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El regalo de fin de curso de la profesora

Hoy vamos a hablar del tema que estos días arrasa en los grupos de Whatsapp de todos los padres de niños en edad escolar: el regalo de la profesora.

Se acerca el fin de curso y no hay padres que no tengan en mente qué regalar a esos sufridos maestros que durante nueve meses han estado soportando, educando y por supuesto queriendo a nuestros pequeños pitus.

A mi me entran ganas de ponerle un adosado en la playa (a cambio claro de que se quedaran un mes más con los enanos, que ése es otro tema: ¡¡qué hacemos los próximos dos meses con los niños!!), pero como no es cuestión ni de pasarse ni de ser desagradecida ahí que andamos cruzando cientos y cientos de mensajes en el grupo de la clase para decidir qué regalar a la seño por tan maravilloso curso.

En mi caso multipliquen los mensajes por dos: Pitu grande y Pitu pequeño.

Cosas que os pueden interesar para planear vuestros regalos de fin de curso:

¿En grupo o en solitario?: Sin duda es mucho menos engorroso comprar un regalo en solitario: eliges tu presupuesto, compras lo que te gusta y te evitas ponerte de acuerdo con 25 padres más. Aunque es cierto que siempre es mucho más barato hacer un regalo en grupo. Además, al aportar todos al fondo común se pueden comprar mejores regalos. Y si el buen entendimiento reina entre los padres de la clase será hasta una experiencia satisfactoria.

– Presupuesto: como ya decíamos no es lo mismo en solitario que en grupo, donde siempre suele salir más económico. Además hay que tener en cuenta que en muchos casos, como es el nuestro, hay varios hermanos y por tanto varios regalos a varios profesores, con lo cual el presupuesto de los padres se resiente aún más. Si bien, nosotros estamos convencidos de que más importante que el dinero con el que se cuente es la creatividad y el mimo que le pongamos al asunto.

– ¿Solo a la tutora?: o a la profesora de apoyo, la de inglés, la de extra-escolares, la del aula matinal, la de prácticas… ¡Esto ha supuesto horas y horas de discusión en nuestros respectivos grupos!

Llegados a este punto, y si habéis podido llegar a un acuerdo en algunos de los supuestos arriba descritos, aquí os damos algunas ideas para vuestros regalos a profesores y maestras:

– Un brazalete o pulsera grabada: es un detalle precioso y que podrás encontrar fácilmente en varias firmas de joyería y complementos. Se trata de brazaletes y pulseras grabados con los nombres de todos los niños de la clase. Los hay de distintas formas y diseños desde brazaletes anchos en los que se pueden inscribir hasta 25 nombres hasta pulseras con varias medallitas en los que se graban los nombres de los alumnos.

Brazalete personalizado

Brazalete personalizado

Pulsera personalizada

Pulsera personalizada

– Un cuento para el profe: es uno de los productos estrella de este año, cuentos personalizados para el profesor con fotos suyas y de los compañeros de clase. Estos que os enseñamos son de regalauncuento.es, una tienda on line especializada en la creación de cuentos personalizados.

Cuentos personalizados para profesores

Cuentos personalizados para profesores

– Un bolso de Desigual: no me preguntéis por qué, pero siempre, todos los años, a alguna maestra del cole le cae un bolso de la marca Desigual. ¡La verdad es que los hay monísimos!

Bolso de la firma Desigual

Bolso de la firma Desigual

– Un bono de masajes, spa o noche de hotel: me imagino que será por el cargo de conciencia de dejar a los fieras de nuestros niños con esos entregados profesores que lo único que les deseamos para sus vacaciones es que se relajen y descansen. ¡Y vuelvan con fuerzas renovadas en septiembre!

Bono para un SPA

Bono para un SPA

– Un baby bonito: puestos a ser prácticos, ¿qué os parece un baby bonito? Especialmente pensado para los profesores de Infantil, para evitar manchas y además estar guapos y guapas en clase. ¡Mirad qué modelos más monos os traemos!

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– Kit Mr Wonderful: estos de MrWonderful no dejan pasar una y tienen incluso un pack de regalo llamado ‘Kit Profe para mí eres un diez’ con tazas, láminas, libretas y una caja para empaquetarlo todo.

Ki Mr Wonderful para un profe 10

Ki Mr Wonderful para un profe 10

Apuesta por el DIY: apuesta por la creatividad y fomenta el DIY (Do It Yourself) con ideas frescas y originales: una maceta con flores de cartulinas en las que incluyas la foto de todos los niños, un cuadro con las manos pintadas de todos los alumnos o un macetero con los nombres de los pequeños.

Maceta DIY

Maceta DIY

Prendas deportivas: no solo de pulseras y bolsos viven los profesores, sobre todo los chicos. Para ellos siempre es recurrente todo lo relacionado con el deporte: unas zapatillas, una sudadera o incluso una canasta o una diana para descargar tensiones acumuladas durante todo un curso.

Zapatillas Adidas Tahiti

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Las madres, las mejores trabajadoras

Estoy firmemente convencida: las madres trabajadoras trabajamos mejor.

No cuento con ningún estudio de ninguna prestigiosa universidad extranjera que lo confirme pero lo constato con el día a día que veo a mi alrededor.

En contra de lo que muchos puedan pensar, empezando por esa abanderada de los derechos de la mujer que es Monica Oriol, ex presidenta del Círculo de Empresarios, las mujeres trabajadoras rinden mucho más en su puesto de trabajo después de ser madres.

Muchos me diréis que es imposible: que estamos más cansadas, que no dormimos por la noche y por tanto no rendimos por la mañana, que vivimos pendientes del WhatsApp, la llamada de la guardería o la paloma mensajera de la abuela… pero nada de eso se corresponde con el día a día de una mamá trabajadora.

Y digo mamá porque aún son muchos los empresarios que sobrentienden que solo las mujeres pasan las noches en vela, acuden a citas con el pediatra y piden horas libres para las tutorías de sus hijos, como si los hombres fueran convidados de piedra en esto de la crianza. ¿O a cuántos hombres de entre 25 y 45 años se les juzga a la hora de contratar o ascender por su paternidad?

Al menos para mí, la jornada laboral de ocho horas se presenta como un oasis celestial en el que no hay pañales, mudas, mochilas, desayunos saludables, aula matinal, un niño colocado, rutas escolares, camas sin hacer, justificante olvidado, ¡oh Dios, manchurrón de Cola-Cao en la sudadera!, otra mochila, segundo niño colocado, tupper descongelado para el mediodía, atasco de hora punta… hasta que llego a mi querido centro de trabajo.

Cuando entro por la puerta de la oficina a las 8.30 de la mañana se presenta ante mí un horizonte ordenado en el que tengo ocho horas para … TRABAJAR!!! Única y exclusivamente! Con tareas programadas, objetivos alcanzables y proyectos que desarrollar. Sentarme delante de mi ordenador y producir, escribir, redactar informes, contestar llamadas, asistir a reuniones… ¡Una bendición, vamos!

No contesto mensajes del grupo de WhatsApp de la guardería; tengo la excusa perfecta: estoy trabajando.
No hablo de mocos, virus, colecho ni apego; estoy trabajando.
No pienso en las extraescolares, la merienda, los deberes, el no quiero ducharme, no quiero recoger los juguetes, no quiero dormirme… que me espera cuando llegue a casa.
Solo trabajo.

No hago nada de esto porque tengo unos objetivos que cumplir en un plazo establecido. Soy más eficaz y resolutiva porque no puedo permitirme el lujo de salir una hora tarde del trabajo porque éste no esté acabado sin que ello conlleve otra hora más de aula vespertina o movilizar a los abuelos y en ocasiones hasta a la buena vecina.

Busco nuevas fórmulas, soy más ingeniosa, porque me encanta desarrollar esa capacidad creativa que tengo atorada de tanto Bob Esponja a todas horas del día en la tele.

Soy más responsable, más disciplinada; entre otras cosas, porque no puedo dejar de ingresar una nómina que llena el frigorífico tres veces por semana.

Y no es cosa mía, de verdad. Lo observo en el resto de compañeros -hombres y mujeres– que tienen hijos, aunque la losa de la conciliación acabe cayendo la mayoría de las veces sobre las segundas.

Mucho se ha hablado con motivo del Día de la Mujer de las diferencias salariales entre géneros, la precariedad en el empleo femenino y el porcentaje en los puestos directivos. Pero poco se escucha de la desconfianza que las mujeres en edad fértil siguen generando en los empresarios a la hora de contratar y ascender, una desconfianza a mi juicio totalmente injustificada.

Porque estoy firmemente convencida que las madres somos mejores trabajadoras.

Porque todos los días son 8 de marzo.

8 de marzo

8 de marzo

“Te he nominado al premio a la mejor madre del mundo…”

¡Te acabo de nominar para el premio a la madre más bonita y mejor del mundo! Eres una madre inmejorable y estás haciendo un trabajo grandioso. Debes enviárselo a siete madres para alegrarles el día, algunas veces necesitamos oírlo“.

Este mensaje me llegó la semana pasada por whatsapp al móvil. Me lo envió una buena amiga que me quiere y que normalmente no suele pasar demasiados mensajes en cadena (porque evidentemente es uno de esos mensajes que circulan de forma viral por muros de Facebook, grupos de WhatsApp, etc.).

Yo nunca suelo reenviarlos; hay veces que ni acabo de leerlos. Pero esta vez fue distinto. Lo envié a siete madres amigas y las siete me contestaron con una sonrisa, una respuesta amable e incluso con lágrimas emocionadas.

Porque hay veces, pongamos por ejemplo, entre la segunda y la tercera lavadora del día, en el atasco de camino a la guardería-colegio-trabajo, a la salida de las extraescolares o cuando te miras al espejo del ascensor y descubres que te has depilado una ceja sí y la otra no, que lo único que necesitas es que te digan que no lo estás haciendo tan mal. Que incluso puede que seas una de las madres más bonitas y mejores del mundo (mundial!).

Así que si en estos momentos tienes una madre cerca, dile con todo el cariño del mundo: “¡Te he nominado al premio a la más bonita y mejor..!”. Hay veces que solo necesitamos oírlo.

 

Eres la mejor mamá!

¡Eres la mejor mamá!

 
Diseñado por Freepik

Nuevo curso, nuevos tiempos

En casa de mis padres, junto a la foto de la comunión, la boda, el nacimiento de los niños y los veranos en la playa, hay una foto de mi primer día de cole. Baby recién estrenado, bien peinada y sonrisa de estreno.

En el móvil llevo una foto del primer día de colegio de Antonio el pasado miércoles. Uniforme nuevo, mochila al hombro, raya al lado y una inmensa sonrisa en la cara.

Más allá de las modas en los uniformes y los cambios de peinado, podría parecer que las fotos no son tan dispares. Pero sus realidades son completamente distintas.

Para empezar, la foto de Antonio la hizo su padre, quien ha tenido la inmensa suerte de llevar de la mano a nuestro Pitu mayor en su primer día de cole mientras su madre aguantaba el tipo en el trabajo intentando no soltar un lagrimón y soñando con teletransportarse a la puerta del colegio.

La Pitu Abuela no estaba en casa preparando bocadillos de nocilla para la merienda y amasando croquetas para celebrar el paso de etapa, sino siguiendo a través de Whatsapp desde un aeropuerto europeo el relato del señalado primer día.

Titos, amigos y padrinos han sufrido el babeo de los padres mostrando la foto de su uniformado niño en riguroso streaming. Y la Pitu madre se desahoga a golpe de tecla en su nuevo blog en vez de zamparse un bollo de chocolate.

Nuevo curso, nuevos tiempos. Os los iremos contando.

primer día de cole

primer día de cole