a fin de cuentas son el día a día, mi día a día con mis Pitus.

¡Bienvenido Septiembre! ¡Feliz Curso Nuevo a todos!

Vuelta al cole

Trabajos, deberes y manualidades… ¿para niños o para padres?

Me echo a temblar cuando al recogerlos del colegio veo esa circular de color blanco que asoma entre las hojas de la agenda de clase (en el caso del mayor, cuando recibo una notificación en el portal web escolar: ahí está, parpadeando en rojo ¡alerta! ¡alerta!).

Comienza la pesadilla. Cierro los ojos para no imaginar qué nuevo trabajo, deberes o manualidad tendré que preparar a altas horas de la madrugada. Hago recuento mental de las láminas de cartulina, goma eva, purpurina y témperas que tengo en casa. Y lo que es peor, comienzo a buscar huecos en la ya de por sí apretadísima agenda para pintar ese mural que debe decorar la clase, trabajar el Día de la Paz o hacer una manualidad con motivo de la llegada de la primavera.

Desde que el Pitu mayor entró en la guardería hemos intentado que los trabajos sean de ellos, que participen en la creación y diseño de los mismos -aunque sea estampando la huella de su mano sobre el folio-.

Y de ese modo si había que decorar una hoja del otoño ellos pegaban garbanzos y lentejas o si se trataba de hacer unas maracas caseras las rellenábamos con piedras y hojas que encontrábamos en el parque.

Pero he ahí nuestro error. En esas andábamos cuando el pasado mes de febrero llegó la hora de trabajar los monumentos de nuestra ciudad con motivo del Día de Andalucía. Al Pitu le tocó conocer un famoso teatro y casino, visitarlo y hacerse fotos con su familia y posteriormente plasmar su experiencia en un folio que pasaría a formar parte del libro de la ciudad de su clase –clase de 3 años–.

Recortamos fotos, pintamos máscaras y motivos teatrales y escribimos breves apuntes sobre qué es un teatro, dónde se sacan las entradas y lo bonito que eran sus jardines para pasear en bicicleta.

Cuál fue nuestra sorpresa cuando el ‘libro‘ llegó a nuestras manos un fin de semana. Mientras el Pitu me iba presentando a sus amigos, yo asistía boquiabierta al despliegue de medios. ¡Qué erudición en sus textos (propios del copy-paste de la Wikipedia)! ¡Qué cuidada edición en los estilos y maquetación! ¡Qué poca mano de los niños!

Comentándolo con otra mamá del colegio (su hijo está en un curso superior), me confesó que a ella le había pasado lo mismo: apostaba por la participación del niño en los proyectos hasta que comenzó a comparar con los trabajos que presentaban los demás compañeros de la clase (o mejor dicho, los papás de éstos).

¡Qué ganas de soltar las manualidades y que lleguen las raíces cuadradas!

¿Cuál es vuestra experiencia?

¿Los deberes y proyectos son para los hijos o para los padres?

¿Prima el lucimiento o la participación?

Deberes colegio

Deberes del colegio