Un bebé en el Congreso

A estas horas del día pocos serán los que no estén informados de una de las imágenes más comentadas en la constitución del Congreso de los Diputados. La diputada de Podemos Carolina Bescansa ha acudido a la sesión constituyente con su bebé en brazos.

Más allá del hecho en sí, muy discutido incluso por otros diputados que han recordado que el Congreso cuenta con un servicio de guardería, creo que esto es un gesto, un gesto del tiempo en el que vivimos, de las preocupaciones de la sociedad actual.

Históricamente recordaremos la primera mujer que fue ministra en España, la que participó en un maratón o la que condujo un taxi en nuestra ciudad. El día de hoy será recordado como el primero en que una política española -me da igual el signo político- acudió al Congreso con su bebé igual que todavía nos acordamos de cuando la eurodiputada Licia Ronzulli se presentó en el Parlamento Europeo con su hija en brazos para reclamar los derechos de las mujeres (por cierto, lo hizo entre aplausos).

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Creo que los representante públicos tienen una responsabilidad social añadida: dar visibilidad a los problemas, las inquietudes y las necesidades de la gente. No entro en ideologías, dejo atrás la eterna discusión entre izquierdas y derechas, renovadores o vieja guardia.

El gesto de hoy es un reflejo de las preocupaciones de muchas mujeres. De las que optan por quedarse en casa a cuidar de sus hijos, de las que se piden una reducción de trabajo o excedencias (os juro que las envidio al menos una vez al día). Pero también es un guiño de muchas otras mujeres, y hombres, que piden a gritos una verdadera política de conciliación laboral y familiar. De madres y padres que no quieren renunciar a ver crecer a sus hijos, pero tampoco quieren dejar atrás sus carreras, sus trayectorias profesionales, ascensos u oportunidades de embarcarse en nuevos proyectos por el mero hecho de ser padres.

No hay fórmulas mágicas, lo sabemos. Hay trabajos que no permiten una jornada continua, o unos horarios compatibles con la jornada escolar de nuestros hijos, o facilitar continuar la lactancia durante el desempeño laboral como en el caso de Carolina Bescansa. Es más, cada familia tiene su propio colchón familiar (¡qué haría yo sin los abuelos!), asistencial (guardería, aula matinal, comedor…) o económico que permite plantear la organización de cada caso. Pero tenemos el reto de que la conciliación laboral y familiar, no sólo de las mujeres, sea una opción alcanzable en España.

Y no sé si el gesto de la diputada habrá sido exagerado, fuera de lugar o si excede los derechos de protección de la intimidad del niño (para otro día dejamos la reflexión sobre la sobreexposición que se hace de los hijos a diario en las redes sociales), pero hoy todos estamos hablando de las opciones que una mujer con un hijo de seis meses tenía para acudir a su centro de trabajo.

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